La izquierda y la Troika

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

En las elecciones griegas del domingo finalmente se consagró como nuevo Primer Ministro, el conservador Kryakos Mistsotakis. El partido de centroderecha, Nueva Democracia, alcanzó a arañar el 40% de los votos, lo que le fue suficiente para obtener una mayoría absoluta en el Parlamento griego de 158 bancas sobre 300. De esta manera, se terminó el intento de gobierno progresista de Syriza, una formación de centro izquierda similar al Podemos español liderada por el joven Alexis Tsipras. A Syriza le fue muy difícil gobernar en el marco de las consecuencias aún palpables de la grave crisis de la deuda soberana que comenzó en 2009. Encerrados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, es decir, la Troika, los izquierdistas griegos nunca pudieron concretar realmente un gobierno popular como había sido la promesa durante la anterior campaña. Terminaron encorsetados por la Unión Europea (UE) y Bruselas les hizo muy difícil la tarea de gobernar en unas circunstancias más que complejas.

El ex ministro de Economía Yanis Varoufakis, quien ejerció en el cargo durante los primeros meses del gobierno de Tsipras, ha cargado directamente contra este. El carismático economista y político, se alejó en su momento de Syriza con fuertes críticas a la política del gobierno, que, de acuerdo a sus declaraciones, seguía a rajatabla los lineamientos dictados por Bruselas y por el FMI, contradiciendo así su inicial discurso anti capitalista y anti sistema. Convencido de que la única salida de Grecia es abandonar la eurozona, Varoufakis podría ser una contracara progresista, de izquierda y popular, frente a los populismos euroescépticos de derecha que tantos éxitos vienen cosechando en el continente durante los últimos años. En una reciente entrevista el ex ministro se ha preguntado: “¿Qué derecho tiene Bruselas a decirnos a los griegos el nivel de impuestos que debemos tener? ¿Qué derecho tiene Bruselas a exigirnos que vendamos nuestras joyas de la corona, las pocas empresas públicas que nos quedan, a sus propios oligarcas?”. Sin embargo, su partido no logró superar el 3,5% en las elecciones del domingo.

La formación de ultraderecha, filo nazi, Amanecer Dorado no alcanzó ni siquiera el 3%, por lo que no podrá ingresar al Parlamento por primera vez desde su aparición en 2012. Perjudicado por el corrimiento a la derecha de Nueva Democracia, históricamente de ideología conservadora clásica. En los últimos tiempos ha endurecido su discurso contra los inmigrantes para recuperar votos por derecha que había perdido frente a los extremistas. Otro partido ultranacionalista, Solución Griega, llegó al 3,7%. Lo que hace que entre todos los partidos de derecha juntos, incluyendo al ganador, superen el 45% de los votos. Syriza apenas alcanzó 68 escaños en el Parlamento, lo que lo convertirá nuevamente en la principal fuerza opositora, debilitada tras su único período de gobierno y la derrota electoral. Se verá en la obligación de emprender un camino para recomponer el diálogo tanto con el partido de Varoufakis como con el Partido Comunista Griego que alcanzó el 5,3% de los sufragios.

Tsipras asumió en 2015 con 40 años convirtiéndose en el primer ministro griego más joven de los últimos 150 años. Casi inmediatamente se vio obligado a incumplir sus promesas electorales implementando duras medidas de austeridad fiscal dictadas por Bruselas. Esto no fue perdonado ni por sus bases más ideologizadas ni por el electorado griego que había visto en Syriza una esperanza contra los representantes de la clase política tradicional, a quienes veían como los culpables de la crisis. Aunque su mandato recién concluía en octubre, decidió convocar a elecciones anticipadas tras las duras derrotas en las elecciones para el Parlamento Europeo y para los cargos regionales de hace algunos meses. Paradójicamente, quienes volverán a hacerse cargo del gobierno del país, Nueva Democracia, son un histórico partido político fundado durante los años 70. Por lo que representan a esos mismos sectores rechazados que propiciaron la victoria de la izquierda hace cuatro años. Tsipras y su partido se convirtieron finalmente en poco más que un paréntesis entre el reparto de poder de conservadores y liberales en la Grecia post dictadura.

La derrota de Syriza en las elecciones griegas vuelven a traer la cuestión de hasta qué punto es posible en los hechos un gobierno realmente progresista encorsetado por la Troika. Las soberanías nacionales de los distintos países han sido fuertemente debilitadas por los dictados generales de la sede de la UE en Bruselas. A su vez, los organismos multilaterales de crédito imponen condiciones excesivamente complejas a los países que son “rescatados” por unas crisis provocadas generalmente por factores ajenos a ellos. La solución a las crisis económicas solo puede provenir de la política. En un mundo sumamente globalizado, comenzar a recuperar las soberanías nacionales desde un punto de vista progresista es imprescindible. Si no se hace de esa manera, se hará por derecha. En caso contrario, las políticas de austeridad serán cíclicas, impidiendo cualquier tipo de desarrollo colectivo para las sociedades de los países afectados. Tras un breve auge durante los primeros años posteriores al crack económico de 2008, la izquierda europea vuelve a sumirse en una profunda crisis no solo electoral, sino también de identidad. Tanto en sus dirigentes como en sus bases estará la respuesta para sortearla.

11 Julio 2019
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