Cambiemos no aprende

La ciudad / Hora Cero, por J. Emilio Graglia (Especial para HDC)

Muchas veces se dice que “el pueblo nunca se equivoca”. Esta afirmación sobre la infalibilidad popular es mentirosa. La democracia no garantiza que el pueblo no se equivoque. La democracia permite que el pueblo rectifique sus equivocaciones, usando el mismo medio a través del cual se equivocó: el voto.

Todos los gobiernos elegidos por el voto cometen errores. La diferencia no está entre los gobiernos que siempre aciertan y los gobiernos que siempre fallan. Todos aciertan y fallan. Cuando las fallas superan a los aciertos, los gobiernos fracasan, no pueden concluir sus mandatos o pierden las siguientes elecciones.

La clave para que eso no suceda es aprender de los errores y no repetirlos. No es fácil pero es necesario. Ese aprendizaje supone, primera y principalmente, una sincera autocrítica, lejos del marketing que enmascara los errores y más lejos de la soberbia que los justifica echando culpas a otros.

La gran debilidad del gobierno que encabeza el presidente Mauricio Macri, no son los errores. El gobierno macrista se debilita por su notoria incapacidad de reconocerlos, aprender y no repetirlos. Dos factores impiden la autocrítica que tanto necesita Cambiemos para superar la crisis política que enfrenta.

Por un lado, el culto al marketing de ese gurú de Cambiemos llamado Durán Barba, “el teñido”, como lo ha titulado Elisa Carrió en alguno de sus innumerables tuits. La influencia del ecuatoriano ha servido para ganar elecciones pero no para gobernar y, mucho menos, para comunicar decisiones y acciones de alto impacto político y social.
Por el otro, la pose altanera del jefe de gabinete, Marcos Peña, el CEO del año 2017 según la revista de negocios Forbes, y su equipo integrado por Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Ellos siguen siendo “los ojos y oídos del Presidente”. Ojos que no vieron y oídos que no escucharon la inminencia de la crisis.

El todopoderoso jefe de gabinete operó la salida del primer ministro de Economía y Finanzas, Alfonso Prat Gay, y del primer presidente del Banco Nación, Carlos Melconián, del gobierno de Cambiemos. Los otrora exponentes del “mejor equipo de los últimos 50 años”, ahora son críticos de la política económica.

El mismo jefe de Gabinete sepultó la independencia del Banco Central en aquella conferencia de prensa del 28 de diciembre del año pasado. Con el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, a su derecha y los sucesores de Prat Gay a su izquierda, “el CEO del año” predijo una inflación del 15 por ciento para 2018.

Siete lecciones no aprendidas
La crisis del gobierno de Cambiemos se refleja en la caída de la imagen del presidente Macri y de su gestión. Ni el marketing de Durán Barba ni la altivez de Marcos Peña pueden disimularla o negarla. Sin embargo, la situación actual les ofrece siete lecciones que, hasta ahora, no quieren o no pueden aprender.

1) La política importa: El gobierno de Mauricio Macri ha despreciado la importancia de la política y lo ha pagado caro. La gestión pública no es una empresa privada que pueda encargarse a un conjunto de gerentes. La gestión pública implica negociación con actores políticos y sociales que tienen sus propios intereses.

2) Cambiemos debe ser una coalición de gobierno: Mauricio Macri creyó que podía gobernar el país con sus funcionarios y sin el apoyo político de sus socios electorales. Tanto la Unión Cívica Radical como la Coalición Cívica fueron ignorados a la hora de tomar decisiones y ponerlas en marcha.

3) Los otros también juegan: Demasiado pronto, el oficialismo dio por muerto al justicialismo y a cualquier otra oposición. Se apuró al lanzar la reelección del presidente, de la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y del jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Horacio Larreta.

4) La buena onda no alcanza: Durante más de dos años, el gobierno de Cambiemos no quiso dar malas noticias. Cómodamente instalado en la opinión pública, siguió de campaña, repitiendo las promesas electorales y achacando todos los malos habidos y por haber a “la herencia recibida”.

5) Los ajustes tienen costos: El gobierno no hizo los ajustes fiscales que debió hacer porque no quiso pagar costos. Ahora debe pagar los costos por no haber ajustado antes y, paradójicamente, por ajustar ahora. No importa si lo impone el Fondo Monetario Internacional o lo decide el “superministro” Nicolás Dujovne.

6) El mercado no tiene amigos: Los únicos “inversores” que llegaron al país son los especuladores que siguen ganando en la timba de las Lebac. Los empresarios aumentan los precios sin control, los exportadores especulan con el dólar y el campo le declara la guerra ante el rumor de no seguir disminuyendo las retenciones.

7) El déficit cero no es un proyecto de país: De la revolución de la alegría al déficit cero como la gran causa nacional, hay un gran trecho. Para salir de esta crisis, hace falta aceptar que lo peor no pasó, hacer los ajustes y pagar los costos. Hace falta aprender de los errores, menos marketing y más humildad.

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