Córdoba, una ciudad pendiente

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

 La Ciudad de Córdoba ha cumplido años. Más precisamente, 446 años desde aquel 6 de julio de 1573 que la historia oficial ordena como el día de su fundación. Como siempre, el protocolo oficial ha impuesto las consabidas honras al fundador, Jerónimo Luis de Cabrera. Así, una vez más, los actos se repitieron sin ton ni son.

Pocos recuerdan que Don Jerónimo fue uno de los tantos conquistadores que, en nombre de la monarquía española, invadieron estos territorios y sometieron a sus habitantes originarios. Lamentablemente, la historia honra a los ganadores e ignora a los perdedores, mucho más si estos fueron aniquilados por aquellos. 

Todos los aniversarios son propicios para hacer balances, individuales y colectivos. El cumpleaños de la ciudad capital de los cordobeses no debe ser una excepción a la regla. No se trata de hacer un recuento de casi cuatro siglos y medio de historia. Pero, por lo menos, amerita un breve análisis de la situación actual.

La Córdoba del siglo 21 ha sido y sigue siendo una ciudad pendiente. El progreso que pusieron en marcha los intendentes radicales Ramón Bautista Mestre (1983-1991) y Rubén Américo Martí (1991-1999) se detuvo en este siglo. Después de ellos, aquel impulso se fue aplazando y todo (o casi todo) ha sido retroceso.

Los 16 años de las gestiones de Mestre y Martí pusieron a Córdoba a la vanguardia en la Argentina y en América Latina. Propios y extraños lo reconocían. Por sus obras y servicios, por sus políticas sociales y ambientales y, sobre todo, por su proyección al futuro, Córdoba era una referencia nacional e internacional.

Lamentablemente para los cordobeses capitalinos, las gestiones municipales que los continuaron fueron una sucesión de fracasos y frustraciones. Porque no quisieron, no pudieron o no supieron, los intendentes que gobernaron la ciudad durante el siglo 21, la sumieron en una decadencia tan notoria como inmerecida.

Hoy por hoy, la Ciudad de Córdoba no tiene un plan estratégico que sirva como punto de partida para la elaboración de los planes de los sucesivos gobiernos. No hay una visión de ciudad que queremos, consensuada entre los referentes de esta gran urbe metropolitana. La pujanza de los sectores privados y ciudadanos cae en saco roto.

No hay objetivos a mediano y largo plazo enfocados al desarrollo sostenible. En el día a día, los servicios a cargo de la Municipalidad son caros e insatisfactorios para los usuarios. La higiene y el transporte siguen siendo asignaturas pendientes, a cargo de empresas privadas que no son debidamente controladas.

 Un punto de inflexión

 Desde un punto de vista político e institucional, el 446º aniversario toma a la ciudad de Córdoba en un punto de inflexión. En las elecciones municipales del pasado 12 de mayo, los cordobeses eligieron a Martín Llaryora como intendente y a Daniel Passerini como vice, ambos provenientes del justicialismo cordobés.

Después de siete años y medio a cargo del Departamento Ejecutivo Municipal, en las elecciones provinciales del mismo 12 de junio, el actual Intendente Municipal, Ramón Javier Mestre, como candidato a gobernador de la Provincia por la Unión Cívica Radical (UCR), obtuvo menos del 10 por ciento de los votos en la ciudad capital.

Sin dudas, son varios los factores que pueden explicar un resultado electoral tan adverso. Pero, entre ellos, no se puede desconocer ni menospreciar el inocultable rechazo del electorado capitalino a la gestión municipal del intendente radical. Más allá de las razones o sinrazones de los electores, hubo un contundente voto castigo.   

Después de la reelección de Rubén Martí en 1995, por primera vez en 20 años, Mestre fue reelegido en 2015 y tuvo un segundo mandato consecutivo. Además, tuvo un Presidente de la Nación, Mauricio Macri, de su misma fuerza política (Cambiemos) y un Gobernador de la Provincia, Juan Schiaretti, dispuesto al diálogo institucional. 

Lamentablemente, el reelecto intendente no pudo o no supo aprovechar esas oportunidades a favor de su segundo período. Su equipo no tuvo la aptitud necesaria ni la actitud suficiente para liderar un proyecto de ciudad, participativo en los diagnósticos de los problemas y efectivo en la implementación de las soluciones.

Así las cosas, a partir del 10 de diciembre, los justicialistas Llaryora y Passerini sucederán al radical Mestre y al macrista Felipe Lábaque. Nos encontramos, pues, a inicios de una transición larguísima e inédita. Han pasado menos de dos meses y faltan más de cinco meses para el recambio de las autoridades municipales.

La nueva gestión asumirá al borde de la cesación de pagos y, para colmo de males, en el marco de una previsible crisis económica y social a escala nacional. Los primeros meses serán fundamentales para ordenar las finanzas municipales y, sobre esa base, encarar algunas reformas administrativas necesarias y largamente demoradas.

Sin embargo, lo urgente no deberá desatender lo importante. La ciudad capital requiere un amplio llamado a los actores políticos, empresariales y sindicales, para definir las bases de una ciudad metropolitana, descentralizada y participativa. De esa manera, y solamente de esa manera, el próximo cumpleaños será algo más feliz.   

   

07 Julio 2019
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