Lo peor no pasó

 La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia (Especial para HDC)

En su discurso de apertura de las sesiones del Congreso de la Nación, el pasado 1º de marzo, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, pronunció una frase recargada de optimismo: “lo peor ya pasó”. A decir verdad, repitió esa frase que ya había pronunciado varias veces antes y volvió a pronunciar muchas veces después.
Sin embargo, la realidad demuestra que, lamentablemente, no es verdad. Quizás el presidente estaba desinformado o mal informado. Tal vez cayó en ese entusiasmo tan propio de su PRO. Quizás ocultó la realidad, lisa y llanamente.
La semana pasada, en un brevísimo discurso grabado, Macri dijo a los argentinos que había iniciado negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, el viejo y no querido FMI, para pedir un préstamo al que llamó “preventivo”. Es decir, un crédito “por las dudas” o por si no puede pagar los otros créditos que su gobierno ha tomado dentro y fuera del país.
Vale la pena recordar que durante su campaña electoral, el entonces candidato de la alianza Cambiemos nunca habló del FMI ni mucho menos de la vuelta del país a ese organismo internacional. Tampoco lo hizo al asumir sus funciones presidenciales. Ni el 1º de marzo de 2016 ni de 2017, cuando abrió las sesiones del Congreso.
Tampoco lo dijo aquel 1ºde marzo de 2018, hace menos de tres meses, al rendir cuentas del estado de la Nación. Pues bien, la vuelta al Fondo significa que lo peor no había pasado y, más allá de los discursos oficialistas, que lo peor está por venir.
Algunos dicen que no lo dijo, porque no lo había decidido y ni siquiera lo había considerado como una alternativa posible. Si esto es así –y puede serlo-, entonces, su inesperado anuncio fue un manotazo de ahogado que, para colmo de males, apuntó a un salvavidas de plomo.
Hay que recordar que el viernes de la semana pasada, los sucesores del primer y único ministro de Economía y Finanzas del gobierno de Cambiemos, Alfonso Prat Gay, hicieron algunos anuncios para frenar la devaluación del peso argentino. Sin embargo, nada (absolutamente nada) anunciaron respecto a la vuelta de la Argentina al FMI.
Habrá que pensar que Nicolás Dujovne y Luis Caputo tampoco lo sabían o, peor, que lo sabían pero lo ocultaron intencionadamente. Esto permite ratificar que la decisión presidencial fue realmente un ejemplo de imprevisión e improvisación, impropio del “mejor equipo de los últimos 50 años” como alguna vez calificó el mismo Macri a su gabinete.

En el fondo, son malos
Este FMI de hoy es el mismo FMI de ayer y de anteayer. Es el mismo de siempre, con sus mismas recetas fiscalistas. Las intervenciones de este organismo internacional han sido lamentables en la Argentina y en otros países del mundo.
Sus técnicos son los paladines del ajuste fiscal por la vía de la disminución del gasto público. La reforma previsional y la reforma laboral, la baja del consumo, el aumento del desempleo y la pobreza son escalas de un penoso viaje que volvimos a emprender.
El FMI no tratará preferencialmente a la Argentina porque su presidente sea Mauricio Macri. Hace muy poco estuvo en el país la mandamás del Fondo, Christine Lagarde, y, más allá de los consabidos elogios en público, las críticas en privado fueron contundentes, casi lapidarias.
El FMI sabe que el gobierno de Cambiemos no bajó el déficit fiscal. Al revés, lo aumentó. Como también aumentó el déficit comercial. Para financiarse, tomó deuda. Mucha deuda. A pesar de ello, no logró contener la inflación. A casi tres años de gestión, la Argentina es un país deficitario, endeudado, con inflación y, dentro de muy poco tiempo, con recesión.
Como nunca antes, se vio la soledad de un presidente encerrado con un puñado de funcionarios. Ni María Eugenia Vidal, la gobernadora de Buenos Aires, ni Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, han puesto la cara para defender a su gobierno. Las desopilantes declaraciones de la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, han sido intrascendentes, para bien del gobierno.
Los aliados de la Unión Cívica Radical brillaron por su ausencia a la hora de defender al gobierno del cual, supuestamente, forman parte. No se los pude acusar por esta ausencia. Si no estuvieron en las buenas, tampoco estarán en las malas.
Elisa Carrió, único sostén político del PRO en el gobierno, es una bomba con la mecha encendida. Su pelea con el jefe de Gabinete de ministros y mandamás del gobierno nacional, Marcos Peña, por el rol de Durán Barba, es apenas la puntita de un ovillo con mucha lana.
En 2015, Mauricio Macri ganó para que se fuera el kirchnerismo. En 2017, volvió a ganar para que no volviera el kirchnerismo. La realidad demuestra que el kirchnerismo se fue y que no volverá. Ya no hay pretextos ni excusas. Debe gobernar, en serio. Es difícil que pueda hacer ahora lo que no quiso (por falta de actitud) o no supo (por falta de aptitud) hacer antes. Pero debe intentarlo.

14 Mayo 2018
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