Juguetes perdidos

Nada fuera de lo común | Por Manuel Esnaola

UNO
Qué es un juguete sino una reproducción en miniatura de nosotros mismos, un microcosmos del universo adulto producido para que el niño no tenga que inventar, tempranamente, aquellos resortes para amortiguar la embestida de su vida futura. En su mayoría, los juguetes constituyen reproducciones reducidas del universo simbólico humano, objetos cotidianos, que representan los mitos o técnicas de la vida moderna adulta: oficina, ejército, radio, telecomunicaciones, medicina, escuela, aviación, transporte, ciencia ficción, etc. Pareciera que el “niño, a los ojos del público, fuese un individuo más pequeño, un (...) propietario sin inquietudes (...) un usuario, jamás creador [que] no inventa el mundo, lo utiliza”. ¿Qué es, entonces, esto de la existencia humana proyectada en un objeto inanimado?

Baudelaire: “el juguete (vida en miniatura que el niño crea en la cámara oscura de su mente) es la primera instancia de iniciación del arte”. Siento decepcionarlo Charles, pero hoy el juguete viene “hecho”, terminado, y no hay posibilidad de inventar un mundo sobre la significación ya seteada de otro mundo.

Giorgio Agamben: “en el reino de un niño, la miniaturización permite conocer el todo antes que las partes y, por tanto, vencer, captándolo a simple vista, lo temible del objeto”. Ud. es muy pretencioso, míster Agamben. La miniaturización tiende a suprimir cualquier posibilidad de razonamiento inductivo, necesita de la liviandad, la superficialidad de un todo informe, para poder moverse rápidamente, como una mercancía. Arrojar un razonamiento así no se condice con la profundidad de estos tiempos.

Roland Barthes: “el juguete (...) es como una cabeza de jíbaro, en la que se encuentra, del tamaño de una manzana, las arrugas y los cabellos del adulto”. De niño yo tenía un Rambo al que le ataba una bolsa de supermercado y lo tiraba hacia arriba. Mientras bajaba a tierra, domando la gravedad con estoicismo, yo lo miraba a los ojos y en esos ojos, tercos y rabiosos, no veía al jíbaro espejo de mi abuelo, apostado detrás del mostrador en la tienda o en un banco de provincia.

María Negroni: “los muñecos son antepasados líricos de los robots”. Gracias María por la lucidez de siempre.

DOS
El fin de semana fui al cine a ver Toy Story 4. Primera aclaración: por momentos, en medio de la risa, sentí una estocada vil de Disney a mi nostalgia noventosa. Me pregunté ¿por qué calaba tan hondo esa letanía de juguetes perdidos? Pero acá me toca analizar, así que perdón de antemano, debo escribir lo que siento, aunque traicione a mi nostalgia.

Allí estaba de nuevo el armario repleto de juguetes que Andy, el protagonista fantasma de la saga, ha dejado atrás para siempre, como una marca imborrable. Los juguetes merodean en una especie de comunidad de héroes devaluados, viven una vida miserable esperando “ser encontrados” por otro niño. Su dolor compartido y el sacrificio de inventar cada día una estrategia para que los descubran, los mantiene unidos. Persisten en luchar por su siguiente esclavitud, como si se tratara de su libertad.

No es difícil adivinar cuánto hay de proyección humana en la creación de los juguetes de Toy Story. Hoy vivimos presos de un propósito (o la búsqueda de un propósito) que nos justifique la existencia… lo hacemos tensionados, como si hubiera algún guionista todopoderoso con una goma de borrar, dispuesto a sacarnos del mapa en caso de que su radar advierta que podríamos ser prescindibles. El juguete es un objeto plástico, inanimado. Vuelto hacia sí mismo, el juguete no genera nada al tacto, es insulso, hosco, gasta su exigua voz en un slogan barato. En su reverso está la existencia humana, que en el horno de la cultura capitalista no alcanza a percibirse a sí misma como su réplica en miniatura, aquel objeto que creó para dulcificar el mundo de los niños, la existencia como una plastilina tonta, maleable, sin curiosidad y con el peso exacto para ser intercambiable.

Hay muchos marxistas renovados que dicen que Toy Story es una historia sobre cómo la libertad se logra a través de la mercantilización. Hablan de que los juguetes están en la base de la pirámide social, alienados en la idea de que su propósito en la eternidad es complacer a un niño, y después a otro niño y a otro, como mercancías sin conciencia de clase. Este pensamiento a mí me parece un poco exacerbado, aunque atractivo. Una cosa es cierta: en Toy Story (salvo en la II que pervirtió el esquema) los juguetes jamás pueden cruzarse con sus creadores. La transición cuando aparece una persona en una escena está marcada, en estos juguetes antropomórficos, por el desvanecimiento instantáneo. Vuelven a ser objetos inanimados, muertos, opacos. Hay cierto temor allí, rezumando en el guion, del espanto que provocaría una interacción humana con su doble “en miniatura”, configurado para no ser como él (o ser como él -lo que equivale a lo mismo-), inerte, amable, sumiso, intercambiable, soso, dócil. Hay una huella en el juguete que devela todo lo humano… como si quisiéramos depositar allí todo el catálogo de inseguridades de nuestra existencia.

TRES
Resumiendo. ¡Todo este manual de filosofía amateur para justificar que te emocionaste en el cine, Esnaola! Impresentable. Pero yo vi una pequeña revolución en el derrotero final de Woody (alerta SPOILER). Es probable que sólo yo la haya visto, porque quiero seguir confiando en los muñecos que todavía me acompañan mientras escribo estas líneas. Woody da el salto al mundo de los juguetes perdidos, una especie de libertad “impensada” para cualquier muñeco. Caer en el cementerio de “lo perdido” es un destierro insuperable que se insinúa en toda la saga. Hoy Woody anda ahí afuera, buscando su suerte en un mundo que desdeña –o desconoce– el propósito para el cual fue creado. Veremos cómo le va, de acá a otros diez años, cuando yo tenga algunos hijos o simplemente no tenga nada y escriba desde el olvido. Mientras tanto me quedaré sentado en mi biblioteca, acariciando un muñeco de Alien en miniatura, tarareando una de Patricio Rey... “cuando la noche es más oscura / se viene el día en tu corazón / sin ese diablo que mea en todas partes / y en ningún lugar hace espuma”.

02 Julio 2019
Whatsapp
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar