Vergüenza nacional

Editorial

El Observatorio de la Deuda Social Argentina, dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA), dio a conocer un documento titulado “Infancias: progresos y retrocesos en clave de desigualdad”. Los datos son estremecedores o deberían serlo. El 52,7% de los niños, niñas y adolescentes argentinos son pobres. El 10,9% son indigentes.

Mucho se puede hablar de la herencia recibida por el gobierno macrista del gobierno kirchnerista. Sin dudas, el punto de partida de la gestión del presidente de la Nación, Mauricio Macri, no fue el mejor. Pero los datos revelan que, durante el año pasado, es decir, durante la segunda mitad de su mandato, la pobreza infantil aumentó un 11,2%.
El informe advierte que, durante el último trimestre de 2018, el 63,4% de los infantes argentinos estuvo privado de derechos básicos como la alimentación, la educación, la salud o el hábitat, entre otros. Así, dos de cada tres niños, niñas o adolescentes son condenados a un presente de privaciones y a un futuro de frustraciones.

Es imposible desvincular esta flagrante consecuencia social de la tremenda crisis económica que sufre el país después de las elecciones legislativas de 2017. La recesión y la inflación son las causas principales de esta ignominia nacional. Frente a esta realidad que ha pasado del drama a la tragedia, llama la atención la pasividad del gobierno nacional.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, hace y deshace estratagemas electorales para que Cambiemos pueda ganar las elecciones, pero nada ha dicho o hecho respecto a la pobreza infantil en la Argentina. Las recurrentes declaraciones de los ministros de Economía y Finanzas, Nicolás Dujovne, y de Producción y Trabajo, Dante Sica, ignoran esta situación.

Después de su último encuentro institucional con el presidente Macri, el gobernador Juan Schiaretti, hizo público un listado de seis puntos para un acuerdo nacional. El sexto decía: “el Estado debe garantizar la justicia social, ya que no existe por el derrame del mercado”. Así es, dar de comer al hambriento no es populismo, es justicia social.
Es necesario y urgente que el gobierno nacional ponga en marcha un plan para erradicar el hambre que padecen millones de niños, niñas y adolescentes en la Argentina. Un plan de asistencia alimentaria que llegue directa e inmediatamente a sus destinatarios. Hay miles de organizaciones civiles a lo largo y a lo ancho del país que pueden servir de soporte.

Este no puede ni debe ser un tema electoral. Es inmoral que los opositores de turno traten de ganar un voto a costa del hambre de los más pequeños. Todo lo contrario, deberían ponerse a disposición para colaborar, sin especulaciones partidarias ni mezquindades electorales. Eso sí, no pueden sustituir la indispensable iniciativa del oficialismo.

10 Junio 2019
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