Caiga quien caiga

Editorial

La Argentina padece una crisis económica, con causas políticas y consecuencias sociales. La persistencia de la inflación y la consiguiente pérdida del poder adquisitivo han provocado la caída del consumo masivo y de la recaudación impositiva.

El oficialismo y la oposición cruzan acusaciones sobre la responsabilidad de lo que sucede. Sin dudas, se trata de una combinación. Por una parte, la herencia de muchos años de desatinos en el manejo de las cuentas públicas. Por la otra, la incapacidad de la actual gestión de diseñar y gestionar un conjunto de políticas económicas y sociales para evitar o, por lo menos, atenuar la crisis.

En medio, hay una sociedad que sufre necesidades y privaciones. En particular, las personas y familias con menos recursos. Todo esto causa una desesperanza generalizada que se agrava al extremo cuando aparecen casos de corrupción. Las sospechas y denuncias generan un gran estupor, la indignación de algunos y la resignación de otros.

Casi sin pensarlo ni preverlo, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se vio envuelta en un escandalete por aportantes “truchos” a su campaña electoral. Nadie menos que la dirigente política con mejor imagen pública en la Argentina. Un episodio que también salpicó a la diputada nacional Elisa Carrió.

Mientras se hablaba de eso y, por supuesto, de la crisis económica, durante la semana pasada aparecieron los popularmente llamados “cuadernos Gloria”. Un serie de cuadernos de esa marca comercial donde, aparentemente, el chofer del segundo del ex ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, anotaba al detalle el tráfico de las coimas provenientes de la obra pública.

Así, la gente común, la misma que sufre las penurias de políticas desacertadas –del pasado y del presente-, se estremece al ver y escuchar una nueva novela de terror, protagonizada por funcionarios y empresarios corruptos. Bolsas con dinero que iban de las grandes empresas a los gobernantes de turno para pagar coimas a cambio de beneficios espurios.

La grieta política volvió a evidenciarse. Para algunos, cualquier sospecha es una verdad revelada. Para otros, toda denuncia es una operación política para perjudicarlos. Los roles cambian según de dónde provengan las sospechas o las denuncias. Por fuera de la grieta, la gran mayoría de los argentinos teme que todos tengan razón.

La Justicia deberá investigar a fondo, caiga quien caiga, con independencia de los involucrados, sean amigos o parientes. De esa manera y solamente de esa manera, la sociedad sabrá la verdad de los hechos y los culpables serán sancionados con todo el peso de las leyes vigentes.

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