Abracemos la edad

Porota

Hoy es 15 de junio. Para nosotros, los adultos mayores, no es un día cualquiera. Hoy se conmemora a nivel mundial el “Día internacional de la toma de conciencia sobre el abuso y maltrato en la vejez”.

La Organización de las Naciones Unidas tuvo que designar un día en el calendario para hacer visible a las más invisibles de todas las personas: los adultos mayores. Ocurre que el abuso y el maltrato en la vejez suelen darse de manera implícita. En muchas, muchísimas ocasiones, el viejismo opera de manera silenciosa y pasa hasta inadvertido. ¿Pensaste cuántas veces asociás “viejo”, “vieja” con algo en desuso, deteriorado, “fuera de moda”? ¡A eso me refiero! Esta invisibilización se produce automáticamente en pensamientos cotidianos, sentimientos, juicios y decisiones que terminan evidenciando una cultura viejista. Es decir, una cultura que sostiene prejuicios en detrimento de la vejez.

Sin embargo, la ciencia avanza. De su mano, la expectativa y calidad de vida aumentan. ¿Sabías que los niños y niñas nacidos a partir del año 2000 podrán soñar con vivir, por lo menos, hasta los 100 años? ¡Aquí la paradoja de nuestra sociedad! Queremos vivir más pero no nos apropiamos del proceso de envejecimiento. Podemos alcanzar la longevidad, pero no pensamos que podemos quedar entrampados en nuestros prejuicios, ni siquiera los registramos.

¿Qué modelo de vejez le estamos mostrando a las generaciones que nos siguen?, ¿de qué modo les estamos enseñando a caminar la vida? ¿Acaso hay un solo modo de vivir?, ¿acaso el exceso obsceno del tributo a la juventud no dilapida el deseo de acumular años?, ¿acaso fragilizar a otra persona por su condición etaria no condena tu incierto futuro?

El año pasado, con el equipo de personas con las que trabajo, consultamos a gente de diferentes edades algo tan simple como: “¿Cómo te gustaría que te traten en la vejez?”. Costó, muchos no se reconocían como envejecientes. Aun así, la palabra que más se repitió fue “respeto”.

 

Entonces me pregunto, ¿qué es el respeto, sino la posibilidad, la certeza, el deseo, la apertura de aceptar a los demás tal cual son? ¿Por qué pasarnos la vida deseando ser otra persona?, ¿temiéndole a las canas, a las arrugas y al paso del tiempo? ¿Por qué no empiezo por respetarme a mí como un ser que atraviesa el tiempo, inevitablemente?

¡Lo sé! envejecer duele. Duele en esta cultura que cosifica a las mujeres jóvenes y las transforma en objetos susceptibles de ser consumidos. Duele en esta cultura que demanda al hombre de fuerza, virilidad y contención, aun si no puede ofrecerlas. Los estándares impuestos ocasionan que nadie quiera envejecer porque implícitamente nos enseñan que esas cualidades se pierden con la edad, entonces el resultado es inevitable. La vejez es sinónimo de invisibilidad. ¿A quién no le gustaría ser deseado, mirado, aceptado?

“Supe que estaba vieja cuando ya ni los obreros de la esquina se percataron de mi presencia”, dijo en tono de sorna mi amiga Raquel. Fue una expresión tragicómica de la que no pudimos reírnos.

“Ya no me miro más al espejo y cuando lo hago no logro verme”, expresó Marta un tanto angustiada.

“Se me caen los párpados, se me arruga la piel… mientras tanto, mi marido se pasa mirando a las de 20. ¡Qué triste no seguir siendo linda para él”, manifestó con dolor Susana!

Cuando repaso en mi mente las afirmaciones de algunas sexagenarias, algo en mí se monta en cólera. ¿Será que hemos sucumbido al estereotipo, que nos hemos creído lo que dicen que somos?, ¿acaso la belleza es una sola?, ¿acaso el erotismo muere a los 40?

Evidentemente el respeto será imposible de sembrar si los primeros en no aceptarnos somos nosotros mismos. Tenemos el deber de comenzar a querernos de una vez por todas. De no desear lo que no tenemos sino de abrazar lo que nos habita: una singularidad única e irrepetible que no disminuye con la edad. Que se queda ahí, quietita, esperando ser descubierta, pulida, desplegada, amada.

Hoy te invito a que, por un instante, te mires en el espejo y te pienses como alguien que envejece por que vive. Por un momento, no desees volver el tiempo atrás, sostené tu mirada, mírate a los ojos. ¡Aguantá!, ¡sonreíte!, ¡hablate!, ¡respetate! No habrá cambio posible si nosotras, las personas de la punta del ovillo, no comenzamos a respetarnos como lo que somos. ¡Estamos a tiempo! fuimos funcionales a un estereotipo. Ahora somos víctimas de los que edificamos. Es momento de cambiar el curso de la historia #tratate bien, #respetate/ #tratalos bien, #respetalos.

¡NUNCA ES TARDE!
(Te invito a ver en mis redes el video que preparamos para este año)

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