Feliciano Villar: “Todos llevamos un viejo dentro”

Porota

Feliciano Villar es profesor Titular de la Universidad de Barcelona, en el departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Psicólogo y especialista en gerontología, el año pasado, invitado por el Cepram* visitó nuestra Ciudad para hablar sobre las paradojas del bienestar en la vejez. Por supuesto, tuve el grato honor de charlar con él y… más vale tarde que nunca, comparto hoy con ustedes la riqueza de este encuentro que ilumina la temática que nos ocupa: el envejecimiento.
Si de frases se trata, elijo dos; la primera ya se ubica en el podio del título y la segunda oficia de preludio: “la vejez es un momento valiosísimo de reinvención”.

Porota Vida (PV): ¿Por qué el bienestar en la vejez es paradójico?

Feliciano Villar (FV): Porque, en general, creemos que la vejez es algo muy malo y que envejecer es declinar. Sin embargo, uno podría pensar que, si las pérdidas son cada vez más numerosas a medida que vamos entrando en la segunda mitad de la vida, esto podría repercutir en la calidad emocional de las personas. Los estudios muestran que cuando examinamos la salud de los mayores, la felicidad, la satisfacción y el bienestar de la vida no dan valores inferiores a los que se dieron en la juventud. Es más, si algún cambio se manifiesta es para mejor. Según un estudio impulsado desde la Universidad de Barcelona, los mayores tienen una mejor calidad emocional que las personas de otros grupos etarios. Lo cual, si pensamos la vejez como algo negativo, es paradójico. Hemos de preguntarnos: ¿Qué hacen las personas mayores que, a pesar de las pérdidas, pueden sostener y mejorar sus niveles de felicidad, satisfacción y autoestima?

PV: Lo que el estudio demuestra resulta difícil de asimilar cuando la cultura en la que estamos sumergidos intenta por todos los medios detener el envejecimiento…

FV: Es por eso que debemos contrarrestar los estereotipos negativos de la vejez para tener una visión mucho más balanceada. En este sentido los medios de comunicación tienen un papel muy importante. Nacemos y nos criamos en un mundo que sobredimensiona la juventud y la belleza. Leemos revistas donde los anuncios nos dan como ideal de hombre y de mujer a alguien joven. Incluso cuando pensamos en personas mayores que “envejecen bien” pensamos en personas que no parecen mayores.

PV: Sin embargo, que la vejez tenga mala fama en algunos casos ayuda a envejecer mejor ¿no?

FV: Así es. Muchos de nuestros estudios han demostrado que, a veces, tener una idea excesivamente negativa de la vejez puede, para algunas personas, traer consecuencias positivas. Aquí radica una segunda paradoja: el hecho de que creas que la vejez solo trae males y que tú no te sientas así puede hacer que te veas como una excepción de buen envejecer.

PV: ¿Por qué nos cuesta tanto hablar de vejez?

FV: Porque… y aquí radica una tercera paradoja: la vejez es algo muy nuevo, muy joven. Todavía no sabemos muy bien qué hacer con esos 20, 25 años que la ciencia y la medicina nos han regalado. Tenemos muy claro qué tienen que hacer en la vida los niños, los adolescentes, los jóvenes y las personas de mediana edad pero no tenemos idea qué hacer con los mayores. ¿Descansar quizá? Un año, dos, tal vez. Pero hacerlo 20 años es excesivo. Un derroche. Estamos dilapidando un caudal de experiencia.

PV: ¡Coincido! Y ¿cómo encauzamos ese “caudal de experiencia”?

FV: Una cuestión fundamental es crear oportunidades para que las personas mayores que así lo deseen puedan seguir aportando cosas a los demás como por ejemplo: programas de voluntariado, programas intergeneracionales, etcétera. Excepto la familia, que es el espacio intergeneracional por excelencia, fuera de allí hay pocas oportunidades en que los mayores y jóvenes puedan encontrarse. ¿Por qué no intentar crear espacios de convivencia? ¡Todas las etapas son valiosas! Necesitamos oportunidades que visibilicen el valor de la vejez. Cuando uno es joven se preocupa sólo por el presente en tanto el futuro existe desde lo laboral. Para los jóvenes viejos son los otros. Cada uno de nosotros potencialmente tiene una persona mayor dentro. Hay que pensarnos envejecientes. La vejez es un momento valiosísimo de reinvención.

PV: En este sentido, ¿cabe la afirmación “nunca es tarde”?

FV: No hemos de caer en extremos. Yo creo que la vejez tiene muchos valores, algunos aún no los conocemos, pero tampoco tenemos que caer en una visión romántica. La vejez, como todas las etapas de la vida, tiene sus problemas, como por ejemplo las pérdidas personales, la demencia, las dependencias, etcétera. Ser capaces de asumir que a veces las cosas no van a ir como esperamos es una parte importante del aprendizaje. Vivir es ganar cosas y también perder. La pérdida a veces es un acicate para ganar. En España decimos que cuando se cierra una puerta se abre una ventana. Hay que saber cuántas ventanas se pueden abrir cuando se cierra una puerta.

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