Lucha, fiesta y sororidad: las claves del Encuentro Nacional de Mujeres 2018

Feminismo, por Florencia “China” Freijo

Este fin de semana largo, la Patagonia vibró con más de 50.000 personas que asistieron a la comunión de mujeres, lesbianas, travestis, trans e identidades no binarias más grande del país. El 33º Encuentro Nacional de Mujeres se llevó a cabo el 13, 14 y 15 de octubre en Trelew (Chubut) y dejó en evidencia que es un momento histórico para el feminismo que se consolida como movimiento en Argentina y el mundo. La fuerte presencia de jóvenes y adolescentes marca un rumbo muy claro: las nuevas generaciones entendieron todo y el cambio de paradigma es inevitable, le guste a quien le guste.

Lucha

La primera edición se realizó en 1985, luego de que un grupo de mujeres volviera de la Clausura de la Década de la Mujer en Kenia (África) con la iniciativa de autoconvocarse para tratar la problemática de género. Aquella vez se reunieron 1.000 personas; hoy existe una multitud dispuesta a emigrar a sur recorriendo más de 22 horas de ruta en colectivo, para decir presente.

Es una celebración autoconvocada, horizontal, federal, autofinanciada, plural y democrática que deja huella y trasciende. De ella surgieron importantes avances para la sociedad, como por ejemplo, la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que, 13 años después, marca la agenda política nacional y deja expuesta a la parte más conservadora y machista de esta sociedad.

Acá lo que se pone en cuestión a un sistema patriarcal que no va más y eso molesta. Molesta ver a las mujeres e identidades disidentes empoderarse y luchar por los derechos que les corresponde. Lo cierto es que no hay vuelta atrás: en la plaza principal de Trelew imponían con su presencia históricas referentes como Nelly Minyersky, Nina Brugo y Martha Rosenberg pero también sorprendía la cantidad de estudiantes organizadas que bajaban de los colectivos. Juventud, divino tesoro.

En las calles se percibía alegría y emoción hasta las lágrimas. La ciudad estuvo copada durante tres días por una energía poderosa de liberación y diversidad. Una marea de pañuelos verdes, lilas y naranjas teñían los días grises y ventosos de Chubut mientras que miles de personas disfrutaban las calles compartiendo mates, charlas, reflexiones y nuevos aprendizajes.

Los puntos más fuertes de la agenda feminista quedaron marcados por el contexto actual que marca el reclamo por la legalización del aborto y la implementación de una verdadera educación sexual integral. Además, por primera vez se realizó una marcha oficial y multitudinaria en contra de los travesticidios y transfemicidios. Por otro lado, las fuertes críticas al Gobierno nacional por la crisis económica, los despidos masivos, la devaluación y la feminización de la pobreza también se hicieron escuchar. Y resulta cada vez más imperiosa la necesidad de separar la iglesia del Estado para avanzar en la ampliación de derechos.

Por estar en territorio de comunidades originarias, ellas tuvieron gran protagonismo. Se trató especialmente los derechos indígenas y se discutió el cambio de nombre del encuentro de “nacional” a “plurinacional” para poder contener a todos los pueblos que no se rigen por los límites geográficos de Argentina, y que se sienten excluidos.

Fiesta

A pesar de que los medios hegemónicos, como todos los años, titulan con los desmanes que ocurren en las marchas y demonizan así un encuentro masivo y transformador, lo cierto es que fueron tres días de fiesta en paz. Es verdad que hubo incidentes: al finalizar la marcha principal el domingo por la noche, un grupo de personas encapuchadas dañaron el municipio y la librería del Portal de Belén, 10 quedaron detenidas hasta las dos de la mañana, dos fueron hospitalizadas por las balas de gomas que tiró la policía; y otras tantas fueron atacadas a golpes en plena vía pública por un grupo de hombres, tal como quedó reflejado en las imágenes que circularon en las redes sociales. Un día antes, la Comisión Organizadora denunció ante el ente policial que un contingente de mujeres de Buenos Aires que paraban en la escuela 174 fue apedreado y saqueado, el sábado por la noche sin conseguir respuesta alguna.

Estos problemas nunca pueden opacar la magnitud de lo que pasó en Trelew durante estos días, hubo más de 70 talleres en los que se abordaron temáticas como derechos sexuales y reproductivos, relaciones de pareja, activismo trans; gordx y lésbico, maternidades, trabajo sexual, acoso sexual, abusos, trata, femicidios, desocupación, feminización de la pobreza, representación política, organizaciones sociales, entre otros. Hubo fiestas, actividades culturales, ferias artesanales y gastronómicas, hubo amor y respeto.

Sororidad

Lo más llamativo de esta experiencia fue poder sentir esa sororidad que se está profundizando cada vez más. Las mujeres y otras identidades están las unas para las otras, se cuidan las espaldas, se respetan, se reconocen como compañeras, se empoderan, caminan juntas. Asistir a esos encuentros sin pensar en que alguien te puede acosar; caminar por las calles sin tener que mirar atrás por miedo a lo que pueda pasar y volver a casa en taxi sola con un grupo de WhatsApp expectante y conteniendo hasta llegar a destino, eso es verdaderamente revolucionario.

Además hubo un hecho concreto que determina esto: desde la organización se hizo un fuerte hincapié en el autocuidado, fundamentalmente en la marcha principal del domingo y pidió que las “encuentreras” no se crucen con la policía, por eso los efectivos custodiaban la marcha con una distancia de una cuadra y media durante casi toda la procesión.

Y así avanzó la marea, entre cantos, saltos, bailes, batucadas, performances y mucho glitter. La emoción estaba a flor de piel, las lágrimas también. Las mujeres que se encontraban a los costados de la marcha hacían de muro de contención agarrándose las manos las unas con las otras para cuidar lo que sucedía adentro. Las vecinas y los vecinos salían de sus casas sorprendidos al ver tantas mujeres juntas. Por cada mujer que se asomaba a ver lo que ocurría, miles gritaban “mujer escucha, únete a la lucha”. En algunos casos las miradas silenciosas y respetuosas de las y los lugareños, y en otros pañuelos agitándose desde las ventanas, las terrazas y los balcones. Incluso se produjeron abrazos conmovedores entre las vecinas y las manifestantes que sanaron grietas y dejaron sonrisas imborrables. La movilización en la edición “más austral” de los encuentros deja como reflexión que hay un camino de deconstrucción del que no podemos escapar si queremos un mundo un poco más justo.

17 Octubre 2018
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