De influencers y de famas

Laboratorio de Padres | Por Arturo Perrè

La comunicación pública de la ciencia tiene entre sus principios fundacionales democratizar el conocimiento científico para, a grandes rasgos, embellecer y enderezar la vida del vulgo, del tipo común. Este noble y desinteresado acto históricamente se conoció como divulgación; convertir en vulgar, llevar al vulgo. Por eso, desde el grupo de “Laboratorio de padres” aplaudimos la iniciativa que tuvo este padre al confiarnos su problema para ayudarlo a encontrar una solución. Lo compartimos a continuación.

Palabras claves: ‘influencer’, ‘millenial’, canje

Hola, mi nombre es N y soy padre de un bebé de seis meses al que poco a poco voy amoldando a mi vida para que todos podamos desarrollarnos en equilibrio. Antes de la llegada del vago -así le digo a mi retoño- un día mío comenzaba a las siete de la mañana cuando desayunaba mis panqueques de avena y tomaba mi pastilla de proteínas al tiempo que chequeaba mis redes sociales, fundamentalmente Instagram, donde se podría decir que soy influencer, ya que cuento con la friolera de 5.438 seguidores.

Posteriormente me dirigía al gimnasio. Una vez terminada mi rutina de ejercicios, me bañaba y me alistaba para ir a trabajar tres largas horas a un estudio contable ¡Ahh, soy contador! Al caer la tarde, volvía otras dos horas al gimnasio para hacer piernas.

Ustedes se preguntarán cómo lograba afrontar los gastos de mi vida. Pues muy fácil, con canje. Con mi sueldito del estudio pagaba el alquiler y al resto de las cosas las conseguía al promocionar todo tipo de objetos a través de mi perfil de Instagram. Ropa, entradas de boliches, cortes de pelo, sesiones de spa, en fin, lo tenía todo. Hasta lograba hacerme de algún viajecito al exterior. Mi cuerpo bronceado y trabajado era un llamador para las agencias de turismo. Sin embargo, todo cambió cuando fui padre.

Si bien las publicaciones referidas a la paternidad tenían un éxito moderado al principio, mi ‘community manager’ (quien es en realidad la que escribe esta carta por mí y es la mamá del pibe) me aseguraba que con el tiempo iba a causar sensación. Hasta llegué a verme como el Marley cordobés con Mirko. Pero todo se complicó. Conseguir canjes por pañales es realmente agotador. Una cosa es hacer 230 abdominales y empujar los límites de tu cuerpo hasta más allá de lo tolerable y algo muy distinto es prepararle la mamadera y tratar de entender porqué sigue llorando.

La situación llegó al colmo una vez que conseguí canje por indumentaria infantil y mientras hacíamos la sesión de fotos y el señor no tuvo mejor idea que vomitar toda la ropita. Ese día no sólo que no me dieron las dos bolsas que ya había elegido sino que, por el contrario, tuve que pagar la ropa manchada. Lo hablé con él, de hombre a bebé, pero no me dio muestras de que me entendía. Ya no se qué hacer.

Conclusión: estimado lector su situación a todas luces es caótica. Le recomendamos que se aleje de las redes sociales, abandone sus dudosos negocios publicitarios y quite la idea de gimnasio de su cabeza. Todo lo que usted fue ya no va a poder seguir siendo. Es como el capítulo de Los Simpson donde Homero trabaja en los bolos. Vio que al final se arranca los pelos porque con la llegada de su tercera hija su vida perfecta se acaba. Bien, los pelos en su caso son los seguidores de Instagram.

10 Julio 2019
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