El estado del acosador

Justicia poética, por Nano López (Especial para HDC)

“El tsunami feminista c/ Las garantías liberales – Escrache público – Prueba de la actora”

Vistos
La ve venir caminando. Se le parece a alguien ¿de la tele? ¿De un video de Whatsapp? Ve rebotar en su remera la misma frase que tenía tatuada la stripper de su despedida de soltero: keep calm and love more. Un auto pisa un charco y casi lo moja. Se queja, pero el auto le gustó. Inmediatamente lo distrae un cartel en el que Messi promociona un televisor. Cuando reconcentra su vista se da cuenta que la chica está más cerca. Intuye su olor y se acuerda de una compañera del secundario. Cuando la tiene al lado, casi al oído, grave y melosamente, le dice dos o tres cosas que le haría si pudiera, haciéndola alejar lo más que puede, fruncir la cara y acelerar el paso. Previsiblemente rechazado, le elogia el cuerpo y la insulta. Después sigue caminando y ve otro cartel, ahora con una obra del gobierno o un crédito barato, hasta que dobla en la esquina y ya nunca se vuelve a acordar de ella.


Considerando
Una tucumana cruza su bicicleta frente a un taxi. Los transeúntes miran. Alguien filma.
No me voy a mover ¿Sabés por qué? Porque te voy a sacar una foto y te voy a hacer un escrache. Acá tenés mi documento… yo no te he dicho nada… Dámelo al documento. Cuando te vayas te lo voy a dar. Yo no me voy a ir de acá… Esto es para que aprendas que a las mujeres no tenés derecho de decirles nada. Yo no te he dicho nada, hija. Sí me has dicho, te estás haciendo el boludo… Decime qué te dije. Yo he pasado y me has dicho cosas. ¿Qué te he dicho? No lo voy a repetir, pero me lo has dicho. Sos una mentirosa. No soy una mentirosa… vos sos un acosador. Para que aprendas te voy a escrachar… que sea la última vez que vos le decís algo a las mujeres… reconocé que me dijiste cosas y yo me muevo. Te pido mil disculpas si te he ofendido en algo… Qué me has dicho, repetilo… Te digo que si te he ofendido te pido mil disculpas. Pero yo quiero que vos repitas lo que me has dicho, porque no lo estás reconociendo. Te he dicho que no te metás por ahí… ¡No me dijiste eso! Tené cuidado preciosa, te he dicho. ¡Tampoco me lo has dicho así! Por la salud de mis hijos… te he dicho así… Tampoco me has dicho así… sos un acosador y que te quede claro, que sea la última vez, porque te vas a cruzar con otra loca como yo… Ya está… Que sea la última vez. Te voy a escrachar…


Resuelvo
La escena anterior es real. Circuló vertiginosamente por las redes sociales. Después, el taxista, escrachado por quien filmó la situación, hizo su descargo en un noticiero. Decía necesitar limpiar su imagen y que a la chica él la invitó a ir a la policía pero que ella no quiso, infiriendo entonces que debía ser porque nada malo le había hecho.
Con una velocidad y una contundencia inédita en la historia de la praxis militante, el amplio colectivo feminista está haciendo visible problemas trasversales a todos los espacios sociales, accionando, menos ordenadamente de lo que el estatus quo soporta, en múltiples direcciones: deconstruyendo el lenguaje, redistribuyendo roles, desnaturalizando mandatos. Entre las incontables propuestas y acciones que están llevando adelante, ha tomado relevancia la metodologías del escrache, consistente en denunciar públicamente a un acosador determinado. Performativamente esa acusación informal y virtual funciona como una condena infamante real, diferente a todas a las que estamos acostumbrados.
Apenas este método comenzó a multiplicarse yo reaccioné. Mi ortodoxia progre me hizo gritar: ¡No señor! ¡Las garantías ante todo! E inmediatamente me puse a repetir como una novena: nadie puede ser juzgado por un hecho que no está establecido como delito al momento de cometerlo, sin un juicio que respete las formalidades prescriptas por la ley, en el que pueda defenderse y conocer de antemano sus consecuencias. Bis, ter, quater. Y contextualizar: las garantías constitucionales han sido siempre el tope que ha tenido el Estado y quienes reclaman su intervención, para no actuar impulsiva ni caprichosamente al condenar a alguien. Desde que somos un Estado hasta hoy. Sin modificaciones. Eso fue lo primero que pensé.
Pero escuchar a tantas mujeres comprometidas con vivir en un mundo más igualitario, diciéndonos que no estamos viendo algo, nos pone en el deber, al menos, de parar la pelota. Hay una luz que se encendió. Los delitos existentes, los procedimientos establecidos y las penas conminadas, responden a problemáticas que han sido desbordadas. El sistema legal, funcional a un determinado orden social que está definido por el patriarcado, que estructuralmente subestima y cosifica a las mujeres, produciendo violencias tanto sobre ellas como sobre todos, sólo considera delitos algunas de estas violencias que deben probarse en un retorcido y desgastante recorrido burocrático, que en el mejor de los casos llega a una solución que no conmueve, provocando que cualquier denuncia sea inoculada y convertida en una simple locura.
El desafío jurídico es enorme y urgente. Necesitamos procedimientos nuevos para solucionar problemas viejos que recién ahora estamos dispuestos a enfrentar. Procedimientos preventivos, resolutivos y restaurativos, que aleccionen y que sirvan como ejemplo. Una nueva forma de juzgar, que no aplaste inquisitivamente al acusado, ni deje a la víctima tirada a un costado del camino.
No seamos necios: las recetas de la abuela no se pueden hacer al microondas.

Se encendió la luz /el dinosaurio reposa / inquieto / en su lugar.
El mundo no es / un manojo de ocurrencias.
Despierta, corazón /que es mediodía y hace calor.

12 Junio 2018
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