A ellas, las sobrevivientes de la clandestinidad

Debate por el aborto, por Sofía Jalil (Especial para HDC)

Cuando surgió la posibilidad de escribir una columna sobre el aborto surgió un ruido en mí. ¿Quién soy yo para opinar? Es como ver un partido de fútbol y con salame en mano opinar sobre los jugactores, digo, jugadores, como burdo ejemplo. Tocamos de oído y siempre somos expertos.
"Si no te pasó, es hablemos sin saber. ¿Cómo un hombre, que ni siquiera puede embarazarse, puede hablar de esto? Los hombres ni están cerca de sentir un dolor de ovarios" comenzó Ana quien compartió su experiencia bajo la condición de mantener el anonimato. “Me siento atacada. Cuando los relatos no se escuchan porque están prohibidos, ahí está la concientización”.
Ana sobrepuso su voz a las lágrimas. “Me pasaron dos situaciones traumáticas en la vida: una, que aborté; y otra, pensar que me moría. Gritaba porque pensaba que me moría. La situación era tan perversa. La cara de miedo de mi mamá me decía que podía no despertarme”.

Positivo
“Tenía 16 años, creo que cumplí 17 estando embarazada. Sé que muchas mujeres no lo viven de la misma manera, pero hablo desde mi experiencia y parto de que es un tema que no se habla. Las que lo viven en carne propia no son las que están hablando. Son las que en sus familias lo saben todos, pero nadie habla".
Ana vuelve a sus fantasmas que hoy, con 27 años, decide compartir. Hace 11 años estaba en la secundaria, tenía novio y estando de vacaciones con sus amigos, se hizo un test de embarazo que resultó positivo. Desde los 15 iba a la ginecóloga y en su colegio fue una de las impulsoras para tener charlas de educación sexual.
Llevaba meses de atraso, pero los test anteriores daban negativo. Inclusive habló con su novio sobre la posibilidad de ser padres. Hasta que llegó la confirmación y con ella, el paso de la fantasía a la realidad. El desmoronamiento y el desencuentro. En un Mc Donals le contó a su mamá que no le venía, que estaba preocupaba y le pidió que la lleve a un médico. “¿Por qué lloras si no sabés si estás embarazada, hija?” le dijo su madre.
“Fuimos al hospital y esperamos el análisis de sangre. El médico lo confirmó y mi mamá se quedó helada. Ella tuvo un aborto entre mi hermana y yo, decisiones de pareja. Mi mamá sabía lo peligroso que es, que no podés ir a un médico y no tenés recursos”.
Ana reitera que la clandestinidad no reconoce clase social. “Hay otro gris que es el grueso” dice. Más allá de la educación, el lema de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito es “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.
“Mi hermana no me habló. Mi papá no me quería ver. Lloré sin parar. Mi mamá se quedó conmigo y me hacía caricias, nunca me dijo nada. Mi papá consiguió a un médico que un amigo de un amigo se lo recomendó. Mis papás decidieron que lo llamaríamos la `operación´ y a mi novio le tuve que decir que lo había perdido”. Para ella, no hubo opción.

El médico
Ana recorre su pasado, mira para arriba, se detiene y continúa, quiere terminar el relato y reitera: “Me pasaron dos procesos. Sentir que iba a interrumpir un embarazo, que estaba decidiendo sobre la vida de una criatura, y sentir que me moría. Arriesgarte a un aborto clandestino es saber que si te pasa algo, el médico no se arriesga por vos. Si tiene que llamar a una ambulancia, viene con la policía. Esto no es menor. Te va a dejar y va a decir que fue un minuto, que no pudo salvar tu vida”.
El médico, la primera vez, la atendió en un lugar para “gente común”. “Me dijo: `Esto es fácil, no te preocupes. Te ponemos una pastilla dilatante, puede ser que empieces a perderlo de manera natural, pero es mínimo, no vas a tener un aborto espontáneo. Vas a perder sangre así que usá toallitas´. Sólo me hizo un tacto, no me hizo una ecografía, no me hizo una colposcopia. Me metió los dedos, me puso la pastilla y me dijo `andate a tu casa´. Me citó al día siguiente en un edificio convencional, de domicilios. El departamento estaba preparado para hacer abortos, el living era la recepción y uno de los dormitorios era el consultorio”.
“La enfermera me dijo ´termina con una chica y sigue con vos´, como si fuera un turno de la depiladora. Salió una chica totalmente pálida, aflojada de cuerpo y piernas, no podía caminar, pero no hay ni una silla de ruedas ni nada. ¿A esta chica la dejan ir sola, así? pensé. Me impresionó porque tenía mi edad o era más chica que yo”.
“Nadie me explicó en qué consistía, ni el método, ni nada. No existía mi historial. El médico no sabía nada de mí. Mi cuerpo nunca había tenido anestesia general y no sabía cómo iba a reaccionar, nunca había pasado por un quirófano. Cuando empecé a gritar ´no quiero, me quiero ir´ me pusieron más anestesia. Caí redonda y no me acuerdo de nada. Me desperté llorando, el nivel de estrés nunca menguó. Me cambié y me fui a casa. Tenía un dolor demasiado fuerte en los riñones”.
Ana volvió al colegio, estaba sola y tenía prohibido hablar de la “operación”, como le llamaron sus padres. Pero la verdad libera y tras meses de eternos llantos, le contó a su novio quien la acompañó en el proceso. “No hay lugar para las abortistas que les generó una situación traumática. Cada vez que lloro y lo cuento, lo supero”. Es en el diálogo donde se sintió contenida.
Hoy miércoles 13 de junio es un día bisagra en el Congreso de la Nación y para ellas, las sobrevivientes que habitan los discursos teorizantes y moralizantes. El debate por el reconocimiento de la realidad es “político, no metafísico”.

Cerca de 30.000 estudiantes de todo el país apoyan el derecho a decidir

Así lo dio a conocer la primera Asamblea de Mujeres y Disidencias del Movimiento Estudiantil, convocada por la Fuba (Federación Universitaria de Buenos Aires), junto con la CEB (Coordinadora de Estudiantes de Base - secundarios), CET (Coordinadora de Estudiantes Terciarios) y Funa (Federación de la Universidad Nacional de Artes). De los 33.125 jóvenes secundarios, terciarios y universitarios consultados en todo el país durante los pasados meses de marzo y abril, 29.756 se pronunciaron a favor y apoyan el derecho a decidir. Esto representa un total del 90 por cierto relevado. “Es indudable que la mayoría social está a favor de la legalización del aborto y especialmente la juventud, que viene encabezando la movilización por este reclamo” opinó la secretaria de Mujer y Géneros de la Fuba, Luna Mora Palmada.
El mayor respaldo se dio en la UBA donde 13.107 de un total de 14.078 estudiantes, el 93 por ciento, se pronunciaron a favor. Mientras que la menor adhesión se dio en la Universidad Nacional de Tucumán donde el 53 se pronunció a favor, es decir, 640 estudiantes de un total de 1.200. En la ciudad de Córdoba, el 99 por ciento de los estudiantes consultados en el colegio Manuel Belgrano apoyan la despenalización. Esto representa 198 afirmativos sobre un total de 200 consultados.
“Los números son contundentes y expresan una posición clara de la juventud”, afirmaron desde la Asamblea en un comunicado. “Por el derecho de las mujeres y de las nuevas generaciones a decidir sobre su cuerpo y terminar con la tutela estatal-clerical sobre nosotras, reclamamos la legalización del aborto, educación sexual laica y científica y la separación de la Iglesia del Estado” finalizaron.

13 Junio 2018
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