Glauce

El centinela ciego, por Leandro Calle (Especial para HDC)

La editorial Caballo Negro acaba de publicar la poesía completa de Glauce Baldovin: Mi signo es de fuego. Trabajo necesario y fundamental para la literatura cordobesa y argentina. En una entrevista, Julio Castellanos, -albacea de la obra de Glauce-, dando un panorama de la poesía escrita por mujeres en Córdoba, situaba a Malvina Rosa Quiroga, como la última “poetisa”. Entendiendo ese concepto, como un concepto que viene de antes y que madura en la voz de Malvina. De alguna manera se clausura el período clásico y/o modernista. Con Glauce, comienza el concepto de poeta. En el prólogo del libro que reseñamos vuelve sobre este mismo criterio: “Podríamos acotar sin énfasis desmedido que ella fue nuestra primera poeta cordobesa, la que deja atrás atributos propios de las poetisas, condenadas a cantar desde el espacio íntimo, amores tímidos y abstractos, melancólicos desvanecimientos”.
Si bien su obra permaneció inédita durante mucho tiempo, la poesía renovadora de la poeta riocuartense andaba por circuitos informales y se pasaba de mano en mano. Glauce, es el gran rompimiento, el gran quiebre de la nueva poesía escrita por mujeres en Córdoba. Lo asombroso de su obra es la permanencia. Dicha permanencia, lejos de residir en la anécdota, en la vida personal o en las tragedias individuales, tiene su anclaje casi exclusivamente en la obra. Glauce es conocida por su obra. En este sentido no es una “poeta de culto” sino una “poesía de culto” que es totalmente otra cosa. Creo que también ese aspecto de resaltar la obra, fue tenido en cuenta por su editor y albacea y eso contribuyó enormemente a visibilizar su poesía, aquello que podríamos llamar, el legado de Glauce Baldovin.
La aparición de la poesía completa es la desembocadura natural y necesaria de algo que durante muchos años se vino gestando en Córdoba a partir del libro Poemas (1987) que publicaron Juan Maldonado y Julio Castellanos en editorial Alción. Primer libro éxito. Glauce luego transitó los caminos de la editorial Argos y se fue haciendo conocer fuera de Córdoba. Como un árbol, fue creciendo de a poco, lentamente, pero su crecimiento es firme, perdura. Está muy lejos de la efervescencia o el estrépito de las modas. La recepción que la comunidad lectora hace de Glauce es asombrosa y vuelve a repetir el concepto señalado más arriba. Lo que se rescata es su poesía. Hay miles de anécdotas, cientos de historias terribles y hondas pero –generalmente- cuando escuchamos hablar de Glauce, escuchamos sus poemas, el recuerdo de algún verso. Allí está todo. Eso es lo importante. Porque la poesía es realidad y no una mera conexión bella de palabras o figuras.
La edición de Caballo Negro es impecable. Allí encontramos toda Glauce, a un precio accesible y muy bellamente editado. Una edición que por su distribución, podrá juntar poesía y lector más allá de los límites de la provincia de Córdoba. Hay un prólogo de Julio Castellanos, donde de manera casi cronológica, recorre el itinerario de la poeta y de la obra con la suficiencia a la que ya estamos acostumbrados. Hay un segundo prólogo, a mi juicio innecesario, porque no dice mucho y se repite en la contratapa. El trabajo en su conjunto, es un aporte a la literatura, particularmente a la poesía argentina.
Hay en la poesía de Glauce, un paisaje interior, habitado por abismos desoladores que muchas veces se mezclan con el paisaje externo y establecen un tono bucólico moderno como es el caso del Libro de Lucía: “Como un cuchillo recién afilado así es la soledad./ Quiero comer una fruta y se me entierra en la carne/ quiero cortar una rodaja de pan y me produce una herida que sangra./ Como un vapor muy tenue/ como el aliento de los animales en el invierno/ así es la soledad…”. Pero también encontramos el registro del paisaje social. Poesía “comprometida” o poesía social a la que personalmente creo que podríamos llamar poesía política. Glauce, ubicada en el registro de poetas de los 60 y/o 70 devuelve en poesía un registro de la realidad que ardía y quemaba por ese entonces. Ahora bien, ese paisaje social y político es una perspectiva, un “pararse frente a”, en ningún modo constituye lo esencial del poema. Glauce hace poesía y esa poesía está marcada por su época y por las realidades que hirieron y afectaron la Córdoba de aquellos años pero la poesía no aparece como “momento segundo”, como vehículo de una ideología o como ilustración de una creencia. Es la ya antigua diferencia entre poesía social y poesía panfletaria. En uno y otro caso la poesía acontece de manera diferente. En los poemas de carácter social la poesía es siempre momento primero, jamás vehículo o medio ilustrativo. “La poesía sale de su oscuro rincón/ me enfrenta/ me mira desde sus ojos sin párpados/ y me exige testimonio sobre el hambre/ la persecución/ el crimen.// Me conmina./ Me sentencia./ Y antes de esfumarse otra vez/ deja en mis manos un afilado puñal de punta perfecta.” (en Poemas crueles).
Todo Glauce Baldovin. Toda Glauce para todos. Una obra que de alguna manera fue construida por Córdoba, por muchos/as poetas como Livia Hidalgo quien desde el silencio custodió gran parte de los libros inéditos. La poesía de Glauce es generosa, siempre anda con las manos abiertas y nos ayuda a crecer. Esta toda Glauce que ahora nos ofrece bellamente Caballo Negro, es de todos, es de Córdoba.

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