Realpolitik y estallido

Otro día en el paraíso, por Federico Racca (Especial para HDC)

Salgo de la facu, de dar clases, ya es la siesta y corro hasta un bar como un loco, tratando de encontrar un café con leche que tape mi hambre y mi sueño. Me gusta ver la gente pasar, imaginar cómo serán sus vidas. De vez en cuando algún viejo amigo me encuentra y llegan los abrazos, las preguntas casuales, los recuerdos. Leo el diario en el celular, consulto el significado de alguna palabra o de algún hecho histórico, la wikipediosis (dícese de una súbita fiebre que obliga a saltar de un lado a otro de Wikipedia) me toma y entonces navego hasta llegar a historias que no sé por qué están frente a mí, pero que me fascinan. Hoy he llegado a la definición de “Realpolitik” que dice: “política de la realidad, en alemán, es la política o diplomacia basada en intereses prácticos y acciones concretas, sin atender a la teoría o a la filosofía como elementos formadores de políticas. La realpolitik aboga por el avance en los intereses de un país de acuerdo con las circunstancias actuales de su entorno, en lugar de seguir principios filosóficos, teóricos o morales. A este respecto, comparte su enfoque filosófico con el realismo filosófico y el pragmatismo.” ¡Salto de alegría! (me lleno de tristeza), Wikipedia otra vez en su juego de azar ha dado en el clavo. Pienso cómo decir lo que pienso y entonces la música viene en mi auxilio: “Y ya no hay ninguna duda / se está pudriendo esta basura / fisura ya la dictadura del rey. / Se viene el estallido / de mi garganta, / de tu infierno, también...”

Fragmentos de textos que ya escribí, que ya cité se unen: hace casi cuarenta años, el papa Juan Pablo II visitaba Bariloche. Allí, en su catedral, daba una misa para religiosos. Cuando la catedral se había llenado y el papa estaba por comenzar, las puertas se abrieron y un anciano, vestido con el hábito chocolate de los franciscanos, con ojotas, calvo y con ojos muy azules se acercó hasta el papa sin que nadie se animara a detenerlo y le habló al oído: “Querido Santo Padre, no cree el obispado en Bariloche como le dicen los obispos, debe crearlo en Ingeniero Jacobacci, en el desierto patagónico, porque allí hay un gran problema con nuestros mapuches y tenemos que ayudar para que haya paz.” El papa no hizo caso al franciscano y allí está el problema mapuche multiplicado. Ese franciscano, considerado santo por su gente, alguna vez, harto de las quejas de sus fieles sobre el país, clavó en la puerta de una de sus parroquias -al modo en que alguna vez lo hizo Lutero-, cuatro máximas para la vida civil; dijo: “Primero: la única plata que vale es la que se gana trabajando. Segundo: No se puede estar hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy siempre. Tercero: Mal anda la patria cuando los ciudadanos para solucionar su problema económico entran en la administración pública. Y cuarto: Si no queremos más tiranos, dejemos de ser esclavos. “En estos cuatro principios está todo dicho”, sostenía el padre Teófano Stablum saltando la realpolitik y yendo a principios éticos.

Me viene a la mente la presidenta Fernández de Kirchner, llenándose la boca con los Derechos Humanos y colocando, al mismo tiempo, como jefe del Ejército al general Milani, miembro famoso de la represión. Y luego, cuando les preguntaba a mis amigos kirchneristas por esto, lo justificaban diciendo que “era una necesidad”, es decir, realpolitik. Igual podemos hablar del Niño Bian Macri y sus chicos amarillos, que se llenan la boca con la transparencia cuando el Niño Bian y su familia se han llenado los bolsillos con la corrupción pública y las off-shore. ¿La justificación de mis conocidos amarillos? “Había que parar a los kirchneristas que nos llevaban a Venezuela.”; es decir, nuevamente, realpolitik. ¡Dos mas y no jodemos más!, diría mi sobrina Anita: hace un par de años, escribimos aquí que el “Ni una menos” se estaba convirtiendo en un slogan que lo que hacía era taponar las discusiones. Que hasta que no complejizáramos el problema, hasta que no lo incluyéramos en principios más amplios, en consideraciones que tomaran el género como algo central pero sin excluir principios éticos básicos como el carácter fundamental de la protección de toda vida humana -pensemos que el 83% de los homicidios en Argentina, son hombres- este espiral tremendo de violencia y matanza no iba a disminuir. Pero ganó la realpolitik que siempre privilegia la vía más rápida -y violenta- y entonces, al dejar los principios afuera, la violencia de género ha aumentado y se dispara en todos los sentidos.

Finalmente, está la discusión –validísima- del aborto. Un tema que el Gobierno usa de tapadera para el tremendo -y tristísimo- estallido que se acerca. Y un tema que también se centra exclusivamente en la realpolitik, sin posibilidad de incluir la educación, la preparación de los niños y todas las redes que pudiéramos desplegar. En esto le dejo la palabra a uno de los más grandes teóricos de la izquierda -hablándole a la izquierda de su país- Pier Paolo Pasolini: “Antes que el universo del parto y del aborto existe el universo del coito: y es el universo del coito el que forma y condiciona el universo del parto y del aborto. Quien se ocupa, políticamente, del universo del parto y del aborto no puede considerar como ontológico el universo del coito, salvo ser mezquinamente realista. Este universo incluye una mayoría totalmente pasiva y al mismo tiempo violenta, que considera intocables todas sus instituciones, escritas y no escritas. Su fondo es todavía clerical-fascista con todos los lugares comunes anexos. La idea del absoluto privilegio de la normalidad es tan natural como vulgar y criminal sin más. Todo está allí preconstituido y conformado y se configura como un derecho: hasta lo que se opone a tal derecho (comprendido lo trágico y el misterio implícitos en el acto sexual) es asumido de manera conformista. Por inercia, la guía de toda esta violencia mayoritaria es todavía la Iglesia Católica... salvo que en el último decenio ha intervenido la civilización del consumo, es decir, un nuevo poder falsamente tolerante que ha promovido en escala gigantesca a la pareja protegiéndola en todos los derechos de su conformismo. A este poder no le interesa, sin embargo, una pareja creadora de prole (proletaria), sino una pareja consumidora (pequeño burguesa): in pectore ello implica ya la idea de la legalización del aborto (como implicaba ya la idea de la ratificación del divorcio). No me parece que los abortistas, en relación con el problema del aborto, hayan sometido a discusión todo esto. Me parece, por el contrario, que ellos, en relación con el aborto, callan el coito y lo aceptan (por realpolitik, repito yo, en un silencio diplomático y culpable) en su total institucionalidad inamovible y natural…”

20 Septiembre 2018
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