La casa

Otro día en el paraíso, por Federico Racca (Especial para HDC)

Atravesamos con mi amigo, el psicoanalista Marco Alfieri, la puerta de madera pintada de verde. A nuestros lados, sobre la vereda, hay dos sillones de material adosados a la pared, muestra de que en tiempos pretéritos, el caminante era siempre bienvenido. Ante nosotros se abre una casona blanca con la galería sostenida por tirantes de quebracho. Entramos a una biblioteca de unos dos metros por cuatro. “Aquí está la historia de Córdoba y la de la familia.” El hombre de más de ochenta que nos recibe es Jorge Arrambide, que tose y se ríe bajo la única lámpara de la habitación. Luego me enteraré que en esa habitación, en esa simple biblioteca de Saldán, hace doscientos años, durmió San Martín durante tres meses.

“Luis Allende tenía la casa para veranear, se la compra Jorge Furt y después los Bustos Moyano la ocupan tres décadas. Los herederos de Furt me contratan para hacer el desalojo. Después, cuando ya había terminado el juicio, me entero que los Furt la querían vender porque necesitaban plata para pagar la transferencia de un campo. Me arrimo, negociamos, me piden cuatro millones de pesos; era mucho dinero, un Renault 12 cero kilómetro valía eso. Junté, pedí y logré comprarla. Estaba destruida, no lo podía creer. Las vigas estaban pintadas de blanco, las paredes derruidas. No tenía pozo negro ni cámara séptica; menos electricidad. Todo en ruinas menos los muebles.”

Quedamos en silencio. Una empleada, María, que casualmente -o no- es de mi pueblo, nos sirve una picada con vino. Camino por la biblioteca viendo libros y antiguas fotos. Escucho que Marco pregunta con su sencillez de hombre de campo -y la profundidad de su práctica psicoanalítica: “Don Jorge, para usted, ¿qué significa la casa si tuviera que nombrar?” Veo que el anciano abre los ojos, su cuerpo cansado se yergue del sillón, acerca su rostro a Marco como si hubiese descubierto la fuente de la alegría: “Desde que la compré me dediqué nada más que a la casa. Aquí, en épocas de mucho esfuerzo, he criado a mi familia. Han venido amigos y gente que después se volvieron amigos muy queridos. Hemos comido asados, cabalgado, disfrutado del río. Me sobreabunda, es mucho más que una casa, es una gracia adosada a un bien. Mi mujer está enferma, se tiene que quedar en Córdoba, pero siempre que vuelvo me pregunta: ¿cómo está Saldán? ¿Arreglaron la humedad de la galería? ¿Sabés si han cortado los frutales? Ella es hija del doctor Isidoro Ruiz Moreno, que trabajó para lograr la Paz del Chaco en la guerra entre Bolivia y Paraguay.”

Don Jorge queda pensativo. Uno de los cuidadores entra en la habitación y nos lleva a conocer la casa. Quedamos fascinados por su belleza, por el río a los pies. El cuidador nos dice que en la galería que da al arroyo pasaba sus horas San Martín, planeando el cruce de los andes, la toma de Chile y la libertad del Perú.

“El general San Martín es músico, guitarrero, cantaba a capella en la galería. Le gustaba la vista del arroyo, de la tosca roja. Ahí, con Tomás Guido y el general Paz, terminan el plan que libertaría a nuestros países. La idea original era de Belgrano, él se lo plantea a San Martín y a Paz en el Ejército del Norte. Hace años, la madre de la Ñata Sánchez, doña Virginia Sánchez, la mujer del comisario de Villa Allende contaba que mientras estuvo aquí “San Martín, cada tarde, salía en mula a recorrer las sierras”. Los Correa son los que lo traen. Es un hombre que no tiene asistentes, se lustra las botas él mismo, lleva un uniforme gastado que zurce; lo protegía Pueyrredón. Pasa el invierno del 14 aquí. El congreso llevaba un año sesionando y no declaraba la independencia. Habían pasado cuatro años desde la Revolución y la cosa no avanzaba; él sabía de los cráneos secándose en la pampa y la cordillera después del 25 de Mayo, del gran error de haberse unido a Buenos Aires. No aguantaba, le saltó la vejiga, el esfínter, acá se calmó y pudo terminar el plan. Es declarado gobernador de Cuyo y apura a su diputado por San Juan, Francisco Laprida, para que declare la independencia. Después declaró la independencia del Perú como General de Chile; porque se había negado a acatar las órdenes de Buenos Aires de retornar a la capital, entonces lo habían quitado el grado y lo habían declarado desertor...”

Las historias se suceden. Comprendo que al igual que el Martín Fierro, el Padre de la Patria fue declarado desertor. Sé también que esta casa originalmente perteneció a Luis de Tejeda, nuestro primer poeta; que él vivió y escribió ahí. También me cuentan del fantasma de la casa, el canónigo Mendiolaza, pero todo eso es para la próxima nota. Saludos.

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