Los problemas sobrevinientes para 2019

ECONOMÍA NACIONAL | Por Salvador Treber

Según lo establecido en el mensaje que acompañó al proyecto de Presupuesto de la Administración Pública Nacional para este año el déficit debe ser nulo y el índice de inflación anual del 23%. Ambos parámetros han sido motivo de acerbas críticas, además de haberse introducido reiteradas e importantes modificaciones todas con carácter netamente alcista. Esa actitud confirma las objeciones por parte de numerosos especialistas privados de alto prestigio, más aún, ante el silencio de los funcionarios que lo vienen implementando desde el Ministerio de Hacienda. El primer objetivo implicó una fuerte reducción del gasto que se ha estimado en alrededor de 500.000 millones de pesos.

La poda más fuerte se concentró en los recortes introducidos a los gastos de capital que afectarán el nivel de actividad general y harán imposible pensar siquiera en revertir la tendencia negativa del producto bruto. Los funcionarios procuran justificarlo sosteniendo que priorizan la introducción de recortes pero intentando preservar los requerimientos que alertan en las franjas más vulnerables de la población. Advierten que “los números pueden cambiar, pero rondarán esas cifras” y explican que tomaron las medidas indispensables para evitar que afecte a aquellas familias que deben resignarse a vivir con ingresos más bajos. Sin embargo, los analistas no reconocen que se haya realizado “un buen trabajo” y señalan que con las medidas adoptadas “nadie quedará al margen de los recortes”.
Resulta obvio que ello debió ser objeto de un detallado análisis para evitar en todo lo posible que los precitados recortes incidieran en la atención de la salud de la población y en un eventual deterioro en los servicios educativos para los tres niveles que ya antes de reducirlos habían sido calificados como “totalmente insuficientes”. Lo actuado, hasta ahora, confirma que todo se hace muy burdamente y carente del más mínimo grado de sensibilidad social; sin considerar que esa tan poco racional actitud agravará aún más el ya preocupante deterioro que ya se observaba en la prestación de los servicios. Dado que esa actitud intervino negativamente, es explicable se haya acentuado el contexto recesivo preexistente. En ello se fundan quienes advierten que así es cada vez más probable que no solo se cierre el ejercicio 2019 con niveles negativos de crecimiento sino también que en 2020 se mantengan esos índices.

La continuidad en soledad de la recesión

En condiciones similares pareciera que no existe posibilidad de cambiar el signo negativo sin corregir previa y drásticamente los esquemas que vienen implementando hasta ahora; lo cual, pese a las advertencias de los más respetados especialistas, inexplicablemente parece haberse descartado en las esferas oficiales. Tomando como fuente de información y referencia lo que está sucediendo en los países vecinos de Sudamérica, puede apreciarse que todos ya han logrado superar los efectos recesivos y pasaron a exhibir índices positivos de crecimiento. Pero el nuestro es el único país del área que aún no ha podido mejorar la performance y, sin dudas, la presencia e intervención de los funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) constituye un insalvable condicionante que tiende a agudizar la situación. El “caso Brasil”, donde se afrontó una prolongada recesión, revirtió firmemente esa tendencia.

Esa reciente experiencia internacional, además de oficiar como un expresivo ejemplo, sirve como un factor positivo de por sí para la economía argentina cuyos conductores parecen obstinadamente decididos a no admitirlo. Sorprende en cambio que el presidente Mauricio Macri haya encarado un viaje con pretensiones de ampliar los vínculos comerciales con países como India y Vietnam, que no se caracterizan por tomar medidas urgidos por el tiempo y suelen extender bastante, no menos de un año, para hacer tales análisis y adoptar la respectiva decisión para el futuro. Por tal causa, se torna muy poco lógico que semejante viaje lo hayan hecho cuando faltan meses para someterse al veredicto de las urnas.

Las operaciones de exportación concertadas en Nueva Dheli ascendieron a 75 millones de dólares, que los funcionarios exhiben como un gran éxito, aunque en aquel país apenas dio lugar a un breve comunicado. Por lo tanto, la actividad del comercio exterior argentino por el momento no puede considerarse que coadyuvará a cambiar sensiblemente la situación de estancamiento que estamos afrontando. Lamentablemente, las condiciones actuales no permiten alentar ilusiones. En años anteriores las ventas anuales al exterior sumaron más de 84.000 millones de dólares y desde hace más de tres años se han reducido a menos de 60.000 millones de dólares. Tomando en cuenta las diferencias que median entre las cotizaciones de los productos comercializados, la diferencia entre ambas circunstancias se eleva a un muy preocupante -32,8%, en desmedro de lo sucedido en el trienio 2016/18.

Perspectivas futuras hasta fines del ejercicio 2020

No se puede olvidar que los tramos de capital operativo correspondiente a obras públicas ejecutadas o en proceso para este año fueron programados con anterioridad a la merma del 27% respecto a los 218.100 millones de pesos que totalizaron en el ejercicio 2018. En consecuencia, en el mejor de los casos, para el presente año solo llegarían a 160.200 millones. En cuanto al programa financiero, se prevé que en el ejercicio en curso -sin tomar en cuenta las Letes y demás títulos públicos que vencen en el transcurso de 2019-, incluyendo sus respectivos intereses constituyen compromisos por 1 billón de pesos, los demás compromisos financieros totalizarán otros 771.700 millones de pesos. En sentido inverso, está previsto recibir los giros concertados en el acuerdo con el FMI y otros 12.000 millones de dólares de financistas externos privados.

A su vez, según lo previsto en el acuerdo con el organismo internacional, el gobierno argentino se comprometió durante este año a generar un incremento en los ingresos tributarios, que deberán ascender en un 43%, mientras que el gasto primario no puede exceder un aumento interanual del 25%. Saltar de 2.63 billones de pesos a 3.75 billones en cuanto a recursos tributarios no es una misión nada sencilla pese a que estimaron que por retenciones a las exportaciones esperan lograr un incremento interanual excepcional del 161%. Esto es, pasar de 165.700 millones a nada menos que 432.800 millones; mientras el resto de la recaudación tributaria debe incrementarse este año en un 35%, es decir de 2,46 a 33,31 billones.

El presupuesto prevé un incremento interanual del 33% en los salarios que deben pagarse en el conjunto de universidades públicas, implica un total de 695.000 millones de pesos; los gastos de financiamiento prevén incrementarlos en solo un 6% y los restantes gastos corrientes se han previsto en un nivel sólo superior del 7%. Significa que en los primeros se pretende mantener el poder adquisitivo preexistente pero en el caso de los dos mencionados habrá luego una reducción en términos reales no menor al 20%. Una economía de tal naturaleza no será nada fácil cumplimentarse; menos aún en el presente año, ya que en dos de los últimos meses deberán concretarse la elección de las nuevas autoridades. Por lo tanto, se explican por sí mismas las razones para mantener un silencio tan absoluto.

Los compromisos previstos incluyen a aquellos que deberán cumplimentar todas las provincias a las que se extienden semejantes exigencias. Sin embargo, dado que muchas de ellas no participan políticamente de las ideas y acciones que impulsa el gobierno nacional, no resulta posible conocer y evaluar antes de fin de año cómo se condujeron en cada jurisdicción.

26 Junio 2019
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