La brecha salarial por sexo

Economía nacional, por Salvador Treber (Especial para HDC)

Es oportuno recordar que la población mundial llegó a 7 mil millones de habitantes en 30 de octubre de 2010 y se estima que para fines del siglo XXI llegará 11 mil millones y que si bien las mujeres superan ligeramente a los hombres, la situación laboral sigue siendo muy diversa. Entre las particularidades más notorias del mercado de trabajo, el sexo no ha dejado de constituir un aspecto esencial que, todavía, mantiene una sensible brecha entre varones y mujeres, cualquiera sea la proporción de unos y otros que desempeñen las respectivas funciones y/o actividades requeridas en el mercado laboral y muy notoriamente, en las empresas. Se ha avanzado mucho en ese aspecto pero todavía falta bastante por corregir. En promedio se ha constatado que la media remunerativa de los hombres es 27,4 por ciento superior, aunque no se detecte mayor productividad en el sexo que hasta ahora viene siendo favorecido.
Si se verifica que la conformación de la cúpula en materia gubernamental es casi excluyentemente masculina, pese a que las primeras ministras de Alemania Angela Merkel (que está transitando su cuarto mandato consecutivo) y el Reino Unido, Theresa May, son sendas mujeres que se desempeñan con gran firmeza y aparente satisfacción general. Pero además, de tratarse de la quinta y décima potencias mundiales, en las restantes ocho quienes ocupan los puestos de superior o igual trascendencia están muy mayoritariamente integrados por hombres. Es cierto que el avance de la mujer para el desempeño de las funciones más decisivas ha venido progresando notoriamente pero ello data de los últimos cincuenta años, en que además de las precitadas hubo jefas de gabinete en India y en Israel; pero por el momento, ello no tiende a generalizarse; seguramente son muchos los que esgrimen prejuicios que todavía no se han logrado borrar.
Obviamente hay áreas como el Servicio Doméstico, 2,3% del PBI, o la Educación, 113,7%, e incluso la Salud, en donde las mujeres cubren mucha mayor proporción en los puestos. En la primera actividad mencionada lo hacen el 91%; en la segunda el 77% y en la tercera el 69%; relaciones porcentuales que por elevadas eximen de cualquier comentario. En proporciones algo menores, aparece el rubro Hoteles y Restaurantes (4% del PBI) donde hacen lo propio en un 45%, las empresas de Servicios Financieros (2,3% del PBI) con 40% y la Actividad Comercial donde lo hace el 39%; en contraste, se advierte que en el rubro Construcción (5,2% del PBI) la gestión femenina es muy reducida pues llega apenas a cubrir el 3% de los puestos. Según el informe del ministerio respectivo, a fines del tercer trimestre de 2017, en un apartado intitulado “Las mujeres en el mundo del trabajo” se analiza lo que se ha dado en llamar “la segregación vertical”, que refiere a la asignación de puestos que contemplan los diversos sectores.


El tema expresado en números
La tasa media de participación femenina ha crecido en forma sostenida y pasó del 38,8% en 1990 al 48,1% a fines del primer trimestre de 2017, pero se advierte que casi el 60% lo ha hecho en forma irregular; es decir, sin cumplir todas las normas vigentes (en negro). Bajo el enfoque horizontal, se hace notoria la reinante discriminación, todavía vigente, ya que son mayoritariamente afectadas a los trabajos que requieren escasa o ninguna instrucción previa, sin haber tratado de hacer una adecuada evaluación de cualidades. La segmentación no está realmente fundada en causas reales sino en muchos casos, sólo en prejuicios o en la intención de acrecer los beneficios empresarios. Los especialistas enfatizan que hay una estrecha relación entre las actividades que asignan a mujeres y la intención de abonar salarios muy bajos, condición que las autoridades de contralor no se esmeran en verificar y corregir. Por caso, en el informe del Indec se revela que la composición es muy variable según el nivel de ingresos.
En la franja inferior, que incluye al 10% de titulares con los ingresos más bajos, se advierte que está constituida por 1.138.566 mujeres y sólo 529.847 varones. Esa relación se invierte totalmente cuando se analizan los salarios de los tramos más elevados, ya que en el 10% de la cúspide para fines de septiembre último 1.100.902 son varones y 567.389 mujeres. Los especialistas explican esta inversión no sólo en la menor proporción ocupada de ellas sino también por menos horas trabajadas (-30%) y en insertarse en empresas menos importantes. También se ha detectado especial preferencia por las que tienen por objeto atender el consumo familiar, las áreas financieras y los call center. En cambio, procuran evitar otras especialidades como energía, ingeniería y construcción.
En algunas de ellas se advierten ciertas contradicciones que no tienen una explicación cabal y satisfactoria; como es el caso de la Construcción, donde se advierte que son pocas las mujeres que trabajan y, en general, lo hacen en tareas técnicas y/o administrativas con una inexplicable y frecuente diferencia salarial negativa; incluso en la franja de los mayores sueldos que no se adjudican a las mujeres. No hay explicación lógica para que rijan que favorecen a los hombres en especialidades en rubros tales como el industrial, especialmente en productores de maquinarias pesadas y los financieros de muy alto nivel. Se suele discutir que -en general- el tratamiento de funciones que requieren contacto con el público consumidor es el que mejor se compatibiliza con la atención femenina pero que la proporción de ellas en cuerpos directivos es muy escasa, una relación de alrededor 0,27 respecto de cada varón.

La perspectiva futura para este siglo
En el área de las actividades primarias, que en nuestro país implican el 0,3% de la economía general, la mujer ocupa el 25% de los puestos y la perspectiva es a que se reduzca pues la introducción masiva de maquinaria y robots disminuirán sensiblemente la demanda de personal de baja calificación. El rubro Trasporte y Comunicación, actividad que sólo genera el 2,3% del PBI, la presencia femenina es actualmente del 13%, también se estima que en los próximos diez años se reducirá esa proporción en forma muy considerable. En cuanto a las actividades Inmobiliarias (9% del PBI) y Servicios Financieros (2,3% del PBI) la integración femenina en personal cubre el 35 y 40%, respectivamente, de la planta estable; pero la característica es que la mujer está generalmente relegada a las actividades menos importantes y que, por tanto, requieren escasa calificación.
El análisis precedente verifica que las diferencias en el campo laboral entre hombres y mujeres, si bien se han atenuado algo, siguen prevaleciendo en la mayoría de las actividades y que son muy reducidas las chances femeninas de alcanzar los máximos niveles de conducción en áreas que requieren cierto grado de formación especial, salvo en Educación y Salud. Es que siguen rigiendo segregaciones tanto horizontales como verticales que se podrían obviar con relativa facilidad. Es clara la razón por la cual son preferidas para cubrir puestos de atención directa al público; por lo general coincidentes con la necesidad de un grado muy bajo de conocimientos técnicos o muy especializados, donde prima el buen trato además de un correcto y oportuno criterio para establecer el momento en que la atención debe ser derivada a niveles superiores.
En todos los países con mayor grado de desarrollo, el avance respecto al logro de la paridad de género ha sido uno de los factores más importantes para consolidar el desarrollo y el continuado avance de la sociedad como tal. Una empresa especializada “actividad laboral y progreso” le ha dado tal importancia a esta faceta que, según su estimación, si se generalizara la igualdad de género el crecimiento del PBI ecuménico en los ocho años podría crecer adicionalmente en no menos que 12 billones de dólares. Pero alcanzar esa meta no será nada fácil pues las actuales diferencias productivas, fundadas en el diverso tratamiento por sexo que aún persisten en los países más avanzados, requerirán centrar la gestión en ello para lograrlo, como mínimo, para no antes del año 2044. En el conjunto de las demás economías en que estamos insertos, ese plazo se duplica ampliamente.

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