Adonde siempre volver

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

“Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara —sobre un fondo de alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años— hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo.

Quisiera no haberle visto más que las manos, me hubiera bastado verlas cuando le di el cambio de los cien pesos y los dedos apretaron los billetes, trataron de acomodarlos y, en seguida, resolviéndose, hicieron una pelota achatada y la escondieron con pudor en un bolsillo del saco; me hubieran bastado aquellos movimientos sobre la madera llena de tajos…”

Eso escribe él, después de una dedicatoria lánguida: “A Idea Vilariño”. Es el comienzo de la novela Los Adioses, una de las mejores de Juan Carlos Onetti, publicada en 1954. El encuentro de ellos se pierde en el tiempo, en los comienzos de los cincuenta, más allá de la confesión puntual de ella: “Estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré”. Dicen que él vivió, por más de cuarenta años, hasta el día de su muerte con su mujer y que con Idea tuvo no más de nueve encuentros, el último en el 74, después que lo había encerrado la dictadura uruguaya por un cuento que suponían un complot y al salir, estaba ella, esperándolo: “Quedamos solos y callados. Callados. Pero yo no soy como entonces; algo aprendí; algo me enseñó el recuerdo; siempre sentí no haber tenido más madurez para tratarlo entonces. O es la diferencia entre estar y no estar enamorada. Nos moriremos sin aprender a hablarnos…”

Idea había nacido en el 20, Onetti era once años mayor. Ella la grave, él, el poeta maldito (sí, poeta; ¡bufen burros verseadores!). Onetti, al final, viviría su exilio hispánico metido en una cama. Comía, leía, escribía y hacía el amor sobre ese colchón como pizza que se ve en las fotos, mucho antes de la megaindustria de los sommiers y de la patética época del buen acostarse y del mal coger.

Termina la novela Los Adioses con un retombée sobre la no nombrada, la no name, Idea: “Me senté en el diván, estremecido y en paz; preferí no moverme cuando entró la muchacha y fue recta hasta la cama, copió con increíble lentitud mi ademán de descubrir y cubrir. El sargento y Gunz ocupaban la puerta, la vieja y el enfermero se adelgazaban contra la pared, Andrade retrocedió con la boina en la mano. Casi sin respirar, miré a la muchacha que inclinaba la cara sobre el conjunto inoportuno, airadamente horizontal, de zapatos, pantalones y sábanas. Estuvo inmóvil, sin lágrimas, cejijunta, tardando en comprender lo que yo había descubierto meses atrás, la primera vez que el hombre entró en el almacén —no tenía más que eso y no quiso compartirlo—, decorosa, eterna, invencible, disponiéndose ya, sin presentirlo, para cualquier noche futura y violenta.”

Pero ella, loca por nueve noches y una vida, “burro, bestia, perro, a vos Onetti te están dedicados todos y cada uno de los poemas de amor que escribí”; esta larga tirada no es textual, pero tampoco ajena a Idea, que sí, textual, visceral, con su gravura le dedicará eso que él nunca descubrirá (Yo nunca sentí que ella estuviera enamorada de mí. —No entiendo, ¿cómo que nunca estuvo enamorada? ¿Y los poemas que te escribió? —Yo no digo que no estuvo, sino que nunca sentí que estuvo. Yo creo que lo suyo es algo muy cerebral, intelectual. — ¿Nada más? —También cama.): “Ya no será/ ya no/ no viviremos juntos/ no criaré a tu hijo/ no coseré tu ropa/ no te tendré de noche/ no te besaré al irme/ nunca sabrás quién fui/ por qué me amaron otros./ No llegaré a saber/ por qué ni cómo nunca/ ni si era de verdad/ lo que dijiste que era/ ni quién fuiste/ ni qué fui para ti/ ni cómo hubiera sido/ vivir juntos/ querernos/ esperarnos/ estar./ Yo no soy más que yo/ para siempre y tú/ ya/ no serás para mí/ más que tú./ Ya no estás/ en un día futuro/ No sabré dónde vives/ con quién/ ni si te acuerdas./ No me abrazarás nunca/ como esa noche/ nunca./ No volveré a tocarte./ No te veré morir.”

07 Junio 2019
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