Puig y el peronismo: Pensar las relaciones internacionales desde el Sur

Análisis internacional | Por Gonzalo Fiore

En el marco de los cien años de las Relaciones Internacionales como una disciplina de estudio estrictamente independiente, es interesante analizar distintos autores cuya obra es de gran importancia para comprender el mundo actual. Juan Carlos Puig fue un abogado, diplomático, académico y ex canciller, nacido en Rosario en 1928. Es considerado como uno de los grandes exponentes de las Relaciones Internacionales en Argentina. Escribió sobre el análisis de las relaciones entre las potencias centrales precisando el grado de autonomía que puede llegar a alcanzar un país periférico trabajando con otros países de la periferia. Fue, además, un teórico y analista muy cercano al peronismo.

Su concepto más famoso es el de la Autonomía Heterodoxa: cuando quienes detentan el poder de un Estado no niegan la conducción de la potencia dominante, evitando la confrontación en cuestiones estratégicas, sin coincidir necesariamente a la vez en ciertos puntos, renegando de cualquier tipo de imposición dogmática. Es decir, discrepando sin generar por ello conflictos con las potencias. El objetivo de seguir los lineamientos de la Autonomía Heterodoxa en materia de política exterior es básicamente el de llevar adelante acciones destinadas al desarrollo autónomo del país periférico. A diferencia de la Autonomía Secesionista, en cuyo caso el Estado “débil” corta todo tipo de relaciones con los países centrales. Generando de esta manera un enfrentamiento más o menos directo con la potencia.

El 25 de Mayo de 1973, tras el retorno de la democracia en Argentina y del peronismo al poder, Puig fue nombrado Canciller del gobierno de Héctor J. Cámpora. Experiencia que duraría tan solo 49 días, corriendo la misma suerte del fugaz gobierno del Frejuli. Durante su breve gestión al frente de la política exterior argentina, Puig tuvo la intención de devolverlo al rumbo de la histórica Tercera Posición Justicialista esbozada por el general Perón, aplicada durante sus dos primeros gobiernos. Tras el Golpe de Estado de 1976, Puig debió exiliarse en Venezuela. Es muy difícil pensar a la política exterior del peronismo sin los conceptos acuñados posteriormente por el académico rosarino, así como también sería extremadamente complicado imaginar a Puig sin el peronismo.

Coincidiendo con las características propias del nuevo orden mundial surgido tras el final de la Segunda Guerra Mundial, los diagnósticos sobre los que se estructuró la política exterior durante las dos presidencias de Juan Domingo Perón se basaron en concepciones realistas influidas por la historia de la diplomacia argentina. Perón, en su doctrina de la Tercera Posición Justicialista, se había mostrado alejado de los dos modelos en pugna en aquel momento: el comunismo impulsado por la Unión Soviética y el capitalismo liderado por los Estados Unidos. Esta doctrina sirvió de base teórica a la política exterior llevada a cabo por el ministro de Relaciones Exteriores del primer gobierno peronista, Juan Atiglio Bramuglia.

En ella predominaba un alto grado de realismo que se traduciría en la búsqueda de la autonomía heterodoxa durante los primeros años de la Guerra Fría. Se llevarían adelante relaciones amistosas con la Unión Soviética re estableciendo las relaciones diplomáticas dos días de asumir la presidencia en 1946. Anteriormente habían sido suspendidas por el gobierno de Hipólito Iriyogen tras Revolución de Octubre de 1917. Así como también el intento de mantener vínculos amistosos con los Estados Unidos, por ejemplo, con los acuerdos celebrados con la petrolera California Oil Company en 1955.

Perón escribía en referencia a la política exterior y a lo que creía que sucedería tras la Guerra Fría: “Pensamos que los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser, creemos igualmente que, desaparecida la causa, se entraría en el comienzo de la desaparición del efecto”. En 1971 desde su exilio en Madrid recordaría: “No es un secreto para nadie que cuando termino la Segunda Guerra Mundial, en 1945, se reunieron en Yalta el imperialismo yanqui y el imperialismo soviético (…) Hacen las conversaciones (…) y dividen el mundo. Trazan una línea y dicen: de acá para allá es de ustedes, de acá para allá es de nosotros. Una, donde debía gobernar el imperialismo soviético, y otra, para el imperialismo yanqui”. Puig tiene una opinión muy similar al utilizar el concepto de “impermeabilidad interbloques”.

El rosarino escribió que es imprescindible tener en cuenta las características de cómo funciona el tablero de la política internacional, a los efectos de conocer los parámetros dentro de los cuales se puede operar. Así como la autonomía es una decisión política, también lo es la dependencia. Para lograr una autonomía heterodoxa –caso del gobierno de Perón- o secesionista –como Cuba frente a los Estados Unidos tras la revolución, o China tras su ruptura con la URSS- es necesaria la viabilidad. En la Autonomía Heterodoxa, tal y como la describe Puig, no existe una confrontación directa con la potencia, sino más bien una independencia de esta al momento de llevar adelante la política exterior del país.

Tras el fin del bipolarismo, durante los años noventa, existió entre quienes gobernaban la región una idea de que era necesario subordinarse a la potencia triunfante. En la década posterior esto volvió a cambiar y se intentó buscar una nueva autonomía. Es muy común analizar la política tanto nacional como internacional con conceptos importados desde autores extranjeros que muchas veces no se corresponden con la realidad. Hoy, la Autonomía Heterodoxa, a pesar de que el mundo en el que la acuñó ya no existe, se encuentra más vigente que nunca. Las herramientas que nos brindó Juan Carlos Puig son muy importantes para pensar las Relaciones Internacionales y la política exterior de los estados desde una mirada argentina y latinoamericana. Parafraseando el tango, volviendo al sur.

09 Mayo 2019
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