El poder blando y el neo institucionalismo

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Continuando con la serie de columnas sobre importantes teóricas de las relaciones internacionales, a propósito del centenario de la disciplina, luego de haber analizado la autonomía heterodoxa de Juan Carlos Puig, en esta ocasión le toca el turno a Joseph Nye y al neoinstitucionalismo. Un teórico moderno, el estadounidense desarrolló toda su obra especialmente a partir de los años setenta. Una de sus creaciones más famosas es el softpower o poder blando, concepto que durante los años noventa adquirió una notoriedad particular al ser utilizado por funcionarios de Bill Clinton, luego volvió a estar en boca de personal de la Administración de Barack Obama. Básicamente, el softpower es la habilidad para obtener los resultados deseados por medio de la atracción de otros actores, en lugar de su manipulación o coacción. Reside en la aptitud que se tiene para especificar sus predilecciones –las prioridades que tiene un Estado respecto de su política exterior, por ejemplo- para de esta manera conseguir que los Estados compartan tanto intereses como ambiciones.

Es válido decir, entonces, que el softpower es la capacidad que detenta un actor internacional de influir en otro a partir de su estilo de vida, su escala de valores, su cultura, su capacidad de construir relato, su política exterior, a través de la acción diplomática, en lugar de realizarlo desde su poder militar. Mientras que el realismo se enfoca en el poder militar o en la economía y el liberalismo en las instituciones internacionales y en promover la democracia al estilo occidental, el constructivismo aborda el estudio del poder, de la construcción del poder; desde las ideas, y a partir de los intereses e identidades de los Estados como parte de un proceso histórico. Lo que importa es la idea de sociedad como formadora de creencias e intereses que logran establecer normas de comportamiento. Esto ha sido clave para los Estados Unidos a la hora de desenvolverse en materia de política exterior, especialmente gracias a su inmensa maquinaria propagandística, a partir de la música, películas, series, etc. También ha sido utilizado, por ejemplo, por el Vaticano, que al no disponer de fuerzas armadas ni poder militar, basa gran parte de su actuación en el tablero internacional en la influencia cultural que ejerce en otros Estados a partir de los valores religiosos.

El neo institucionalismo de Nye surge a partir de un contexto particular en el cuál la hegemonía estadounidense se vio disputada por fenómenos que no pudieron ser explicados a través de una visión centrada específicamente en el Estado, como lo hace la corriente teórica del realismo. Hechos tales como la crisis del petróleo de 1973 y su profundo impacto internacional dieron cuenta de una realidad internacional compleja que excedía lo político militar. Si bien el neo institucionalismo comparte los supuestos de la teoría neo realista respecto al carácter anárquico del sistema internacional y al rol preponderante del Estado como principal actor de la escena internacional, considera, de manera acertada, que no es el único. Esto supone que las relaciones establecidas entre Estados en un contexto de “interdependencia compleja” son esencialmente asimétricas ya que existen diferencias de poder entre los actores involucrados.

La interdependencia compleja, se entiende, según lo que escribió Nye junto a Robert Keohane en 1988 como “situaciones que generan efectos recíprocos entre países o actores en diferentes países”. Siempre existen costos ya que la interdependencia reduce los niveles de autonomía de las partes. No obstante, no debe descartarse la posibilidad de que una relación interdependiente pueda generar beneficios mutuos y de pie a sólidas relaciones de cooperación entre países. Una de las características básicas de la interdependencia compleja consiste en una menor importancia adjudicada al poder militar para la resolución de los conflictos. Este tipo de poder, entendido como hardpower, tiene una aplicación cada vez más limitada. La utilización del instrumento militar es cada vez más onerosa, ya sea por la mayor complejidad tecnológica del sector armamentístico, o por la mayor resistencia que pueden ofrecer los Estados a las agresiones externas. Esto sugiere la utilización de otras herramientas de poder menos tangible, el denominado poder blando, para la consecución de objetivos por medio de técnicas de atracción en vez de la coacción.

Pierre Laval, ministro de Asuntos Exteriores francés, se reunió con Joseph Stalin para firmar un tratado poco después que la Alemania nazi recupere su fuerza aérea e imponga el servicio militar obligatorio, en 1935. Durante la reunión, Laval le pidió al hombre de hierro soviético que disminuya la presión sobre los católicos rusos, ya que eso colaboraría a las relaciones francesas con el papa. Entonces, Joseph Stalin, en tono burlón le respondió: “¿Cuántos tanques tiene el papa?”. Subestimando así cualquier tipo de influencia de este en la escena geopolítica del momento. Sin embargo, con el pasar de los años se demostró que no todo tiene que ver con el poderío militar a la hora de desplegar influencia sobre otros actores. La Unión Soviética terminó desintegrándose mientras que el poder vaticano aún continúa presente en gran cantidad de países. En un mundo cada vez más complejo, donde los actores extra estatales cobran un protagonismo inédito hace tan solo unas décadas, el neo institucionalismo de Nye es fundamental para la comprensión de cómo funciona el tablero internacional.

15 Agosto 2019
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