El Realismo Periférico de Carlos Escudé

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

Continuando con la serie de artículos destinados a corrientes teóricas importantes, a propósito de los cien años de las Relaciones Internacionales como disciplina, analizaremos el Realismo Periférico de Carlos Escude. Junto a la Autonomía Heterodoxa de Juan Carlos Puig, la teoría que nos ocupa es el mayor aporte de la academia argentina al desarrollo teórico de las relaciones internacionales. Según Escudé, su teoría puede rastrearse a los tiempos del profeta Jeremías, quien ya en su momento fue tildado de traidor por haber querido establecer una alianza entre su patria -el Reino de Judá- y la superpotencia de su época –Babilonia-, para evitar la destrucción de Jerusalén y su Templo. Y por supuesto, en el griego Tucidides y su obra escrita en el Siglo V a.C., Historia de la guerra del Peloponeso, donde se escribe sobre los Estados débiles y el “realismo prudente” que deben tener en cuenta para alcanzar su desarrollo sin irritar con ello a quien detente la hegemonía en ese momento. Escudé desarrolló su teoría y la implementó durante los años noventa, cuando fue asesor de Guido Di Tella en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina durante un período en la década del noventa.

Escudé ha escrito que su Realismo Periférico es una “política exterior al servicio del pueblo”. Ya que el fin último es el desarrollo del Estado que la implementa. Para esta teoría son fundamentales los conceptos de inversión y consumo de autonomía. Es decir, entender muy bien en qué momentos se “puede” contradecir al hegemon y en cuáles no. El académico, egresado en la universidad de Yale, no ata su teoría a ningún tipo de modelo económico a la hora de ser utilizada. Crítico del neoliberalismo económico del gobierno de Carlos Menem, Escudé defiende fervientemente su política exterior. El argentino rastrea en la historia argentina hechos importantes que le sirven a la hora de desarrollar su teoría. Si bien, desde los albores del Estado argentino unificado, la política exterior argentina ha dado numerosos giros dependiendo de los vaivenes políticos, algunas cosas se han mantenido inconmovibles por lo menos hasta 1976. Ejemplo de ello es el presupuesto militar o la política educativa.

En un momento este comportamiento que se podría denominar realista, estuvo caracterizado por la implementación de una política exterior funcional al desarrollo de una estructura económica agropecuaria y exportadora en el plano económico y una política de relaciones privilegiadas con Europa, sobre todo con Gran Bretaña. Por otro lado, en este período comenzó la rivalidad con los Estados Unidos, entendido esto como un producto de la ambición de una elite política, intelectual y económica con base en Buenos Aires que pensaba en fortalecer sus propios intereses. Aunque todavía en ese momento -tomando en cuenta los conceptos del Dr. Escudé sobre inversión de autonomía y consumo de autonomía- la Argentina se encontraba en una posición donde podía permitirse confrontar con un país con los Estados Unidos sin arriesgarse a pagar ningún costo. Esto era, según Escudé, gracias a sus aceitadas relaciones con Europa, su gran desarrollo económico. Además de su vocación de factor determinante en la vida política del continente, que en las ideas de la elite gobernante llevaban implícito la expansión de las políticas de libre comercio y librecambistas en toda la región.

Durante los años dos mil, y luego de las “relaciones carnales” con los Estados Unidos de la década del noventa, podría decirse que el país adoptó un “realismo periférico” para con la República Popular China. Teniendo en cuenta los números de los beneficios que la sociedad comercial con el gigante asiático le aportó a la Argentina, es posible decir que se ha producido un alineamiento en los hechos que se traduce en beneficios reales para el país. Fundamental para levantarse de la peor crisis económica de nuestra historia, y especialmente útil para evitar una devaluación aún mayor en 2010 y 2012. En muchas ocasiones, Argentina, de manera consciente o no, llevó adelante una política exterior que podría encuadrarse dentro del Realismo Periférico. Es por ello que la importancia de lo desarrollado por Escudé sigue siendo extremadamente vital. Especialmente en un mundo multipolar, complejo y con reglas poco claras como el actual. Donde implementar una política exterior con beneficios para el pueblo requiere una gran muñeca diplomática.

Carlos Escudé es un personaje sumamente carismático, no poco afecto a los grandes gestos, que tuvo gran popularidad televisiva durante los años noventa y dos mil. En los últimos años tuvo un nuevo giro copernicano afirmando que “Luis D’Elia tenía razón” respecto de los atentados a la Amia y la Embajada de Israel. Judío converso, Escudé defendió el memorándum con Irán del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner que le valió un procesamiento a la ex presidenta, y prisiones preventivas para Luis D’Elia, el ex Secretario Legal y Técnico de la Presidencia Carlos Zanini y el ex Canciller Héctor Timmerman, que murió sin poder viajar a Estados Unidos para paliar la enfermedad terminal que padecía. En su momento Escudé aseguró que “la verdadera amenaza” no es la teocracia iraní sino “el terrorismo de origen sunita, que Estados Unidos financió durante la Guerra Fría.” El profesor Carlos Escudé siempre se mantuvo fiel a los postulados del Realismo Periférico, que dictan: “las políticas que generan costos para la población son inmorales. Para un país periférico, vulnerable, empobrecido y poco estratégico para los intereses vitales de las potencias centrales, la única política exterior moral es aquella que reduce los costos y riesgos de costos eventuales, maximiza beneficios.”

12 Septiembre 2019
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