Polarización anticipada

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

De cara a las elecciones presidenciales de este año, el presidente Mauricio Macri hizo varias apuestas políticas. Hasta ahora, todas ellas habían sido ideadas por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el consultor en marketing, Jaime Durán Barba, sus dos principales adláteres en tiempos de campañas electorales.

Ambos fueron los custodios de la principal hipótesis política de los dirigentes macristas. Desde su llegada a la Casa Rosada, repitieron incesantemente que el peronismo era el culpable de todos los males habidos y por haber. Al hablar de la decadencia argentina de los últimos 70 años, incluían de 1945 a 2015, obviamente.

Atento a ello, si bien siempre hubo algunos dirigentes de origen peronista junto al macrismo, nunca hubo un acuerdo político con el justicialismo, como sí lo hubo con el radicalismo. Desde ese punto de vista, la estrategia fue muy coherente: denostar al peronismo, dividirlo y polarizar con el kirchnerismo en la segunda vuelta.

Primero quisieron dividirlo en tres: Partido Justicialista (PJ), Unidad Ciudadana y Frente Renovador. Pero Cristina Fernández designó a Alberto Fernández como candidato a presidente y se reservó el segundo lugar como candidata a vicepresidenta. Eso fue suficiente para que la gran mayoría de los gobernadores peronistas no kirchneristas se alistaran tras el nuevo binomio. Primer fracaso.

El segundo intento fue dividir al peronismo en dos: la fórmula Alberto Fernández–Cristina Fernández de Kirchner (CFK), por un lado, y Sergio Massa, por el otro. Segundo fracaso. Se unieron y formaron el Frente Todos. Ni siquiera habrá elecciones primarias entre ellos.

En plena crisis y con el peronismo en proceso de reunificación, la nueva apuesta ha sido incorporar al presidente del principal bloque opositor del Senado de la Nación, el peronista Miguel Ángel Pichetto, como su candidato a vicepresidente. Esta vez, lejos de denostar y dividir al peronismo, el macrismo intenta sumar algún cabo suelto, anticipando la polarización para no perder en primera vuelta.

El caso Pichetto es diferente. Durante la gestión del presidente Macri al frente del Poder Ejecutivo nacional, él estuvo presidiendo el bloque de senadores del PJ. Valga la perogrullada, él fue opositor al gobierno macrista hasta que, de pronto y tras renunciar a su banca, se pasó al oficialismo nacional.

Los Fernández, Alberto y Cristina, se reconciliaron después de muchas diferencias entre ellos, pero no se pasaron al otro bando. El líder del Frente Renovador, Sergio Massa, tampoco se hizo oficialista. Todos siguieron siendo opositores al macrismo.

Un sinfín de especulaciones
Las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (Paso) solamente convalidarán los candidatos dispuestos previamente por las alianzas electorales, tanto la oficialista como las opositoras. Sin embargo, en los hechos, probablemente se conviertan en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y hagan prescindir de la segunda.

A pesar del sinfín de especulaciones a diestra y siniestra, nadie puede saber, en serio, cuáles serán los resultados políticos del Frente Todos. Algunos sienten que se trata de una histórica reunión de la inmensa mayoría del peronismo, liderando un amplio frente opositor con el propósito de terminar con el macrismo gobernante.

Otros, por el contrario, piensan que la juntada en contra del gobierno de Cambiemos es insostenible. En rigor, dudan que CFK quiera ceder algún poder político real a sus viejos detractores, más allá de las nuevas coincidencias.

Nadie puede saber, tampoco, las consecuencias electorales de la apertura del macrismo a un peronista como el Senador Pichetto. Por ahora, su pase no ha sido seguido por otros pases de dirigentes destacados de la oposición peronista al oficialismo macrista. Más allá de la notoria sobre exposición del novel oficialista, sus limitaciones para sumar apoyos importantes son más que obvias.

Resta saber, además, cuál será el comportamiento electoral de la Unión Cívica Radical (UCR) o, más precisamente, de los radicales. Vale la pena recordar que, por primera vez desde la recuperación de la democracia representativa en 1983, el centenario partido no tiene ni un precandidato de sus filas en las fórmulas presidenciales.

Las dudas siguen sobre las chances de la muy desgastada “tercera vía”, limitada al acuerdo de última hora entre Roberto Lavagna y el actual gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Parece difícil que la polarización anticipada no los debilite demasiado, más temprano, en las Paso del 22 de agosto, o más tarde, en la primera vuelta.

Entre tantas dudas, en nuestra Córdoba, el triunfante Partido Justicialista en las elecciones provinciales del reciente 12 de mayo no apoyará a ninguna fórmula presidencial. A pesar de las innegables presiones de ambos lados de la grieta. Claramente, el gobernador Juan Schiaretti, el más votado en la historia cordobesa, ha priorizado su gestión por encima de cualquier proyección personal.

Atento a la súbita desintegración de Alternativa Federal por las sucesivas partidas de Massa, Pichetto y Urtubey, la definición del justicialismo cordobés es lógica. Optar por alguno de los polos podría ser perjudicial para los intereses de la Provincia.

 

 

23 Junio 2019
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