Las siete vidas del Presidente

La Ciudad Hora Cero | Por José Emlio Graglia

Mauricio Macri es el primer presidente elegido mediante el sufragio universal, secreto y obligatorio que no procede del radicalismo ni del peronismo. Por lo tanto, su llegada a la Casa Rosada, el 10 de diciembre de 2015, ha sido un acontecimiento inédito, cargado de ilusiones para quienes lo votaron y de expectativas para el resto.

Después de cuatro años de Néstor Kirchner y ocho años de Cristina Fernández, la alianza electoral “Cambiemos” hizo su debut electoral. Tras perder en la primera vuelta, su candidato (con el 51,34 por ciento) se impuso al kirchnerista Daniel Scioli (con el 48,55 por ciento), en el único ballottage de la historia argentina.

La diferencia a favor del ganador fue pequeña: apenas 680.607 votos (12.997.937 de Macri versus 12.309.301 de Scioli). Ese tan ajustado resultado obtenido aquel 22 de noviembre de 2015, recomendaba un llamado del oficialismo a la oposición para un acuerdo. El Presidente no lo hizo. La soberbia le quitó una vida, la primera.

En nombre del “cambio”, el macrismo quiso, desde el primer día, aniquilar a la “vieja política”. Según su estrecha visión ideológica, el radicalismo y el peronismo eran su encarnación. Al primero, pudo someterlo a un indecoroso ostracismo. Al segundo quiso hacerlo culpable de todos los males habidos y por haber.

Aupado por un optimismo imberbe, el Presidente y sus funcionarios ignoraron a las otras fuerzas políticas. Para colmo de males, menospreciaron los problemas y sobreestimaron sus capacidades. Hacía falta un diagnóstico realista, decisiones y acciones consensuadas. El aislamiento le quitó otra vida, la segunda.

A pesar de la soberbia y el aislamiento, a mitad de su mandato, Cambiemos tuvo un segundo triunfo electoral, muy importante. En las elecciones legislativas del 2017, la mayoría del electorado argentino le ratificó la confianza. Otra vez, la situación recomendaba un llamado a la oposición para un gran acuerdo.

Sin embargo, inmediatamente después de ganar aquellas elecciones, el oficialismo lanzó las reelecciones de Mauricio Macri, de María Eugenia Vidal a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires y de Horacio Rodríguez Larreta a la jefatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El apresuramiento le quitó otra vida, la tercera. 

Por soberbia, aislamiento y apresuramiento, después de tres años y medio, el balance de su gestión es negativo. Así lo demuestran todas las encuestas de opinión existentes, tanto las contratadas por el oficialismo como las encargadas por la oposición. La gran mayoría de los argentinos valora negativamente su presidencia.

La vida que queda

La mayoritaria desaprobación ciudadana a la gestión presidencial no es una casualidad ni el efecto de una estrategia de los opositores de turno. La decepción de la gran mayoría de los argentinos es la consecuencia directa e inmediata del estrepitoso fracaso de las políticas de un gobierno arrogante, ensimismado y atropellado.

Son las promesas incumplidas las que hoy jaquean al Presidente Macri, poniendo en riesgo la continuidad de su gestión. Promesas de campaña repetidas sin ton ni son durante la gestión. La manía presidencial de seguir prometiendo y de dar buenas noticias ha sido autodestructiva. El incumplimiento le quitó otra vida, la cuarta.  

Los datos que publica el Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) respecto a la situación económica y social del país son lapidarios. No hay marketing que pueda ocultarlos. No hay relato que pueda justificarlos. No hace falta ser un militante de la oposición para saber que ha aumentado el desempleo, la pobreza y la desigualdad.

Los yerros de la gestión macrista han sido tantos y tan grandes que la gran mayoría del peronismo se ha reunido y puede ganar las elecciones, algo impensado dos años atrás. Hacía falta alguna autocrítica y, sobre esa base, corregir algún rumbo. El Presidente no lo hizo. La obstinación le quitó otra vida, la quinta. 

Frente a la reunificación del peronismo bajo el liderazgo de Cristina Fernández, el Presidente y sus partidarios actuaron a contramano de sus convicciones políticas. El fallido intento de sumar al Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y la incorporación in extremis de Miguel Ángel Pichetto, lo demuestran. 

Hasta entonces, Cambiemos defenestró al peronismo y ninguneó a los peronistas macristas. La convocatoria al dirigente peronista que presidía el bloque de senadores nacionales de la oposición, solamente se explica por el riesgo inminente de perder en primera vuelta. La contradicción le quitó otra vida, la sexta.

Sin embargo, a pesar de las muchas promesas incumplidas, la obstinación en los errores de la gestión y la contradicción en el discurso de la campaña, Mauricio Macri podría ser reelegido si hubiera segunda vuelta. Eso no depende de las escasas fortalezas del oficialismo sino de las sobradas debilidades de la oposición.

Para ganar, el Presidente y su candidato peronista a la vicepresidencia intentarán instalar entre los indecisos un par de sensaciones: “antes, creíamos que estábamos mejor pero era mentira, en cambio, ahora, sabemos que estamos mal pero es verdad”. Solo el miedo al pasado podría superar la decepción del presente, la séptima vida.

   

30 Junio 2019
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