Solo y esperando

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

Parafraseando al gran Raúl Scalabrini Ortiz, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, está solo y espera. Después de los irreversibles resultados de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) del domingo pasado, esa es la situación personal y política del primer mandatario.

El 10 de diciembre de 2015, Mauricio Macri bailaba en los balcones de la Casa Rosada mientras su vicepresidenta, Gabriela Michetti, cantaba “No me arrepiento de este amor”, la popular canción de Gilda. No era para menos, habían ganado el primer ballottage de la historia argentina con un 51,34% de los votos.

Vale la pena recordar que las elecciones presidenciales del año 2015 fueron el debut electoral de la alianza Cambiemos, integrada al efecto por tres agrupaciones políticas: el PRO (Propuesta Republicana, el partido de Mauricio Macri), la Unión Cívica Radical (UCR) y la Colisión Cívica de Elisa Carrió.

Casi de la nada, los candidatos de Cambiemos y, en particular del PRO, ganaron la Presidencia, junto con la jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba) y la Provincia de Buenos Aires. Desde entonces, el tridente del triunfo estuvo integrado por Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.

Durante la campaña electoral de 2015, Mauricio Macri hizo un sinfín de promesas incumplibles. Entre ellas, propuso “pobreza cero”, un ícono de la demagogia electoralista, a la altura de la “revolución productiva” y el “salariazo” de Carlos Menem. Sin embargo, no fue ese el primer ni el principal motivo de su triunfo.

El nombre de la novel alianza sintetizaba la idea que les dio ese gran triunfo. Después de 12 años de kirchnerismo, la mayoría de los argentinos quería un cambio. Muy lejos de los resultados económicos y sociales de Néstor Kirchner, el segundo mandato de Cristina Fernández había estado sobrecargado de irritación e intolerancia.

Sin embargo, el cambio nunca se hizo realidad. La “revolución de la alegría” que tanto pregonaron los candidatos de Cambiemos, se convirtió en una crisis económica y social de gran envergadura. Una crisis que el gobierno macrista no supo prever ni gestionar. La inflación y la recesión destruyeron el consumo y la producción.

Así, nada más que 44 meses después, los que se arrepintieron de ese amor fueron los argentinos. En las Paso, el presidente Macri y su candidato a la vicepresidencia, Miguel Ángel Pichetto, obtuvieron menos de un tercio de los votos. Dicho en otros términos, más de dos tercios votaron en contra de la gestión macrista. Contundente.

Llegar al 10 de diciembre
Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada como el primer presidente no radical ni peronista elegido por el pueblo. Había sumado a la Unión Cívica Radical y, al frente, tenía un peronismo derrotado y dividido. Las expectativas eran muchas. Pero también eran muchas las incógnitas y las dificultades.

Desde sus orígenes, el gobierno de Mauricio Macri cometió errores que, poco a poco, se volvieron horrores de y en la gestión. Para empezar, se autodenominaron “el mejor equipo de los últimos 50 años”. No solamente lo dijeron una y mil veces, se lo creyeron. Semejante soberbia no podía tener consecuencias positivas.

A partir de esa arrogancia, subestimaron los problemas reales de la economía y las finanzas públicas. Apostaron al marketing y, equivocadamente, supusieron que su llegada al gobierno garantizaría una lluvia de inversiones extranjeras, el consiguiente crecimiento del PBI, el aumento del empleo y la disminución de la pobreza.

Esa petulancia los hizo ningunear a los dirigentes peronistas y radicales que los apoyaban, hasta convertirlos en convidados de piedra. Nunca los consultaron. Solamente la escasísima autoestima de esos dirigentes hizo posible que continuaran en un gobierno ensimismado y dominado por Marcos Peña y Durán Barba.

Esa vanidad los hizo renegar de un diálogo político e intersectorial que el país necesitaba. Nunca convocaron a la oposición política. Tampoco a los dirigentes gremiales y empresariales. Creyeron que ellos eran el futuro y que el resto era decadente y corrompido. La jactancia los hizo perder el rumbo.

Sin dudas, el país que dejará Macri es mucho peor que el país que recibió, con más desigualdad, más pobres y más desocupados. Su gestión no solucionó los problemas que había. Todo lo contrario. Para colmo de males, creó nuevos problemas, como el monumental endeudamiento y la dependencia del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Presidente está solo. Sus funcionarios se esconden, unos se quieren ir y otros tratan de salvarse. Los radicales no lo defienden y Elisa Carrió lo hunde con sus desvaríos. Los propios lo cuestionan, con Vidal a la cabeza. Los periodistas adictos lo critican. Los empresarios amigos se reúnen con Alberto Fernández.

Su reelección es imposible. No por los resultados de las Paso sino por sus extravíos posteriores: su enojo, su arrepentimiento y su temeraria conversión al populismo que vino a erradicar. Si espera ganar un ballottage, se engaña. Si espera llegar al 10 de diciembre, debe gobernar como Presidente y no militar como candidato.

 

 

18 Agosto 2019
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