Intendencia vacante

La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia (Especial para HDC)

Córdoba es la segunda ciudad del país o, si se requiere, la primera del interior provincial. Por su cantidad de habitantes y, también, por su historia. La capital cordobesa concentra más del 40 por ciento de la población de toda la provincia. Además, es el centro de un área metropolitana donde viven dos tercios de los cordobeses.

Desde la recuperación de la democracia representativa, fue gobernada por intendentes de diversos partidos. Los primeros cuatro mandatos correspondieron a la Unión Cívica Radical (UCR). Dos intendentes muy diferentes dejaron una impronta que aún perdura.

Ramón Bautista Mestre, de 1983 a 1991, y Rubén Américo Martí, de 1991 a 1999, gobernaron 16 años en nombre de la UCR. Ambos fueron elegidos y reelegidos. Cada uno de ellos puso su propio sello a la gestión municipal. Por sus iniciativas y concreciones, gozan un lugar destacado entre los buenos recuerdos de los cordobeses.

La debacle empezó con Germán Kammerath, un menemista tardío que llegó al Palacio 6 de Julio gracias al apoyo de Unión por Córdoba y, particularmente, del peronismo cordobés. Su gestión fue muy negativa por la ciudad. Tanto que el electorado cordobés nunca volvió a elegir a un candidato de esa fuerza política.

Una avalancha de votos puso a Luis Juez al frente de la Municipalidad, en el año 2003. Su Partido Nuevo representó, a escala local, la furia ciudadana en contra de la política y de los políticos. La misma que echó al radical Fernando de la Rúa de la Presidencia de la Nación al grito de “que se vayan todos”.

Luis Juez consumió su gestión criticando la “herencia recibida” de su antecesor y, sobre todo, peleando con el gobernador De la Sota que, por entonces, transitaba su segundo mandato. Su gestión municipal estuvo subordinada a la pretensión de ser candidato a la gobernación provincial. El mayor de sus errores políticos.

El Partido Nuevo tuvo un segundo mandato, esta vez a cargo de Daniel Giacomino, quien había sido el viceintendente de Juez en la primera gestión de esa fuerza política. A pesar de su buena relación institucional con el por entonces gobernador Juan Schiaretti, la pelea al interior del juecismo lo debilitó al punto de incapacitarlo para desempeñar una gestión regular.

Así las cosas, después de los gobiernos de Mestre y Martí, Córdoba sufrió tres gestiones sucesivas que aportaron poco y nada al desarrollo de esta urbe metropolitana. Podría decirse que Kammerath no supo, Juez no quiso y Giacomino no pudo. En definitiva, los tres provocaron una intendencia vacante, sin planificación, sin obras de infraestructura ni servicios de calidad, abandonada a su suerte.
Historia repetida
En su segundo intento, Ramón Javier Mestre ganó las elecciones municipales del año 2011. De esa manera, recuperó el Palacio 6 de Julio para la UCR, después de 12 años. El desgaste político del juecismo y la pelea interna del peronismo le abrieron la puerta a un triunfo electoral histórico para su partido.

A pesar de la escasa cantidad de votos que lo consagró intendente municipal (un tercio del electorado), las expectativas fueron muchas. Por su juventud, su apellido y una propuesta que prometía superar la decadencia en la que estaba la ciudad por entonces.

Mestre (h) completó su primer mandato criticando las “herencias recibidas” y quejándose por la falta de apoyo del gobierno nacional encabezado por Cristina Fernández. De lo mismo se quejaba el gobernador De la Sota y ambos tenían razones de sobra. Por aquellos años, la ex presidenta fue particularmente hostil con Córdoba.

Más allá de las justificaciones, su mandato fue deslucido. Sin embargo, le alcanzó para ser reelegido en el año 2015. Un hecho que se había dado por última vez en 1995, con motivo de la reelección de Rubén Martí. El apoyo electoral fue tan escaso como la primera vez, aunque suficiente para recrear las expectativas originales.

Muchos supusieron que, después de un mandato, las cuentas municipales ya estarían ordenadas. Ese supuesto ordenamiento financiero y, sobre todo, el alineamiento con el presidente de la Nación, Mauricio Macri, creaban una plataforma casi ideal para una gestión de excelencia.

Lamentablemente, Ramón Mestre (h) cometió el mismo error que Luis Juez -su antiguo enemigo político y actual socio en Cambiemos- cuando fue intendente. Subordinó su gestión municipal a la pretensión de ser candidato a la gobernación provincial. Este apresuramiento lo ha desenfocado, perdiendo efectividad y apoyo.

Una consecuencia de ese desenfoque es la negativa a suscribir el Acuerdo de Diálogo y Convivencia Social que el gobierno provincial firmó con 350 (de las 427) municipalidades y comunas de Córdoba. Su negativa privará a la ciudad de recursos que son necesarios para obras y servicios que mejoren la calidad de vida de los vecinos.

La crisis que vive la Argentina requiere gestos de grandeza de sus gobernantes. La capital cordobesa necesita un jefe comunal que se ocupe de la gestión municipal, de diseñar y gestionar políticas que resuelvan los problemas de la gente común. No es bueno que el titular del Palacio 6 de Julio priorice una precandidatura a gobernador y que, otra vez, la intendencia quede vacante.

06 Agosto 2018
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