Once

Ecos de mañana | Por Andrés Nieva

Escuchá Once en su versión audiocuento

La voz que relata, divaga por un pensamiento que lo asalta cada día que mira el paisaje citadino. Le gusta mirar gatos, verlos saltar de pared en pared. El maullar le da curiosidad. Lee libros de gatos. Se le vienen a la mente la fascinación de escritores por el animal de bigotes.

En internet vio fotografías de escritores con gatos, los que admira y los otros.
Cada día ve gatos desde el balcón. Vive con su novia en un edificio modesto.
Un día fueron al cine a ver un documental de Herzog acerca de las nuevas tecnologías y de los inicios de Internet. A la salida, mientras esperaba en el colectivo, en la entrada de un pasillo vieron un gato que recordaron por semanas. Su fisonomía y pelaje parecían cuadros de tela simulando la imagen de una vaca. Esa noche la conversación giró en torno al felino. Lo llamaron el gato vaca.

Continuaron sus días con sus trabajos, escuchando canciones y traduciendo las garras de la tarde. Leyeron libros acerca de gatos. Recuerda una antología de Bukowski con poemas dedicado a todos los gatos que lo acompañaron, con fotos y dibujos. No le salía dibujar gatos, siempre terminaban pareciendo perros.

Ella se hizo fan de una página que rescata gatos. Le avisaron de una gatita salvaje, que estaba abandonada en una casona de barrio Alberdi. Le mandaron una foto. A uno de los rescatistas lo atropelló un auto en la avenida Colón. La paciencia de ambos tuvo que sostenerse con canciones.

Después de unas semanas pensaron el nombre de la gatita. A los dos les gustaba un nombre, Once. Lo sacaron de la serie Stranger Things. Una chica con poderes.
Cuando les avisaron que ya habían atrapado la gatita, llenaron sus rostros de felicidad. La trajeron en una caja y la dejaron que investigue todos los rincones del departamento. Horas antes había sido castrada, se arrastraba y estaba temerosa. Durmió en el vértice de dos paredes.

El día siguiente, su novia fue a visitar amigos en una de las diagonales cercanas. Él se quedó leyendo en la habitación unos ensayos de Wallace Stevens. De vez en cuando miraba a Once y estaba echada o comiendo. Después de releer unas frases que subrayó, fue a la cocina para servirse un vaso de agua y la gatita no estaba. Miró debajo de las mesas y nada. Luego debajo de la cama y el mismo resultado. Se puso nervioso, subió a la terraza, no había luz, alumbró con la pantalla de su celular y nada, bajó dos pisos y en la vereda miró hacia todas partes con resultado negativo. Le mandó un Whatsapp a su novia contando la extraña ausencia. Cuando regresó buscaron por cada centímetro y nada pudieron ver.

Los días continuaron con el sentimiento de melancolía y esperanza del regreso. Ella dejaba comida y agua por si Once tenía miedo y esto era parte de su adaptación. Durante el día la comida y el agua permanecían en las mismas cantidades que habían sido dejados en sus platitos. Se iban a adormir y a la mañana siguiente los platitos estaban vacíos. Pensaron en roedores. La misma escena se repitió varias veces.

Una noche ella quiso prender el horno para calentar la cena. Prender el horno no se le daba bien. Intentó varias veces y no pudo. Sin paciencia lanzó una maldición al horno y le dio una patada. Once salió del espacio que se encuentra entre la parte trasera de la cocina y la pared. Luego encontró un nuevo lugar para estar, debajo de la cama. Uno de los dos corría la cama, la agarraba y la llevaba a otros lugares del departamento, con el deseo de que pronto estaría con la suficiente confianza de saber que nadie le haría daño. Los que lograron rescatarla les dijeron que después de los quince días se adaptaban. Sucedió a los veinte.

Una mañana mientras desayunaban café en las tazas con forma de gato, ella tuvo el siguiente pensamiento: ¿Cómo nos ven los gatos? Se refería como si fuera una película, ellos observan desde su tamaño todo. No se ven nuestros rostros, sólo el pensamiento felino con una voz en off.

Una mañana a ella le comentaron de Once, le dijeron que era la gatita salvaje de Alberdi. La voz que se lo dijo, también agregó que comía pan duro y basura. Se alegraba de que alguien la hubiera rescatado y pueda cuidarla.

En la veterinaria le sacaron los puntos de la operación y le compraron ratitas de juguete que cazaba por el pasillo y terminaba convirtiéndolas en pedazos de materia irreconocible.

Once tiene una fascinación por los dedos de los pies de humanos. Le encanta rasguñarlos y salir corriendo. Por la madrugada, con el primer rayo de luz que entra por los espacios de la persiana, Once rasguña las manos de él, señal de que quiere ver el día desde el balcón.

Por las noches se la escucha comer y rascar las piedritas sanitarias y deambular de aquí para allá, saltando, corriendo y cazando las bocinas de la noche. Anoche se la notó inquieta y era señal de que algo pasaría. La noche fue atravesada por el chillido de una rata. Encendieron las luces y Once había cazado una presa.
Cada día de Once es algo nuevo por descubrir. Una página tras otra que irá escribiendo y cazando o jugando con sus garras y el motor del ronroneo.

Andrés Nieva

(Villa Dolores, Córdoba, 1973) Publicó Love will tear us apart (Ediciones Diatriba, 2011), Los diarios robados (Postales japonesas editora, 2012), La casa con tres patios (Ediciones Diatriba, 2014), Poemas nocturnos (Llanto de mudo, 2015), Antes que se pierdan (Postales japonesas editora, 2015), La electricidad de la anguila, (Postales japonesas editora, 2016), Empleado de feria, (SinEditorial, 2017), Hotel de aliens (SinEditorial, 2017), Ninalquín (SinEditorial, 2017), Once, con ilustraciones de Victoria Demaría, (SinEditorial, 2018), El alfabeto de la lluvia, (Narvaja editor, 2018).Dirigió la editorial Textos de Cartón 2009-2016. Lleva adelante Postales Japonesas Editora desde 2010.

Poeta de lo cotidiano, lo emotivo y lo sutil, Andrés Nieva nos presenta en esta ocasión un díptico sobre dos vidas, que sirven como muestra de estilo: una gatita que es adoptada por una pareja y un poeta secreto del Valle de Traslasierra. Dos excusas para escribir sobre el paso del tiempo y sobre lo mágico e invisible que sucede mientras gastamos nuestros días entre trámites, compromisos y obligaciones.

El audiocuento es una realización de “Staff de Cuentos Criollos”

@cuentoscriollo

07 Febrero 2019
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