Lemebel: “un eco subterráneo que nos canta”

CINE | Por Natalia Garayalde

Pedro Lemebel hacía intervenciones envuelto en una aureola de cuchillos sangrantes. El Manifiesto (hablo por mi diferencia) sacudió la conservadora sociedad de Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet a fines de los años ´80. “Como figura política era poderoso, intenso, agudo y valiente. Por su forma de plantarse frente al mundo desde los tacos, desde su homosexualidad y su marginalidad” me dijo Joanna Reposi Garibaldi, directora del filme Lemebel que se estrenó en Santiago de Chile con una celebración en el Centro Arte Alameda. Bailé con ella la “triste cueca democrática” después de la proyección, intercambiamos números y nos mandamos mensajes de audios que aquí transcribo como un anticipo de este documental que estrenará el próximo año en Argentina para recuperar al autor de un Loco afán.

HDC: ¿Cómo conociste a Pedro y cuándo empezaste a registrarlo?
Joanna: Fue en el año 2000. Yo trabajaba en un programa de televisión que se llamaba el Show de los Libros, donde llevábamos literatura a la pantalla, hacíamos entrevistas a escritores y luego representábamos los textos a través de videoarte o dramatizaciones. Después me fui a estudiar cine a Londres, regresé y en el 2007 le propuse hacer una película sobre su obra visual. Él ya había explotado con el Tengo miedo torero, Bolaño había hablado de Lemebel como uno de los escritores más importantes de hispanoamérica y Planeta ya lo había empezado a editar. Su discurso está en su literatura. Por eso yo quería rescatar su figura, la mirada performática que era menos conocida. Además me interesaba explorar cinematográficamente con el archivo visual. El registro duró ocho años y doce años en terminarse.

HDC: ¿Cómo fueron los encuentros durante esos ocho años de rodaje?
J: Fueron de manera intermitente. Primero comprábamos pan en la esquina y palta, me preparaba un rico té, una rica “once” y conversábamos de la vida, del amor, de nuestros proyectos y recién a la noche partíamos grabando y terminábamos tomando cerveza hasta altas horas de la madrugada. Eran jornadas donde yo partía sola, me conseguía cámaras con amigos, usaba lo que estaba a disposición, me sentía un macaco. Yo era un obrero de lo audiovisual. Viajaba con mi proyector de diapo, con el trípode, la cámara, el sonido. Y por eso son las tomas como están, desde un ángulo. Dejaba el trípode ahí y conversábamos. Era sólo desde un tiro de cámara. Y con el tiempo ese registro empezó a adquirir más fuerza.

HDC: ¿Qué conceptos o metáforas de Lemebel recuperás para el tratamiento estético del filme?
J: Él usó su cuerpo para expresarse. Hoy nosotros construimos un cuerpo para traerlo nuevamente a escena. Está también el barrio de Pedro, retratrado en distintas texturas en super 8mm. Me parece interesante conocer el contexto de este personaje que viene del margen que él dignifica en su obra. Ese pasillo que aparece varias veces en la película es donde él creó sus primeras performances, donde él se fotografió cuando era niño. Por eso hicimos una instalación en ese espacio donde la imagen hoy adquiere una dimensión distinta. Pedro en esas imágenes aparece como sombra. Él lamentablemente no llegó a ver la película. Con Pedro llegamos a hacer esas proyecciones en su barrio y en su casa. Ese fue un trabajo que hicimos juntos. Y lo terminé sin él.

HDC: ¿La película es una biopic? ¿una elegía? ¿un manifiesto?
J: Es un retrato. Mi visión de Lemebel desde la perfomance y su intimidad. Son reflexiones de Pedro acerca de su obra visual y conversaciones cotidianas con una amiga en su espacio íntimo.

HDC: ¿Con qué otras personas te contactaste para completar su retrato? ¿Y qué archivos aparecen en la película?
J: Cuando él muere empiezo a hacer investigación, empiezo a entrevistar a cuarenta personas que pertenecen al círculo íntimo de Lemebel en distintos momentos de su vida. Y es ahí donde yo empiezo a entender la complejidad del personaje y comienzo a hacer estas entrevistas en off. Me interesaba entender la dimensión del personaje y en todo caso incluirlas de modo coral para poner ciertas cosas en contexto pero no para identificar quién estuviera hablando a cámara. Entrevisté a su hermano, amigos de infancia, Pía Barros, Carmen Berenguer, a mujeres que estuvieron con él en Radio Tierra, fotográfos y videistas que lo retrataron, Sergio Parra, Pedro Montes, Juan Pablo Sutherland, Claudia Perez, Rodrigo Muñoz, Tevo Diaz. Amigos, conocidos y desconocidos.
Hago todo un año de entrevistas pero en paralelo empiezo a recoger material de archivo de fotógrafos como Paz Errázuriz, videistas como Patricio Alarcón, Pedro Marinello, Claudia Román, Gabriela Jara. Se me olvidan ahora pero al final de la película hay grandes créditos donde aparecen todos los entrevistados que lo retrataron para poder reconstruir el imaginario visual que tenía Pedro Lemebel y Las Yeguas del Apocalipsis.

 

 
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