Violencia sexual en el Chile de Piñera

Por Jaqueline Vassallo

Desde hace días el gobierno de Sebastián Piñera viene desplegando dispositivos represivos sobre las protestas masivas del pueblo chileno, en las que se incluyen repertorios de violencia de género y sexual como forma de intensificación de la opresión.

La violencia estatal hacia las mujeres, exacerbada hasta alcanzar dimensiones extremas, ha sido denunciada recientemente por el colectivo “Autoras chilenas, organización de escritoras feministas”, en cuyo documento señalan casos comprobados de violaciones de mujeres que han sido perpetradas por las fuerzas represivas estatales.

“Las calles de Santiago y otras ciudades están patrulladas por las fuerzas armadas y la represión al legítimo derecho de protesta ha sido violenta y generalizada. Han muerto ya 18 personas (cifra que hasta ayer había aumentado a 21), y el Instituto Nacional de Derechos Humanos informa de más de 2400 detenidos y cientos de heridos. Hay denuncias comprobadas de violencia política sexual por parte de militares a mujeres detenidas, así como casos de tortura en diversos lugares del país”.

Los relatos de algunas víctimas -que nos llegan a través de los medios masivos de comunicación-, también dan cuenta de otras formas de violencia sexual a las que están siendo sometidas las mujeres una vez que son detenidas: desnudez forzada, golpes y hasta les arrojan agua. De esta suerte, los cuerpos de las mujeres son considerados como parte del territorio a “conquistar” por las fuerzas represivas. Sin lugar a dudas, las numerosas reflexiones vertidas por la academia en torno a la represión que se ejerció sobre los cuerpos de las mujeres durante la última dictadura militar argentina, pueden ayudarnos a reflexionar sobre lo que está ocurriendo en el Chile actual.

Como ha señalado hace unos años la politóloga argentina Pilar Calveiro, la desnudez de la detenida, aumenta su indefensión, pero también expresa una voluntad de hacerla “transparente”, violar su intimidad, apoderarse de “sus secretos”. En tanto que las violaciones apuntan a mostrar el poder de los represores sobre las mujeres: devastarlas psicológicamente y quebrar los lazos de solidaridad con otros.

Al respecto, la socióloga Elizabeth Jelin entiende que se trata de prácticas basadas en el conocimiento casi ‘científico’ del efecto destructor de las personas que conllevan como parte de una estrategia política para destruir al “enemigo” y las bases culturales que definen la pertenencia de esas mujeres a una comunidad”. A lo que añade, que constituye no solo una afrenta a ellas, sino también a la masculinidad de los hombres “que no pudieron defenderlas”.

Tanto la desnudez forzada como las violaciones son formas de violencia en las que la fuerza gira en torno a la humillación de la víctima, y en las que se reproducen las diferencias jerárquicas de géneros, que simbolizan el sometimiento de las mujeres detenidas al poder físico y político de los represores.

Por todo lo dicho, Victoria Álvarez advierte que estas prácticas están lejos de tratarse de “desbordes de la excitación sádica de los perpetradores”, sino de formas de violencia concretas aplicadas con el objetivo de castigar a las mujeres por haberse apartado de los roles tradicionales de género. Y en este caso, por salir a las calles a manifestarse contra del modelo social, político y económico de Chile.

Una vez más, el poder represor estatal se articula con el ancestral poder patriarcal y que se expresa de forma diferenciada sobre los cuerpos de las mujeres chilenas. Mujeres que han salido valientemente a las calles -muchas con niños y niñas pequeñas-, y cuya masiva participación en las protestas está siendo especialmente visibilizada por estudiosos y especialistas en política internacional de Argentina.

 
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