Sobre los cambios y el dolor

El cine cordobés se hace presente en el Festival de Mar del Plata con dos largometrajes de estreno: “Venezia”, de Rodrigo Guerrero, y “Azul el mar”, de Sabrina Moreno 

Por Martín Iparraguirre, enviado especial a Mar del Plata

La delegación cordobesa del 34º Festival Internacional de Mar del Plata desembarcó el lunes con el estreno de “Venezia”, nueva película de Rodrigo Guerrero, en el Panorama Nacional, que como su título indica transcurre en la célebre ciudad italiana aunque narra una experiencia absolutamente distinta a las que uno puede imaginar cuando piensa en ese centro del turismo global. Más a tono con “El invierno de los raros” (2011) que con “El tercero” (2014), anteriores películas del director, “Venezia” pone en escena la experiencia del duelo, el momento inmediatamente posterior a la caída en el vacío que significa la desaparición abrupta de un ser querido. Con una cuidada puesta de cámara que sigue obstinadamente a su protagonista Sofía (Paula Lussi), una joven que acaba de perder a su marido en plena luna de miel, el director registra ese estado de shock que sigue a la experiencia de la muerte, una suspensión de todas las certidumbres que sume a quien la padece en un estado de desorientación absoluto ante el obligado periplo interior que debe encarar para intentar encontrar un nuevo sentido a la vida en soledad. El filme se estrenará la semana próxima en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, cuando lo abordaremos con mayor profundidad.

Pero el otro largometraje cordobés que se estrenará en la ciudad feliz llegará el próximo sábado y significará el debut de una nueva directora local: Sabrina Moreno, también guionista, montajista y docente en la Facultad de Artes de la UNC. Para su primera película, titulada “Azul el mar”, la directora decide abordar nada menos que los mandatos familiares para la mujer a partir de un viaje familiar a Mar del Plata en un tiempo más bien indeterminado, pero que remite a los años `90, donde su protagonista (interpretada por Umbra Colombo) entrará en una crisis incierta con sus lugares de madre, esposa y hasta mujer, desatando una tormenta de final impredecible. Aquí, la propia Moreno nos explica las búsquedas que hay detrás de su primera película.

HDC: Contanos el germen de la película, ¿por qué elegiste una historia de desamor para tu ópera prima?

Sabrina Moreno (SM): La película nace de los recuerdos de mis viajes familiares a Mar del Plata. Solíamos venir bastante seguido y pasar ese tiempo acá se convertía en una esfera distinta a la cotidiana. Muchas veces era como si pudiéramos poner todo en pausa, como si nuestros vínculos funcionaran de otra forma, como si las tensiones se diluyeran rápidamente porque veníamos a disfrutar y priorizábamos el estar cerca del otro. Y creo que ese mundo particular me quedó grabado, y me llevó a pensar cómo funcionan las familias para sobrevivir.
Para mí particularmente no se trata de una historia de desamor, pensando en el concepto del amor romántico, sino más bien de desencuentros, de desilusiones, de postergaciones. Mi idea se basa en mostrar lo complejo que pueden ser los vínculos familiares y cómo los roles que se construyen en ese círculo muchas veces implican dispositivos que van operando de manera muy opresiva y que, sin embargo, naturalizamos.

HDC: ¿Cuáles son los sentimientos que intentaste explorar en tu protagonista?

SM: El personaje de Lola surge en base a la imagen de mi mamá, que funcionaba como un pilar en mi familia y que para mí representaba una figura misteriosa. A veces podía ver que ocultaba algo, que su mirada era más compleja de lo que quería mostrar, como si le faltara algo. Y sin embargo, si alguien la veía de afuera podía pensar que tenía todo lo que hubiera deseado. Era una mujer bella, inteligente, emprendedora, reconocida y querida en su ámbito laboral, había logrado construir una buena familia: tenía todo lo que en general la gente busca para alcanzar la felicidad.
Entonces, el rol de la mujer se plantea desde ese lugar, de poder detenerse a pensar por qué hacemos lo que hacemos y si es eso lo que realmente queremos. Lo que no significa necesariamente que una ya no quiera tener una pareja y formar una familia, sino replantear esos roles que nos venían muy impuestos y construir una propia manera de vincularnos que nos funcione mejor. Una de las tareas más complejas que nos toca como mujeres es cómo lograr un equilibrio entre las personas que buscamos ser y las responsabilidades que sentimos hacia los otros, sobre todo la pareja y los hijos.

HDC: La naturaleza funciona como una especie de duplicación de los sentimientos ocultos de la protagonista... ¿Cuál fue tu búsqueda en este sentido?

SM: Sí, la naturaleza funciona como un espacio interior del personaje de Lola, en donde podemos ver ese vínculo personal que ella tiene consigo misma, podemos experimentar junto a ella qué es lo que siente en lo más profundo de su ser, más allá de lo que muestra a los demás. Para mí, Lola es el propio mar, que puede ser muchas cosas a la vez: es intenso y magnífico y así como puede ser lo que nos abraza, al mismo tiempo puede ser lo que nos produce temor.
Asimismo, la idea era trabajar la estructura de la película con la misma sensación que genera una tormenta de verano, en la cual, cuando el viento cambia o el cielo truena, nos anticipa algo que va a venir, pero no sabemos exactamente cuándo ni que magnitud tendrá, no sabemos si es algo que va a pasar rápido o va a persistir, no sabemos el impacto que nos puede producir. Entonces, el relato va jugando también con esa tensión que genera el percibir sin saber del todo qué es lo que percibimos.

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