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Rodrigo Guerrero habla de “Venezia”, su nueva película que hoy estrena en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

Por Martín Iparraguirre

A Rodrigo Guerrero, director de “El invierno de los raros” (2011) y “El tercero” (2014), no le atraen los temas fáciles: con “Venezia”, su nuevo opus que acaba de llevarse dos premios no oficiales en el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se mete con una de las experiencias más dramáticas que puede experimentar una persona, como es la muerte inesperada de su compañero de vida. El filme rodado en la famosa ciudad italiana, que hoy estrenará el Cineclub Municipal Hugo del Carril (ver Cartelera de Espectáculos), explora ese estado de desorientación que sigue a la muerte de un ser querido, potenciado por las circunstancias que le tocan vivir a su protagonista Sofía (Paula Lussi), una joven que pierde a su marido en plena luna de miel.

Sin embargo, el director cordobés registra ese obligado periplo interior que afronta su personaje sin picos melodramáticos, con una cuidada puesta en escena que trabaja la relación de Sofía con los espacios y las costumbres de esa ciudad de un modo poético, donde la puesta de cámara funciona como empática compañía de esa mujer arrojada sin previo aviso al vacío de la existencia.

HDC: ¿Cómo surgió la película? y ¿por qué decidiste contar esta historia de duelo abrupto, inesperado?

Rodrigo Guerrero (RG): El proyecto surgió a partir de nuestra decisión de participar en un concurso que organiza el Festival de Venecia para producir películas de bajo presupuesto. Junto con Paula Lussi (protagonista) comenzamos a recopilar historias de viajes al viejo continente. Así llegamos a una anécdota de un matrimonio amigo de los padres de Paula que vivieron una situación dramática similar a la que narra la película: una pareja que llega a Europa y, a horas de arribar al hotel, el esposo muere de un paro cardíaco y ella queda sola, atravesada por la dolorosa vivencia del duelo y resolviendo todas las cuestiones administrativas que implica el regreso al país con una persona fallecida. En la historia que nos inspiró, la mujer decidió continuar todo el viaje como lo había programado con su pareja. Eso nos resultó conmovedor y avivó nuestro deseo de contar una historia que explore cómo los seres humanos nos enfrentamos a la experiencia irremediable y muchas veces inesperada de la muerte.

HDC: ¿Qué te atraía de esa situación?

RG: Sobre todo, el sinsentido que evidencia la finitud de las cosas. En la vorágine del día a día perdemos noción de que estamos de paso, pero cuando sucede un acontecimiento irremediable como la muerte, se trastoca la percepción habitual del tiempo y del espacio. Básicamente sentimos que todo el movimiento del mundo sigue a pesar nuestro. Es como estar en un limbo; y eso es lo que nos interesaba explorar con este personaje deambulando por las calles de Venecia alejada de todo y de todos con esa sensación de no ser nada, de estar y no estar.

HDC: ¿Cómo filmar ese vacío? ¿Pensaste en alguna estrategia narrativa o estética?

RG: En términos narrativos definimos que el personaje esté mayormente vagando sin rumbos por la ciudad, que pudiera perderse por las calles de Venecia, como para enfatizar justamente esa sensación de vacío, de perdida y de ser y estar a la deriva, abandonada. Y en términos formales pensamos algo orgánico que nos posibilitara acompañar al personaje en ese devenir y perdernos con ella. Por eso la cámara está todo el tiempo encima de Sofía, incluso por momentos tomando su punto de vista subjetivo en términos visuales y sonoros. Existen unos recorridos de cámara subjetiva que rápidamente pueden asimilarse al personaje y sonoramente trabajamos con cierta musicalidad de fondo que se confunde con el sonido ambiente pero que nos aproxima a la perturbación emocional y a la angustia de la protagonista.

HDC: ¿Por qué decidiste ambientarla en Vencia?

RG: Cuando encontramos la anécdota que nos inspiró y la “juntamos” con nuestra idea de grabar una película en la ciudad de Venecia, sentimos que era una dualidad que podía funcionar muy bien, fundamentalmente por dos motivos. En primer lugar, Venecia es una ciudad que está asociada a la idea romántica del amor y a los viajes de las parejas en su luna de miel. Eso ya remarca el absurdo de todo, cómo pensar que alguien puede vivir semejante tragedia en una de las ciudades más emblemáticas del amor romántico. Pero también nos resultaba muy atractivo todo lo que sucede en relación al agua, la marea sube (como está sucediendo en este momento de manera trágica) y la ciudad se hunde, se ahoga, se asfixia… y eso también tiene que ver con las sensaciones que vive la protagonista.

HDC: ¿Cómo decidiste filmar la ciudad?

RG: Desde un principio queríamos corrernos de la típica postal turística de la ciudad de Venecia. Eso fue un gran desafío porque es una ciudad que todos conocemos o de la cual tenemos imágenes mentales, independientemente de que hayamos estado allí o no. Creo que en ese sentido nos ayudó desde el vamos la decisión de utilizar el formato 4:3 y el desentendernos la idea de una Venecia “panorámica”. Pero también fue muy estimulante que prácticamente ninguno de los que participábamos en la película conocíamos la ciudad, entonces el primer impacto, las primeras horas, los primeros días, fueron cruciales para reconocer e identificar qué tenía la ciudad más allá de lo turísticamente conocido. En función de eso definimos que el personaje iba a desplazarse desde el centro hacia los márgenes, también como una manera de no querer estar en los espacios que seguramente iba a recorrer con su esposo. En ese sentido la vivencia del dolor la corre de lugar, la lleva a lugares más inesperados e inciertos.

 

 
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