Un 8 de marzo entre reflexiones y militancias

Jaqueline Vassallo | Especial para HDC

Un nuevo 8 de marzo se acerca. Hace ya varios años que las feministas argentinas salimos a las calles, participamos de debates académicos y políticos, hacemos paros, marchas, sentadas y vigilias. Celebramos los Encuentros Nacionales de Mujeres, nos movilizamos por el reconocimiento de nuestros derechos, contra las múltiples violencias de género, la interrupción legal del embarazo, la despenalización del aborto y continuamos interpelando discursos y prácticas patriarcales.

Durante siglos, en las sociedades patriarcales existieron discursos sociales que construyeron representaciones de género, que estereotiparon y esencializaron a las mujeres Juristas, teólogos, médicos, literatos, entre otros, nos asignaron inferioridad física e intelectual, nos llamaron peligrosas, nos vincularon a la locura, al pecado, a lo demoníaco, al engaño, la indiscreción, la charlatanería incluso, nos compararon con animales. Fue así como dispusieron para nosotras lugares y roles sociales concretos: la casa, la maternidad y la heterosexualidad obligatorias, la vida religiosa e incluso a las mujeres trabajadoras se las miraba con recelo; lo que llevó a transitar por situaciones de desigualdad, padecer múltiples violencias y discriminaciones a buena parte de la humanidad hasta el día de hoy.

Entre estos discursos que se complementaban y sostenían entre sí, se encuentra la literatura popular, anónima, de tradición oral, como los proverbios y las coplas, que, a manera de sentencias irreductibles, enseñaron a desconfiar de las mujeres, despreciarlas, odiarlas, castigarlas o retenerlas.

Quisiera compartir algunos proverbios españoles de distintos períodos históricos que llegaron a estas tierras y unas pocas coplas latinoamericanas que hace unos años recopiló la escritora argentina Ana María Shua, en un magnífico libro titulado “El libro de las mujeres”. Con ello nos proponemos entender, de manera contundente de lo que estamos hablando y del trabajo que aún hoy nos asiste en deconstruir y democratizar las sociedades patriarcales en las que vivimos.

En lo que el diablo no sabe hacer, pide consejo a la mujer / Casa sin madre, río sin cauce/ Amor de madre, que todo lo otro es arre/ Para animal ingrato, mujer y gato/ Cuando la gallina se mete a gallo, enseguida remediallo/ En la casa del ruin, la mujer es alguacil/ La mujer debe ser como la mula, la boca sangrienta/ A la mujer y a la cabra, soga larga/ La mujer honrada, la pierna quebrada y en casa/la mujer y la gallina, hasta la casa e la vecina/ La mujer, por más guardar, no está guardada/ después del coito, todo animal queda triste, excepto la mujer y el gallo/ De mujer parlera, ningún bien se espera/ Si tu mujer te pide que te tires del tejado abajo, ruégale a Dios que sea bajo/ Cásate y tendás mujer....que te cosa a la pared/ Náufrago que vuelve a embarcar y viudo que reincide, castigo y piedra/. La viuda honrada, la puerta cerrada/ No es nada, que matan a mi marido/ De viuda tres veces casada, no te fíes de nada/ Mujer de buen palmito, cabeza de chorlito/Las mujeres tienen pelo largo y seso corto/ La mujer es, por naturaleza, cosa mudable/ Febrero y mujeres, tienen en un día diez pareceres/ En cojera de perro y llanto de mujer, no hay que creer/El asno y la mujer, a palos se han de vencer/ Madre, ¿qué cosa es casar? Hija, hilar, parir y llorar.

La mujer es buena y mala, como todo lo variable, que una mujer es mi suegra y otra es mi madre / La yarará y la mujer tiene la misma intención: la yarará de la muerte y la mujer da traición/ Aquí un marido reposa que se murió de pesar porque no pudo domar en diez años a su esposa / Cuatro cosas tiene el mundo, que son las más testarudas, las ovejas y las cabras, las mujeres y las mulas/ Las mujeres de estos tiempos, son como la maravilla: no se contentan con uno, sino con una tropilla/ La mujer es como el gato, de la misma condición; aunque tenga el plato lleno, siempre busca su ratón/ Si las mujeres se juntan pa’hablar de vidas ajenas, comienzan con luna nueva, y terminan con luna llena.

Estos ejemplos son apenas algunos de una larga lista. Va desde aquí una invitación a la reflexión y a “despatriarcar” el mundo.

 
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