Tras los pasos de un cine feminista argentino

Género y cine | Por Jaqueline Vassallo

Transitar estos días de aislamiento social y cuarentenas no es tarea fácil, ni sencilla. Pero también puede ser una oportunidad para descubrir o repasar la obra cinematográfica de una gran guionista y directora de cine argentina: María Luisa Bemberg, quien además, tuvo una intensa participación en el movimiento feminista en tiempos de la reapertura democrática del siglo pasado,del que fue una referente ineludible.

Bemberg nació en Buenos Aires en 1922, pero fue recién en 1954 cuando hizo su ingreso efectivo al campo cultural, en coincidencia con la separación de su marido, un joven comunista con el que tuvo cuatro hijos. Provenía de una familia de la elite porteña, burguesa y tradicional, que no veía con buenos ojos su condición de mujer separada a los 32 años- aún no existía divorcio vincular en Argentina-, ni tampoco que añorara dedicarse al cine, un lugar que por entonces estaba reservado a los varones.

Fue así como María Luisa inició su camino por una vía “lateral” que no estaba vedada a las mujeres: la producción. Los años ‘70 la encontraron fundando la Unión Feminista Argentina (UFA), una organización que alcanzó una fuerte irradiación entre las mujeres de clase media urbana y escribió el guión de la películaCrónica de una señora (1970), llevada al cine por nada menos que el director Raúl de la Torre y por la que Graciela Borges ganó el primer premio de interpretación femenina en el Festival de San Sebastián.
En 1972 escribió, produjo y dirigió el cortometraje El mundo de la mujer que fue exhibido en el festival de la UNESCO cuatro años después, en Italia. También dirigió el cortometraje Juguetes que fue estrenado comercialmente en España hacia 1978. Fue en esa misma década cuando fundó junto a Lita Stantic, Gea Cinematográfica, donde produjo su primer largometraje: Momentos (1981) y más tarde, Señora de nadie, con guión, producción y dirección propia.

En 1983estrenó Camila, la historia de amor entre una joven porteña y un sacerdote tucumano que terminaron condenados a muerte por el gobernador Juan Manuel de Rosas.En la película la directora mostró cómo la violencia política y patriarcal atravesó la vida cotidiana de toda una sociedad, dio cuenta de los asesinatos, persecuciones e imposiciones que ordenaba Rosas, y al mismo tiempo, mostró la violencia (real y simbólica), que ejercía el patriarca de la familia, Adolfo O’Gorman. Resultan especialmente memorables algunas escenas, como en la que O’ Gorman ordenó callar en la mesa a Camila, por emitir opiniones políticas contrarias a Rosas; o cuando solicitó un castigo ejemplar para ella en una carta que dirigió al gobernador cuando supo de la huida de la pareja.

Se sabe, además, que Bemberg utilizó como referentes pictóricos, pinturas y grabados de la época: como la obra de Francesco Augero que representó los últimos momentos de la vida de Camila e incluso, su ejecución; o las pinturas del uruguayo Pedro Figari que muestran escenas de la vida cotidiana del Río de la Plata de tiempos coloniales y que ella misma poseía como coleccionista.Cabe señalar que esta colección hoy puede disfrutarse en una sala especial de Museo Nacional Bellas Artes.

Luego de Camila, Bemberg siguió filmando películas en las que sus protagonistasreales o ficticias, dieron un salto a las convenciones sociales de las épocas históricas que les tocó vivir y asumieron valientemente las consecuencias de sus actos: la institutriz inglesa Miss Mary (Miss Mary, 1986) sor Juana Inés de la Cruz (Yo, la peor de todas, 1990), o Charlotte (De eso no se habla, 1993), pelearon por su autonomía y una forma de vida que no “encajaba” en las sociedades patriarcales que les tocó vivir, que las condicionaron, juzgaron y desplazaron.

Sin lugar a dudas, toda su obra cinematográfica se caracterizó por abogar la extinción de la jerarquía entre varones y mujeres y remarcar la autonomía de estas últimas.Al fin y al cabo, María Luisa, al igual que sus protagonistas había desafiado el orden social y familiar en el que vivía y dejó sus comodidades de clase para ir tras sus sueños y su autonomía personal. Ella misma lo expresó en los días del estreno de Camila, en un reportaje publicado por un periódico de tirada nacional: "Para ser libre, para vivir de acuerdo con uno mismo y no apartarse del camino que el destino nos ha trazado, hace falta coraje”.

María Luisa murió en 1995, a los 73 años, mientras trabajaba en el guión de una película basada en un cuento de otra gran mujer de las letras argentinas, Silvina Ocampo. Va desde aquí una invitación para que las nuevas generaciones de feministas puedan conocer la obra y la lucha de una mujer que gustaba llamarse a sí misma, “señora de nadie”.

 
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