Shengnan, los hombres sobrantes

Géneros | Por Lucas Gatica

El ya clásico y bizarro programa “Yo me quiero casar y, ¿usted?” conducido por Roberto Galán y que ha traumatizado más de una infancia, hoy sería todo un éxito en China. Más de treinta millones de hombres de ese país están desesperadamente solteros y con imposibilidad de formar una pareja heterosexual debido, simplemente, a la ausencia de mujeres.
Aunque desde el 1 de enero de 2016 la política china del hijo único ya no tiene vigencia, esta ley ha dejado cicatrices y tendrá sus efectos en las próximas décadas. Por ejemplo, según proyecciones, para 2030 más de un cuarto de los chinos estarán solteros. Si se tiene en cuenta que la población del gigante asiático será en 2030 de alrededor de 1.415 millones de personas, el panorama es preocupante.
Se los suele denominar como shengnan, u hombres sobrantes: individuos mayores de treinta años que aún no han encontrado pareja. Así, los chinos se ven llevados a aumentar sus esfuerzos para encontrar una compañera en un campo extremadamente competitivo. Un caso curioso fue el de un empresario chino que denunció a una agencia de citas por no encontrarle esposa, después de haber desembolsado más de siete millones de yuanes (un millón de dólares) para dicha tarea. Al igual que en el resto del mundo, en China las citas por redes sociales crecen a un ritmo vertiginoso y aplicaciones como WeChat aparecen como formas cada vez más populares de conocer gente y, si hay suerte, una futura esposa.
Además, los chinos sufren una presión exagerada de sus entornos familiares. Por ello, algunos acuden a la contratación de “novias falsas" para presentarlas ante sus padres. Se las contrata a través de la aplicación Hire Me Plz y los costos pueden llegar a los 10.000 yuanes (1.450 dólares, aproximadamente) por cita. Otros optan por gastar su dinero en estilistas o esteticistas. Incluso, la atención psicológica se ha disparado.
El perfil de los “solteros por obligación” es el de hombres con ingresos y niveles formales de educación bajos, residentes en el ámbito rural. A estos célibes por destino se los suele llamar “guang gun” o ramas secas. Otros datos relevantes que se desprenden de este fenómeno tienen que ver con la disminución en el número de bodas y con que los jóvenes se casan cada vez más tarde. Vale decir que en China para ser considerado parte del mundo adulto o llegar a la madurez, es imprescindible el paso por el altar.
Este drama demográfico trae aparejado otro más grave, el tráfico de mujeres. Hace tiempo que distintas organizaciones vienen denunciando el negocio del tráfico de mujeres desde países vecinos. Algo sumamente preocupante y que no se refleja en los medios internacionales.

La política del hijo único

Esta política fue un éxito en términos demográficos durante 50 años: la proporción entre personas dependientes -menores de quince años y mayores de sesenta y cuatro años- y activos se redujo considerablemente. Si en 1965 por cada 100 chinos activos laboralmente había 81 ciudadanos pasivos, en 2017 la cifra bajó a 37 pasivos cada 100 activos. Es decir, menos personas en edad de jubilación y formación en la proporción total. Esto permitió que buena parte de la sociedad china saliera de un círculo vicioso de alta fertilidad y bajos ingresos. Pero como todo, este éxito tiene también su cara oscura. Desde 2014 ese “bonus demográfico” se dio vuelta y hoy no hay suficientes jóvenes para reemplazar a la masa de trabajadores que comienzan a jubilarse.
Según los demógrafos, en 2060 la pirámide demográfica será igual a la de 1965. La serpiente se muerde la cola. En ese contexto, las autoridades chinas tienen por delante una tarea titánica, la de escapar de esa trampa demográfica que se cierra en sí misma. No obstante, actualmente, sin vigencia de la ley del hijo único, los chinos continúan el ejemplo de sus padres: tienden a tender un solo hijo, apodados “pequeños emperadores”.
Este modelo del hijo único fue dardo de críticas, fundamentalmente por su carácter coercitivo, es decir, el Estado imponía a sus ciudadanos una obligación vinculada a la natalidad. Según algunas cifras, con esa ley China provocó 336 millones de abortos -un poco más que la población total de Estados Unidos- y comprometió el equilibrio de los sexos al cual hoy asistimos.
Por tanto, y aunque se haya prohibido la realización de ecografías para certificar el sexo de los bebés para evitar que los padres abortaran niñas por su deseo de un “heredero” varón, hoy en China hay 35 millones de hombres más que mujeres de veinte años. Es decir, 35 millones de chinos no conseguirán una pareja femenina simplemente porque no hay mujeres.
En los parques de las grandes ciudades chinas suele verse a padres, ya entrados en años, exhibiendo carteles en los que exaltan las virtudes de sus hijos, esperanzados de encontrarles sus almas gemelas, o al menos, una futura esposa. Lamentablemente el entrañable Roberto Galán nos dejó hace casi dos décadas y no les puede echar una mano.

 
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