“La Chancha”, una historia comprometida

Cine argentino | Por Manuel Sánchez Adam

La película “La Chancha”, escrita y dirigida por el varillense Franco Verdoia, refleja una problemática grave que ocurre y que, en la mayoría de las ocasiones, la sociedad toda, calla. En este sentido, la trama gira en torno a Pablo (Esteban Meloni), quien reproduce un hecho ocurrido en su niñez, aunque esta vez las secuelas serán más fuertes que los silencios.

En este thriller psicológico, -disponible hace unos días en la plataforma Cine.ar Play- el protagonista junto a su pareja, Kelly (Raquel Karro) y Joâo (Rodrigo Silveira), el pequeño hijo de ésta, deciden pasar el fin de semana largo de Semana Santa en la localidad de La Cumbre, provincia de Córdoba. Hasta aquí todo sucede en un clima ideal de familia tipo: viajan en auto, ríen, cantan y todo es armonía.

Sin embargo, al instalarse en el hotel, Pablo se reencuentra con Miguel (Gabriel Goity), quien también está alojado allí junto a su pareja Alicia (Gladys Fiorimonti). Miguel conoce a Pablo desde chico, porque ambos son originarios del mismo pueblo. Luego de este cruce entre ellos, un pasado, hasta el momento reprimido, retorna y ensombrece el contexto.

A partir de aquí, Pablo ya no será ese personaje distendido del principio y deberá lidiar con los recuerdos tumultuosos y escalofriantes de un hecho sucedido en la infancia.
Es que a diferencia de sus parejas, Pablo y Miguel comparten una vivencia que los une. Han pasado más de una tarde juntos, aunque las miradas entre ellos dan cuenta de un suceso que encierra un secreto más oscuro y que el primero lo vive con desesperación. Aun sin saber qué es lo que ha pasado, el espectador puede intuir y adivinar la raíz del problema.

La historia, entonces, desmantela la representación social de una niñez ideal, porque lejos de relatarse aquellos días eternos de barrio en los cuales pareciera no existir peligro alguno, afloran, en un presente adulto, sucesos traumáticos vivenciados de aquella época.

Otro de los detalles en los que acierta esta coproducción argentina-brasileña tiene que ver con la analogía entre las particularidades del chancho, y el título de la película. El chancho (o “La Chancha”), interpretando la intención del director, dialogaría con una práctica brutal, monstruosa y desagradable, todos estos atributos propios del animal. En suma, los ruidos que emite al alimentarse, la forma que mastica y su aspecto sucio e impune ilustrarían el hábitat donde sucedió todo.

Esta película que mezcla recursos de suspenso, visibiliza el lado oscuro de una etapa que muchas veces tiende a romantizarse. En ella se evidencia cuán importante es para la vida de un niño o niña contar con un espacio que lo rescate de un calvario que vive y no comprende. De lo contrario, tal como plantea la psicóloga y psicoanalista, Beatriz Janin, el niño sufrirá un arrasamiento de la subjetividad y se anulará ante el deseo del otro.

Cabe señalar que este tipo de relato, con todos sus componentes, logra concientizar e instalar en la agenda política debates serios que atañen a la salud mental. De esta forma, las palabras vencen a un silencio que muchos prefieren mantener bajo cuerda porque, sin lugar a dudas, hechos como los que trata esta historia incomodan a gran parte de las instituciones que tienen la responsabilidad de tomar cartas en el asunto.

 
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