Futuro

Literaturas lusófonas | Miguel Koleff

“De repente, te vi rodando por las escaleras, supe que antes que cayeras, te había empujado, sacudido por los hombros y apoyado contra la baranda, supe que habías intentado defenderte y soltarte, que te empujé con más fuerza y que te estreché contra el pasamanos con los puños apretados, con las rodillas, supe que te había golpeado, golpeado tu vientre, antes de empujarte por la escaleras y de haberte caído, después del último escalón, y de haberte quedado acurrucada en el suelo, con sangre debajo de ti, manchándote el vestido, como se vio más tarde cuando los camilleros llegaron y te metieron en la ambulancia, y yo entré contigo y me senté a tu lado, mientras la sirena sonaba sin parar, camino al hospital”. (Gersão, 2019, p. 159). Este párrafo pertenece a la novela A cidade de Ulisses [La ciudad de Ulisses], de Teolinda Gersão, y como puede verse, revela un conflicto perfectamente encuadrado en la violencia de género. Después de una discusión de pareja, y afligido por no haber sido consultado sobre su paternidad, el personaje masculino agrede a la mujer provocándole un daño irreversible. Contado de esta manera o eligiendo otra perspectiva, no hay mucho que agregar al respecto; forma parte de ese cotidiano degradado que nos rodea en mayor o menor medida y que parece no amortiguarse nunca pese a la legislación vigente.

El extracto tiene una virtud, sin embargo. La de ayudarnos a potenciar la reflexión desde que motiva una pregunta acerca del futuro. Muchos intelectuales de allá lejos y de aquí cerca vienen arriesgando hipótesis necesarias y productivas sobre lo que será el mundo después del coronavirus. En este contexto, indagar un aspecto visceral de la conducta humana parece ser una forma oportuna de referirnos al tema y colocarlo en perspectiva. ¿Estamos a punto de ponerle fin a este descalabro o, por el contrario, la violencia y la violencia de género, particularmente, se hará más incisiva al acabar este aislamiento obligatorio? La respuesta a esta inquietud no puede pasar desapercibida y es imposible arriesgar una fórmula duradera. Queda claro, no obstante, que necesariamente algo tendremos que hacer con las relaciones humanas y los vínculos estrechos cuando se acabe la pandemia.

Si hasta el momento nos conformamos con la distancia social y el tapabocas a efectos de neutralizar la alteridad que nos interpela, en algún momento tendremos que dar un paso más decisivo y reconstituir viejas y nuevas relaciones. Al fin y al cabo, la sociabilidad nos define y caracteriza. De este modo, la preocupación por la subjetividad y los afectos no puede permanecer ajena a este debate de fondo ya que es necesario saber cómo seguiremos haciendo amigos, formando parejas e insertándonos en la comunidad a la que pertenecemos.

Nos guste o no, el fragmento reproducido no se puede escindir de la historia de amor de la que forma parte y que también nos es constitutiva. No porque la violencia lo sea en sentido estricto sino porque las escenas de culpa, dolor y perdón que se entremezclan con la acción principal coadyuvan a tornarla más próxima de la vida corriente. Y si ese espejo nos devuelve la máscara transfigurada de la sociedad que habitamos es porque –al lado de la compasión y los buenos sentimientos- está también ese capítulo abusivo inmiscuyéndose entre sus pliegues. La perfidia del protagonista de la novela en cuestión se hace sentir en la continuidad del relato al barajar como excusa las acciones supuestamente engañosas de la víctima: «Es verdad que te agredí y erré, pero también es verdad que me engañaste y mentiste. Me traicionabas por la espalda, tomabas una decisión sin al menos informarme» (p. 171).

Traer este episodio a la memoria tiene sentido. En más, urge hacerlo presente una y otra vez para no olvidarnos que convive con nosotros y a veces sale a la luz con ferocidad inusitada. De cara a la pandemia, probablemente sirva para darle valor a la experiencia y juzgarla a corto plazo. Prácticas abominables como las descriptas, al igual que aquellas otras construidas en torno de «la dominación, la cosificación y el control de la vida» (Segato, 2020, p. 79) deben ser revisadas si no queremos que el futuro repita al presente.

Rita Segato usa una expresión muy feliz en este marco cuando afirma que «tenemos la oportunidad de salvarnos cognitivamente de esta trampa» (p. 78) en la que el virus nos ha enredado, si estamos decididos a sacarle algún provecho a la situación que estamos atravesando. Podemos dar un salto evolutivo como humanidad y enfrentar el remanente de ese orden «patriarcal, burocrático, distante y colonial» (83) en el que estamos subsumidos por inercia o mala voluntad. Basta con querer “reatar los nudos de la vida comunal con su ley de reciprocidad y ayuda mutua, adentrar(nos) en el proyecto histórico de los vínculos con su meta idiosincrática de felicidad y realización, recuperar la politicidad de lo doméstico, domesticar la gestión, hacer que administrar sea equivalente a cuidar y que el cuidado sea la tarea principal”. (p. 83)

La investigadora puede equivocarse en el pronóstico, que no es infalible, por cierto, pero no en el punto de partida ya que la «precariedad insostenible» (p. 84) de la que somos resultado no puede mantenerse como tal sin nuevas imposturas. No por acaso la irrupción de lo real que la enfermedad trae aparejada pugna por imponerse y atrapar en el imaginario una visión del mundo que alienta una actitud responsable.

No sabemos a ciencia cierta en qué consistirá la «nueva normalidad» a la que nos asomaremos en los próximos meses o en el próximo año. No sabemos «qué red de significados, qué discursos y qué relatos serán capaces de atrapar el evento que nos desafía, para instalar así las políticas que darán forma al mundo en el después» (p. 78). Pero sabemos que la «supremacía moral» con la que nos manejábamos hasta hoy ha caído en saco roto porque nos ha dejado desamparados frente a la amenaza.

Llegados a este punto nos cabe leer otra vez el texto con el que iniciamos la reflexión e imaginar esa vivencia como una página dejada atrás porque –al hacerlo de esa manera- corroboraremos a las claras que estamos aprendiendo la lección y que el futuro después del coronavirus encierra alguna esperanza.

Fuentes consultadas:
Gersão, T. (2019). A cidade de Ulisses. Lisboa: Porto Editora.
Segato, R. (2020). Coronavirus: Todos somos mortales. Em A. Grimson, El futuro después del COVID-19 (pp. 76-88). Buenos Aires: Argentina unida.



 
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