La Ciencia Política y las Relaciones Internacionales en debate

Estudiantes | Por Federico Vélez

Existen varias razones por las cuales es necesario poner en evidencia la necesidad de replantear y someter a debate ambas disciplinas. Cuando se ingresa a la carrera de Relaciones Internacionales, o de Ciencia Política, normalmente se carga con una serie de expectativas relacionadas al perfil profesional, la salida laboral o la formación que se recibirá. Se piensa en la posibilidad de toda una serie de oportunidades que se abren. Sin embargo, la realidad que presenciamos con el pasar de los años dista mucho de nuestras expectativas iniciales. Por ello, considero que es necesario replantear la disciplina desde un espíritu crítico.

Para empezar, el gran conflicto que se produce en el alumno y, sobre todo, en el recién egresado es la salida laboral. ¿Cómo afrontar un proceso personal tan complejo? Algo que llama poderosamente la atención es la famosa frase que todo aquel que haya pasado por el aula ha escuchado: “la salida laboral la construís vos”; o “vos te tenés que mover para alcanzar algo”. Una frase que parece repetirse hasta el hartazgo, y que recuerda a cierto slogan neoliberal de emprendedurismo: está basada en la idea de que “vos sos tu propio jefe, vos decidís tu futuro”, “el trabajo lo construís vos”. Algo que, además, parece interiorizarse fácilmente y sin ningún tipo de resistencia o cuestionamiento por todo el alumnado, incluyendo los futuros aspirantes.

¿Qué tan cierto es esto? ¿Hasta que punto se vuelve legítimo? Nadie duda que haya una dosis fuerte de responsabilidad y compromiso individual durante y después del cursado de la carrera, pero ¿cuál es el límite? ¿Cómo podemos distinguir cuando, más allá de tales compromisos efectuados, estamos ante falencias propias de la disciplina en cuestión? Un punto importante a considerar es si las universidades, tanto públicas como privadas, que brindan ambas carreras, están en la obligación de contribuir en la salida laboral del egresado, facilitando y acompañando al recién licenciado en sus primeros pasos en el mercado laboral. Lamentablemente esto dista mucho de la realidad de nuestros días.

Vinculado a esta problemática, podemos pensar: ¿qué es lo que define a nuestra profesión? ¿Cuál es su principal característica? ¿Qué es con exactitud aquello que corresponde al campo laboral del Licenciado en Ciencia Política o en Relaciones Internacionales? Porque no basta con frases vagas como “podemos hacer de todo un poco”, “vemos de todo un poco”, “lo nuestro es la política” (como si no hubiese otras personas, con o sin estudios, encargados de lo mismo). El panorama se ensombrece aun más con la función pública, plagada por prácticas de nepotismo y acomodo.

Claramente observamos, durante nuestros años de estudio, que la meritocracia es una ilusión cuando vemos que, luego de haber estudiado cuatro años, haber realizado prácticas, pasantías, estudiado idiomas, y hasta un posgrado, un “sujeto X” queda relegado de la función pública por otro “sujeto Y” que ingresa “misteriosamente” sin ningún antecedente académicos de peso.

Pero si queremos pensar en nuestra salida laboral, así como en su defensa, aparece otro detalle: la falta de un “colegio profesional”. Hasta el momento, solo contamos con asociaciones como la ANAP - Asociación Nacional de Politólogos; o la AERIA - Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales; pero no son colegios como tal. Entre otras funciones, un colegio profesional tiene la defensa de los intereses profesionales, la delimitación del área de desarrollo profesional en conjunto con las funciones específicas del graduado, y el acceso a ventajas especiales, como la capacitación continua. Por tanto, para fortalecer la profesión, sobre todo frente a los atropellos constantes de otros sectores, un paso firme debe encaminarse a tratar este tema con la debida gravedad que merece y no quedarse con recuerdos de intentos fallidos.

Incluso en algo tan minúsculo, aunque con una fuerte carga simbólica, como el “día del profesional” puede resultar problemático para el politólogo y el internacionalista. Mientras que el politólogo tiene dos días asignados, dado que la disputa no puede ser zanjada (29 de noviembre en conmemoración a Guillermo O’Donnell; y 23 de septiembre, por Mariano Moreno) el licenciado en Relaciones Internacionales carece de un día de reconocimiento profesional. A pesar de que pueda pasar desapercibido, otorgar una fecha implica un reconocimiento, un aprecio y fundamentalmente una revalorización para todo aquel que hace de las Relaciones Internacionales su profesión. Porque, quizás, si estamos cansados de que se nos pregunte “¿qué es éso?” cuando contamos lo que hemos estudiado, deberíamos empezar al menos por pequeñas acciones, como definir un día profesional.

El tercer punto, no menos importante, es el trayecto formativo. Este es el núcleo más conflictivo, probablemente. Un plan de estudios debe contar con una formación adecuada para generar profesionales idóneos en su área. No obstante, algo tan básico descuida un punto crucial: el contenido práctico. Si pretendemos aspirar a una inserción laboral exitosa, no podemos aceptar que el 90% del plan de estudio sea teórico. Por otra parte, las famosas “prácticas profesionales” en reiteradas ocasiones terminan en casos de “servir café”, o, por el contrario, de sobreexplotación y hasta maltratos encubiertos. Y todo esto si las facultades de verdad mantienen estándares de exigencia y de calidad de enseñanza adecuados, caso contrario, se suma otro problema.

El siglo XXI ha dictaminado que los nuevos profesionales serán evaluados más por sus habilidades técnicas que por sus conocimientos teóricos, por la capacidad de formular respuestas estratégicas y precisas en el complejo escenario laboral. Nuestras universidades deben comprender esto, o de lo contrario quedarán relegadas al olvido en las áreas de la Ciencia Política o de las Relaciones Internacionales. No basta con sacar nuevos posgrados, o caer en el “sálvese quien pueda”: depende de nosotros sacar adelante nuestras profesiones.

Licenciado en Relaciones Internacionales.

 
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