Mujer, a 25 años de la Declaración de Pekín

Derechos de género | Por Lino González

1. Derechos Humanos y medio ambiente

La IV Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín en 1995 supuso un hito en el modo de abordar los derechos humanos de las mujeres. Tanto por el número de participantes –unos 17.000 entre delegados gubernamentales y representantes de la sociedad civil– como por incorporar la transversalidad de la perspectiva de género como necesaria en todas las etapas de las políticas públicas, desde su planificación hasta su evaluación. Además, se creó la Plataforma de Acción para realizar un seguimiento en el tiempo de las mejoras producidas en 12 esferas relacionadas con los derechos humanos de las mujeres. Al cumplirse 25 años de la reunión de Pekín, presentamos algunos contenidos que han abordado las mejores logradas y, sobre todo, el camino que aún queda por recorrer para lograr una plena igualdad.

Como referencia introductoria, puede mencionarse un documental de este mismo año, “Woman”, de Anastasia Mikova y Yann Arthus-Bertrand. En la misma línea del “Human, uno de cuyos temas principales había sido ya las mujeres, en su nueva obra se da voz a féminas de 50 países. Unas 2.000 entrevistas realizadas resumidas en casi dos horas de metraje, abordando muchos de los temas discutidos en Pekín.

Comenzamos con esta una serie de notas donde evaluaremos las expectativas de la reunión de Pekín, confrontadas con las realizaciones en varios campos. En esta primera nota, nos centramos en los Derechos Humanos y en el Medio Ambiente.

Durante su intervención en la Conferencia de 1995, Hillary Clinton afirmó: «Es el momento de decir, aquí en Pekín, y para que todo el mundo lo oiga, que ya no pueden discutirse los derechos de las mujeres por separado de los derechos humanos». Resumió con esas palabras uno de los pilares de aquella convención internacional. Para lograr ese objetivo, la Declaración recordó a los Estados que la protección de los DD.HH. debía contener una imprescindible perspectiva de género para ser efectiva. No solo se trata de firmar las Convenciones Internacionales que los promuevan o de limitarse a legislar a escala nacional. Se han de comprometer además recursos materiales y humanos –con una adecuada capacitación– para que las mujeres y niñas tengan acceso, por ejemplo, a un sistema policial y judicial que dé respuesta a sus reclamaciones en caso de que se produzca una vulneración.

No todos los países están cumpliendo los compromisos firmados en la Declaración de Pekín. En muchos casos, son activistas los que se encargan de ofrecer ayuda a las víctimas de vulneración de derechos humanos, además de darles una voz que sitúe los problemas en el centro de debate público. El año pasado ONU Mujeres preparó cuatro documentales de menos de seis minutos para mostrar el trabajo de cuatro de estas activistas: Theresa Kachindamoto, que ha logrado que se legisle contra el matrimonio forzado infantil en Malaui; la periodista Lydia Cacho, quien además de su trabajo denunciando redes de prostitución infantil, dirige en Cancún un centro de atención a mujeres que han visto vulnerados DD.HH. como la integridad física o el acceso a la salud; la india Asha Kowtal, cuya labor se centra en denunciar el sistema de castas; y la estadounidense Alice Johnson, que aboga por una reforma penal que no encarcele casi exclusivamente a pobres, y que trate con más dignidad a las mujeres que se encuentran en prisión.

Además de defender los derechos humanos de otras mujeres, muchas activistas han realizado una labor esencial a la hora de reclamar justicia y reparación para sus hijos e hijas, así como para sus maridos desaparecidos. Desde las Abuelas de Plaza de Mayo, a las madres mexicanas que llevan años buscando a sus familiares desaparecidos frente a la desidia de las autoridades para encontrar a los 60.000 desaparecidos reconocidos oficialmente desde 2006. Su trabajo se muestra en el documental “Te nombraré en silencio, que espera poder estrenarse este septiembre, tras una exitosa campaña de financiación popular.

Además, los Estados firmantes de la Declaración se comprometían a asegurar la participación de las mujeres, incluidas las indígenas, en la toma de decisiones relacionadas con la gestión de los recursos medioambientales. Desde 1995, ha aumentado el número de líderes campesinas y activistas que han tratado de enfrentarse a proyectos que afectaban a los recursos naturales de sus comunidades. Las consecuencias de esa lucha han sido, en muchas ocasiones, mortales. Según la ONG Global Witness, en 2019 fueron asesinados en todo el mundo al menos 212 activistas medioambientales –un 40% indígenas–, de los cuales un 10% eran mujeres. América Latina es la región en la que más asesinatos se registraron. Uno de los casos que más repercusión ha tenido en los últimos años fue el asesinato en 2016 de la líder indígena hondureña Berta Cáceres, continuadora de una serie de luchas medioambientales emprendidas en su país contra diversos tipos de expolio. El documental “Las semillas de Berta Cácerescuenta su historia y expone además algunas de las dinámicas de inversión internacional que están detrás de proyectos como el hidroeléctrico, al que se oponía esta activista.

En la Declaración de Pekín se reconoce el importante papel que han tenido y tienen las mujeres en la “creación de modalidades de consumo y producción sostenibles y ecológicamente racionales y de métodos para la ordenación de los recursos naturales”. El documental “Honeyland”, galardonado con un Oscar, cuenta el papel de las mujeres de una región rural de Macedonia del Norte en la producción de miel con métodos tradicionales, y cómo su forma de vida primitiva cambia con la llegada de un familia de ganaderos.

(Continuará en el próximo suplemento GÉNEROS)

 
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