Estrena “Esquirlas”, el primer largometraje de Natalia Garayalde

Natalia Garayalde estrena “Esquirlas” en el Festival Internacional de Mar del Plata, una película que cruza la historia personal de su familia con la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero. Por Martín Iparraguirre

El cine local volverá a pisar fuerte este lunes en la 35 edición del Festival Internacional de Mar del Plata, luego de la proyección el sábado de “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, la heterogénea exploración de la figura de Jorge Bonino ofrecida por Martín Sappia, con el estreno de “Esquirlas”, primer largometráje de Natalia Garayalde, que además es periodista y habitual columnista de cine de Hoy Día Córdoba, quien propone un regreso personal a uno de los episodios más traumáticos de nuestra historia: la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, acontecida hace ya 25 años.

Oriunda de la localidad, Natalia tenía apenas 12 años cuando ocurrió la catástrofe, pero ya anidaba en ella la vocación de cineasta pues bastó que su padre tuviera una cámara de video para que saliera a registrar los momentos inmediatamente posteriores al estallido, mientras el resto del pueblo escapaba de las explosiones y de los miles de proyectiles que se cernían sobre la ciudad.

Ya de adulta, decidida a retratar aquél ataque a la población por parte del propio Estado argentino, todo un símbolo del país de Carlos Menem -aún impune pese a que se demostró su vinculación con la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia-, Natalia volvió a esas filmaciones de su juventud para plasmar la propia tragedia de su familia como un testimonio micropolítico de una hecatombe mayor, que no sólo remite al pasado de nuestro país sino que aún amenaza a los pobladores de Río Tercero bajo la siniestra sombra del Polo Químico que se extiende sobre la ciudad.

“Veinticinco años después, aquel material captado desde la mirada cándida y sorprendida de una niña que jugaba con su hermana a hacer móviles periodísticos se convierte en un testimonio reflexivo y doloroso sobre la familia, la destrucción de una ciudad, los rastros del horror, la verdad siniestra sobre el caso y las heridas difíciles de cerrar”, adelanta la sinópsis del filme, que se presenta en la Competencia Argentina y que por los comentarios previos de los críticos que accedieron al material, promete ser una de las grandes candidatas de la sección. Vale recordar que se podrá ver a partir de hoy durante 72 horas, de manera gratuita sacando entradas desde el portarl del festival (https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/). 

HDC: En primer lugar, me gustaría preguntarte ¿Cómo fuiste concibiendo la película a partir del hallazgo de esos videos de tu infancia? 

Natalia Garayalde (NG): Encontré los casetes en el proceso de un duelo. Ya había iniciado una investigación sobre las explosiones y el tráfico de armas para hacer una película sobre un hecho impune que se estaba olvidando. Me llevó mucho tiempo incorporar el material personal al montaje porque no quería hacer un documental autoreferencial. Finalmente entendí que una historia familiar está atravesada por esas mismas condiciones socioculturales que pretendía cuestionar en mi película.

HDC: ¿Cómo trabajaste esas imágenes y cómo fue la investigación de archivos que tuviste que realizar para recrear el hecho de la explosión? 

NG: Hay material de diferente procedencia, pública y privada. Tengo una colección de archivos mediáticos recolectados durante más de 10 años de investigación. Las entrevistas y lecturas me orientaron en la subtrama política del guión y en las apariciones de los personajes públicos: el Juez, la querellante, el operario, el militar y el presidente. 

La escena de la explosión es un registro documental del éxodo caótico de la población mientras estaba siendo bombardeada por más de veinte mil proyectiles. En una ciudad de cuarenta mil habitantes, eso significa que había un misil por cada dos personas. 

HDC: ¿Cómo construiste en términos estéticos y narrativos esa mirada al pasado? ¿Te inspiraste en algunxs directorxs o filmes específicos? 

NG: El material ya tenía esa estética pixelada de verde y magenta. Es una particularidad concreta de los casetes que tiene la potencia de lanzarnos por un tobogán a la década de los `90. Las camperas de ciré, la permanente de mi mamá, los cuadros de Xuxa y Mafalda, la banda sonora de Sui Generis o Aerosmith, la remera de Angelo Paolo y la centralidad de la televisión en una familia crean una escenografía de esos años. Menem es, además, un monumento de los noventa con su modo pornográfico de vaciar el Estado: esa figura pública que jugaba al tenis por la mañana y vendía armas por la tarde. 

Mi inspiración fílmica vino más por el género found footage o metraje encontrado. Busqué películas que usaran o imitaran el registro cotidiano. En mi pequeño altar de la isla de edición estaban Sandra Wollner y su “Imagen Imposible”, el regreso de Guy Maddin a su “Winnipeg”, el albúm familiar de Allan Berliner, la reinterpretación de archivos de Joao Moreira Salles, Jonas Mekas, Chris Marker, Harun Faroki, Abbas Fadhel y muchas influencias más.

HDC: La película no sólo trabaja sobre el terrible hecho de la explosión de la Fábrica Militar sino que también se proyecta al presente con la amenaza del Polo Químico y Militar sobre la ciudad, me gustaría que me contaras sobre esta cuestión. 

NG: La amenaza química como tema fue surgiendo durante la realización de la película. Cada vez que visitaba Río Tercero quedaba atrapada en esa nube de fosgeno y amoniaco. Es una atmósfera invisible que tiene marcas en nuestros cuerpos. El tema se impuso como un rumor molesto y terrorífico que no me permitía dormir. ¿Y si esto nos está enfermando y matando? 

Un operario de la fábrica me mostró una foto con dos cráteres para explicarme que habían provocado dos explosiones simultáneas para dirigir la onda expansiva. “Era mejor que las bombas cayeran sobre las zonas más pobladas que sobre el Polo Químico”, me dijo. Recordé que esa misma mañana de las explosiones, al costado de la ruta, desde la radio del auto que me había salvado, una voz rogaba que ninguno de los veinte mil proyectiles impactara sobre un tanque de cloro.

HDC: ¿Qué conclusiones sacas luego de realizar la película sobre la forma en que Córdoba procesó la explosión de la Fábrica Militar?

NG: No creo que pueda sacar muchas conclusiones sobre la conducta de las poblaciones ante un hecho trágico. Solo intento molestar un poco con las preguntas insistentes, como esa niña de los casetes, sobre la injusticia de un acto violento, los modos de vida y la precariedad de nuestros cuerpos. En este proceso leí teorías sobre el derecho al olvido de las personas que sufrieron algún trauma. Incluso intenté despojarme de esta carga. Durante muchos años, intenté olvidarme de esa experiencia. Una promesa que me hacía a modo de consuelo. Pero las evocaciones sobrevenían fuera de mi control y dominio. Quizás por eso también hice esta película.

 
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