De la fundación a la fundición de Córdoba

Celebramos una fundación y reivindicamos un fundador sin advertir que ese hecho y ese personaje fueron parte de una conquista imperial

por J. Emilio Graglia *
Especial para HDC


Otro 6 de julio ha pasado. Otra vez, celebramos la fundación de la ciudad capital de los cordobeses. Otra vez, reivindicamos a un español llamado Jerónimo Luis de Cabrera. Lamentablemente, como siempre o casi siempre, lo hacemos sin detenernos a reflexionar. Celebramos una fundación y reivindicamos un fundador sin advertir que ese hecho y ese personaje fueron parte de una conquista imperial. Una invasión armada que vino a devastar un territorio ajeno con sus habitantes originarios. Porque eso fue “el descubrimiento de América”, un proceso de aniquilamiento de una cultura nativa en nombre de una supuesta civilización.

Solamente el desprecio hacia los pueblos nativos puede explicar semejante celebración y semejante reivindicación. Los españoles de aquellos tiempos, entre ellos nuestro Don Jerónimo, fueron invasores que conquistaron estas tierras por la fuerza de las armas y, para colmo de males, en nombre de una fe que dudosamente profesaban. No descubrieron América, se adueñaron de lo que no les pertenecía. Por supuesto, hubo excepciones. Entre ellas, la presencia de los jesuitas que dejaron su sello progresista para siempre.
“Cinco siglos igual”, la canción que canta León Gieco, resume aquella tragedia que indolentemente se ignora cada 6 de julio en la capital cordobesa. Esta vez para festejar los 441 años de su fundación. Cándida e indulgentemente, los gobernantes de turno se enfilan para poner sus ofrendas florales a los pies de la estatua de un conquistador al que llamamos “fundador”. En realidad, nada hay para festejar y mucho para reflexionar respecto a la “fundación”. Como dice la letra de aquella canción tan hermosa como hiriente: “Soledad sobre ruinas, sangre en el trigo / rojo y amarillo, manantial del veneno / escudo heridas, cinco siglos igual”.

Desde entonces, han pasado centurias de historia y cultura, de progresos y retrocesos. La ciudad de Córdoba es anterior a la Provincia de la cual es la capital. También es anterior a la Nación de cuya vida social, política y económica ha sido y sigue siendo protagonista. Nada más recordar la Reforma Universitaria de 1918 y el Cordobazo de 1969 para valorar las contribuciones de esta ciudad a Argentina y Latinoamérica. La misma ciudad que supo sobrevivir a los desmanes de la dictadura militar que la sometió entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.










Los fundadores actuales

Desde la recuperación de la democracia representativa hace tres décadas, varios de nuestros intendentes se creyeron fundadores (o refundadores) de la ciudad. A semejanza de los errores de varios gobernadores provinciales y de varios presidentes de la Nación, sucesivos titulares del Departamento Ejecutivo Municipal creyeron que con ellos, con cada uno de ellos, se iniciaba la historia de la municipalidad y la ciudad. Una inusitada mezcla de incapacidad para reconocer las cosas buenas de sus antecesores y mezquindad para continuarlas.

La verdad sea dicha, entre Ramón Bautista Mestre y Rubén Américo Martí no había grandes coincidencias. El tiempo y la muerte de ambos intendentes de la Unión Cívica Radical han hecho desparecer las diferencias entre sus gestiones municipales (1983-1991 y 1991-1999, respectivamente). Pero bastaría repasar el último discurso de Mestre como intendente saliente y el primer discurso de Martí como intendente entrante, en el año 1991, para demostrar aquellas diferencias de forma y, también, de fondo. Sin embargo, Mestre fue el responsable de reconstruir una ciudad destruida y Martí tuvo la capacidad de continuar las cosas buenas de la gestión de su antecesor.

Durante la campaña electoral y también durante la gestión municipal, Luis Juez sostuvo que la intendencia de Germán Kammerath (1999-2003) había sido la peor de todas las gestiones municipales y, por lo tanto, se impuso la necesidad de refundar la ciudad. Luego, Daniel Giacomino sostuvo que la gestión de Luis Juez (2003-2007) había sido mala y, actualmente, Ramón Javier Mestre sostiene que la gestión de Daniel Giacomino (2007-2011) ha sido muy mala. Todos critican impiadosamente a sus antecesores, nada ha sido bueno o por lo menos rescatable y, por lo tanto, hay que refundar la ciudad.

Después de los dieciséis años de intendencias radicales, parece que cada intendente ha tratado de ser un nuevo fundador. ¿El resultado? Uno de los peores resultados ha sido la falta de políticas de Estado, la desinversión en obras de infraestructura y el deterioro en la calidad de los servicios. Sería deseable que el regalo de cumpleaños no sean las flores al conquistador sino el diálogo entre los actores políticos del gobierno y la oposición, entre quienes gobiernan y quienes gobernaron esta ciudad, buscando coincidencias a mediano y largo plazo. Para que dejemos de festejar la fundación y empecemos a revertir la fundición de la ciudad donde vivimos.


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