“Lo que la gente quiere”

“Lo que la gente quiere”
comillas01.pngEl titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, justificó su reelección anticipada en la Presidencia del organismo en la necesidad de "dar seguridad y confianza" ante los cambios de Gobierno, además de que ninguno de sus pares quiso asumir esa función. comillas02.png
por Ernesto Ponsati,
 
El titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, justificó su reelección anticipada en la Presidencia del organismo en la necesidad de "dar seguridad y confianza" ante los cambios de Gobierno, además de que ninguno de sus pares quiso asumir esa función. Añadió, ayer en nuestra ciudad, que "la intención nuestra es marcar que la Corte es un ámbito diferente del resto de los poderes del Estado. Por eso tomamos esta decisión". 
 
"Es importante sobre todo que ante un cambio de gobierno la Corte no sea la Corte de tal presidente, como fue durante toda la historia. Nosotros lo que hemos tratado de hacer es separar y dar previsibilidad, que es lo que la gente quiere", señaló. Aseguró Lorenzetti que "frente a los cambios de gobierno, la Corte va a seguir igual, con los mismos principios, con la jurisprudencia, es decir, dar seguridad, confianza".  Su declaración no puede dejar conforme a nadie, ni siquiera a un observador de mediana inteligencia. El titular de la Corte habla de dar seguridad y confianza (frente a los cambios de gobierno), de separar (los tiempos del Ejecutivo de los tiempos del máximo tribunal) y así dar previsibilidad, “que es lo que la gente quiere”. 
 
No explica cuál es el problema, hoy, con los cambios de gobierno. El proceso electoral, de hoy, está derivando hacia un escenario con dos personajes excluyentes: Daniel Scioli y Mauricio Macri. Con los elementos de análisis a nuestra disposición, también hoy, ninguno de esos dos personajes significa un riesgo para la previsibilidad. Salvo, claro está, que los observemos a partir de un antagonismo extremo, propio de un pensamiento fundamentalista que no es aconsejable en un juez.  En el primer caso, se trataría de una versión light del kirchnerismo, lo que debería llenar de gozo a Lorenzetti; en el segundo, bueno, sólo podría molestar a la actual corte si el ingeniero se convirtiera en un revolucionario trotskista y abandonara sus aparatosos bailes de celebración para adherir a la revolución permanente, algo imposible de imaginar. Lo que “la gente quiere”, cuando se habla de previsibilidad, es que la Justicia actúe como la sociedad cree que debe hacerlo. Por ejemplo, con celeridad; también con equidad; y mucho más con independencia, y cuando hablamos de independencia nos referimos a independencia de los poderes económicos además de los otros poderes del Estado. También podríamos decir que lo que la gente espera es que la Justicia se libre del lastre de antiguos y odiosos privilegios que deshonran a los jueces.
 
Pero lo que Lorenzetti explica no nos dice nada, ni a nosotros ni a “la gente” a la que él alude. Sí nos dice, y mucho, el hecho de que Lorenzetti ha sido reelegido en su cargo cuando todavía le faltaba un año de mandato. Y también que es la tercera elección consecutiva que lo favorece. ¿Hablamos de re-re-reelección? Sí, precisamente de eso hablamos, y nos hace pensar que en este sistema republicano eso no está bien visto. Mejor dicho, para algunos casos, como para el Presidente de la República, tal posibilidad está vedada, condenada. Pero claro, aquí no hay un procedimiento electoral como para un cargo ejecutivo: en la Corte, se reúnen los conjueces –en este caso son cuatro, aunque ha trascendido que Carlos Fayt prácticamente no ejerce- y en ese ámbito recoleto de oscuras boiseries eligen entre sus pares a quién presidirá el tribunal en los próximos tres años. Es, en el mejor de los casos, un acuerdo entre pocos, y ese acuerdo estaba dado, y ninguno de los otros miembros estaba dispuesto a asumir la presidencia. 
 
Entonces, si todo estaba tan claro, por qué el silencio, por qué el ocultamiento, por qué tanto hermetismo. La Corte mantuvo en reserva la decisión de adelantar la elección de su presidente, que estaba prevista para el año que viene si ninguna circunstancia excepcional modificaba el calendario previsto. Y cuando lo hizo, publicó la información en su página de Internet. Un hecho consumado, al que por supuesto nadie se opuso porque ya era tarde pero que deja atrás una impresión desagradable de conjura secreta. Así fue, y es por eso que Lorenzetti se ve en la obligación de salir a dar explicaciones que no dejan conforme a nadie. La nueva situación, con una Corte de cuatro miembros, tampoco conforma a la totalidad de los miembros del organismo. Elena Highton de Nolasco habló de esta instancia en el trabajo de la Corte. Cuando se le preguntó sobre cómo encaraban la tarea luego de la renuncia de Eugenio Raúl Zaffaroni, respondió escuetamente: “nos arreglamos”. Esa expresión no habla de una total conformidad con la circunstancia: dice que “se arreglan”, y nada más. Pero se explica un poco más cuando, en la misma entrevista, Highton dice que si se incorporara un quinto miembro, éste debería ser una mujer. Ella piensa realmente en que debería haber otro juez más, y a partir de allí es que hace hincapié en que debe ser una mujer. De ahí que es posible observar una resistencia entre los ministros de la Corte a una ampliación de su número a propuesta del actual Poder Ejecutivo, a pesar de las dificultades actuales que se agudizan por la escasa presencia –de alguna manera hay que decirlo- del nonagenario Fayt, a quien lo limitan las circunstancias de su edad biológica. Si esa ampliación del número se diera, digamos, entre julio y el próximo período presidencial, Lorenzetti quedaría firme como presidente del máximo tribunal de justicia de la Argentina. Ésa también es una explicación.
 
Las PASO porteñas
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se dio el domingo el resultado electoral previsto, con algunas consideraciones. Al kirchnerismo no le fue mal: le fue bastante mal, si se considera lo que se esperaba de esa agrupación. Un segundo puesto detrás del PRO era algo que se consideraba posible, pero un tercer lugar, detrás de Martín Lousteau, debería obligar al FPV a reconsiderar las estrategias y los pasos futuros porque los números del domingo demostraron que hay una debilidad capaz de comprometer el esfuerzo mayor, el de las presidenciales. La Cámpora no dio la estatura necesaria, y Mariano Recalde no fue el mejor candidato para la ocasión. Siguiendo con los más castigados, Guillermo Nielsen ni siquiera alcanzó el 1,5 por ciento que lo habilite para entrar en los comicios locales del 5 de julio. Pero hay algo peor: junto con su fracaso comienza a diluirse la imagen de Sergio Massa como candidato presidencial. Al ex intendente de Tigre le van quedando alianzas menores en el interior del país, que podrá potenciar en una concertación con José Manuel de la Sota (ver en la página 3), además de, por supuesto, sus baluartes en la provincia de Buenos Aires. 
 
Así es que las PASO contribuyeron a consolidar el proceso de polarización que tantos veían desde hace meses y que tanto atrae a Macri y a Scioli. Con los números de Santa Fe y Buenos Aires, más el posible éxito de la Alianza cordobesa, el actual jefe de gobierno de la CABA asume el liderazgo de la oposición y sigue tejiendo coincidencias en el resto del país. En Neuquén perdió, pero tiene todavía otras oportunidades. En tanto, Scioli adopta la actitud del candidato a vencer; sabe que si se maneja bien en la provincia de Buenos Aires tiene buenas posibilidades de colocarse la banda presidencial el 10 de diciembre.
 
 
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