El día después de mañana

Por Eduardo Ingaramo

La pandemia no es una “mega tormenta meteorológica” como en la película homónima del título, pero ¿podría ser una metáfora adecuada? O sus derivaciones podrían no tener un final feliz para los países latinoamericanos (México acepta los inmigrantes del Norte, a cambio de perdonarles la deuda al “patrio trasero”). Aunque quedan esperanzas en que algo cambie para mejor para nuestro subcontinente. En mi nota “El cambio del Contrato Social”, publicada en esta sección el pasado 28 de abril, trataba las cuestiones interpersonales en base a los aportes de Michel Foucault y concluía que “podremos establecer un nuevo paradigma panóptico -el sistema de control social definido por Foucault- que hasta ahora estuvo en manos del individualismo, la competencia, el deseo y el consumismo”. Pero esta conclusión podría estar condicionada por lo que ocurra en el ámbito geopolítico internacional y a las reacciones de las autoridades locales.

La oportunidad del cambio siempre es consecuencia de cierto caos en las verdades establecidas, de lo que se considere “una locura” y de aquello que consideramos “las palabras prohibidas”. Hay cosas que, independientemente de los actores, necesariamente cambiarán, no solo por el Covid-19, sino por lo que ya se constituían como tendencias previas como las guerras comerciales, de divisas, tecnológicas, los aprontes militares consecuentes y las enormes emisiones de dinero FIAT (Dólar estadounidense, Euro, Yen, Libra y Yen) sin respaldo en todos los países emisores con y sin credibilidad.

De ellas, es evidente que: Los países y/o bloques económicos y políticos se cerrarán, no solo al ingreso de migrantes, sino también a las empresas de fuera de su territorio y los bienes con importancia estratégica (alimentos, energía, armas, insumos sanitarios, etc.), cuyas cadenas de suministro se han interrumpido. Las monedas FIAT y sus bancos emisores se desvalorizarán y tenderán a fusionarse en nuevas entidades y monedas digitales de base multilateral para el comercio internacional que reduzca por inflación, el valor de aquellas que disminuyan su demanda (el dólar será el más afectado, lo que influirá en la capacidad de los países deudores de pagar sus deudas que se desvalorizarán en términos reales). Y, en tercer lugar, el control social digital aumentará aún más, especialmente en las grandes ciudades y en los países que cuenten con las tecnologías adecuadas.

El turismo internacional, receptor y emisor, se reducirá a su mínima expresión, junto con todos los rubros asociados al transporte, alojamiento, esparcimiento, etc. Además, la quiebra de megaempresas (petróleo, bancos, turismo, etc.) y países que no puedan pagar sus deudas en el corto plazo, cambiará y concentrará la riqueza en menos manos aún que ahora, produciendo más desempleo y pobreza, a quienes solo le quedará la solidaridad como recurso de éxito.

Las poblaciones migrarán a zonas suburbanas y rurales inclusive más allá de los barrios cerrados impuestos por la inseguridad, que permitan una mejor vida familiar y comunitaria. El contacto, trabajo y estudio virtual será un hábito extendido, tanto para los que emigren de las zonas más pobladas, como para los que residan en ellas.

Así, el poder hegemónico estará más concentrado y será ejercido con un alto nivel de control social, en especial respecto de las masas populares de las zonas más pobladas, para evitar su explosión, que recibirán ingresos familiares mínimos de emergencia en las zonas y países centrales y algunas emergentes. En los países y zonas emergentes con capacidad exportadora, en especial aquellas que estaban preparadas para el turismo y que puedan autoabastecerse de lo esencial, este será menos controlado digitalmente y vivirán un reverdecer basado en sus exportaciones y el mayor poder adquisitivo de sus inmigrantes.

Mientras, los países y zonas que no estén preparadas para recibir migrantes de las grandes ciudades, más allá de los familiares que regresen a sus orígenes, no logren autoabastecerse, o no logren ingresos suficientes para acceder a lo más elemental, la situación se volverá explosiva o con alto control local.

Por lo tanto, la lógica de la evolución futura de zonas y países, parece que estará definida por tres vectores: La capacidad exportadora, que ya plantea CEPAL desde las crisis de los 90; la capacidad de sumar inmigración de buen nivel económico de las grandes ciudades, otra forma de exportación de ventajas comparativas; y la capacidad de organizarse, reducir las fugas de capital y capitalizarlo localmente.

Para que ello sea posible, es necesario que al menos dos de ellas estén presentes. Siendo las dos primeras ventajas comparativas que ya existen e imposibles de cambiar –aunque se puede mejorar- en el corto o mediano plazo, la única variable controlable es la capacidad de organizarse, que estará apoyada por las restricciones al desplazamiento y el aumento de las posibilidades de contacto, trabajo y estudio virtual.

Por supuesto, que todas estas especulaciones pueden cambiar con una vacuna efectiva contra el covid-19, o terapias efectivas para el tratamiento de los cuadros más graves de la pandemia.

 
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