Una oportunidad

EDITORIAL

Después de muchas negociaciones multilaterales que duraron años y décadas de avances y retrocesos, finalmente, los países del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) llegaron a un acuerdo con la Unión Europea (UE). Sin dudas, se trata de un punto de llegada pero, sobre todo, de partida para la implementación de políticas nacionales de desarrollo sostenible.

El acuerdo llega en un momento de profundos cambios al interior del MERCOSUR. Los actuales presidentes de Argentina, Mauricio Macri, y de Brasil, Jair Bolsonaro, tienen una visión de la integración regional muy diferente a la que tuvieron Néstor Kirchner y Lula da Silva, primero, y que continuaron Cristina Fernández y Dilma Rousseff, después. Los problemas económicos y políticos, tanto de Argentina como de Brasil, han dificultado la integración comercial entre ambos países, los dos grandes socios del MERCOSUR: de hecho, durante los últimos años poco y nada se había avanzado al respecto más allá de las declaraciones públicas cargadas de buenas intenciones.

Lamentablemente, tal como sucede en relación con tantos otros temas de la política argentina, a ambos lados de la grieta política se han exagerado los beneficios y los riesgos de este anuncio. Oficialistas y opositores de turno, en el marco de una incipiente campaña electoral, no han sido capaces de anteponer una mirada que supere sus intereses partidarios. En su afán de dar alguna buena noticia en medio de la persistente crisis económica y social que sufre el país, el gobierno de Cambiemos ha presentado este acuerdo como un acontecimiento histórico; para el oficialismo se trata de un hito fundacional que marcará un antes y un después en el desarrollo de la Argentina.

El Presidente de la Nación y algunos de sus funcionarios han exhibido una euforia que, por desproporcionada, puede terminar opacando la verdadera importancia del acuerdo alcanzado. Por sí mismo, este acuerdo no atraerá las inversiones extranjeras que generarán crecimiento económico, aumentarán el empleo y disminuirán la pobreza. Muy por el contrario, para algunos dirigentes opositores se trata, lisa y llanamente, de una vil entrega de los intereses nacionales. Pero, si bien un acuerdo de libre comercio siempre entraña riesgos, particularmente para la industria argentina, todo dependerá de los mecanismos de protección, que deberían impedir una invasión de importaciones de productos manufacturados en Europa.

En realidad, el acuerdo no es una garantía de desarrollo para el país ni una funesta claudicación frente a las potencias extranjeras. Ni un extremo ni el otro: se trata de una oportunidad que la Argentina podrá aprovechar o desaprovechar. Todo dependerá de la capacidad de entendimiento que demuestren sus dirigentes, oficialistas y opositores.

01 Julio 2019
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