Más allá del Mundial

Editorial

Esta semana inicia el campeonato mundial de fútbol. Sin embargo, la crítica realidad de la economía argentina hace indisimulable el malhumor social, más allá de la copa en juego. Mal que les pese a algunos dirigentes políticos, los argentinos seguirán preocupados por el aumento de los precios y las tarifas.

Hay un bombardeo de publicidades afines a este acontecimiento deportivo tan importante en la Argentina y el mundo. Pero ni esas publicidades ni los periodistas -deportivos y no deportivos- que hablan sin parar sobre la selección argentina y sus avatares, distraerán a la población sobre el gran tema nacional: la inflación.

El papelón de los dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) sirvió para una corta distracción. Después de pautar un partido con la selección de fútbol de Israel, lo suspendieron, esperando “que se tome como un aporte a la paz mundial”, en palabras de su presidente, don “Chiqui” Tapia. Un bochorno.

Los amantes del fútbol discuten sobre el equipo de Lionel Messi y las posibilidades de ganar la copa después de dos finales perdidas, en los campeonatos de Italia y Brasil, en 1990 y 2011, respectivamente, ambos contra Alemania. Algunos otros se suman y opinan con ganas aunque todos, más temprano que tarde, vuelven a la realidad de una economía que se estanca, con las consiguientes subas en el desempleo y la pobreza.

Nadie sabe si la selección argentina se volverá en la primera ronda, si llegará a la final o si la ganará. Pero todos saben que nada cambiará a partir de un resultado en la lejana Rusia de Vladimir Putin. Claro que festejaremos si nos va bien y nos lamentaremos si nos va mal pero nada cambiará en la política ni en la economía del país.

Mientras tanto, el Parlamento argentino discutirá la despenalización del aborto. Primero en Diputados y, si se aprueba, luego en Senadores. El debate ha sido extenso e intenso en la sociedad argentina. Hay posturas que son irreconciliables. No hay un punto medio entre los que están a favor y los que están en contra.

A pesar de algunas expresiones cargadas de dogmatismo, odio o rencor, vale destacar que el debate ha sido racional y razonable. Los extremistas de ambos lados no prevalecieron y eso es muy bueno para una sociedad con tantas grietas políticas, sociales y económicas.

El resultado de la votación, cualquiera sea, se apruebe o rechace la despenalización del aborto, no debería dividirnos irreconciliablemente. El país enfrenta una crisis cuyas consecuencias no han llegado todavía. La salida requiere un esfuerzo de todas las argentinas y todos los argentinos de buena voluntad y, vale la pena subrayarlo, los hay de ambos lados.

11 Junio 2018
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