La prioridad debe ser Argentina

Editorial

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) que se realizaron el pasado domingo 11 de agosto, resultaron un durísimo e inesperado revés para el gobierno que conduce el presidente de la Nación, Mauricio Macri. Al mismo tiempo, mostraron un claro ganador, el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández.

Algunos periodistas y medios de comunicación tratan a Fernández como si fuera un “presidente electo”. Obviamente, se equivocan porque no lo es. En efecto, en las Paso solamente se definieron los candidatos a competir por la Presidencia. En la Argentina actual, no hay dos presidentes, uno en ejercicio y otro electo. Hay un presidente en ejercicio que es Macri.

Ahora bien, considerando la diferencia en los resultados de las Paso, se imponía un diálogo entre el jefe de Estado y Alberto Fernández, el candidato más votado. No para iniciar una transición sino para dar algunas señales que tranquilizaran a los mercados y no profundizaran la crisis económica que agobia a la inmensa mayoría de los argentinos.

El presidente Macri se equivocó cuando culpó a los argentinos que habían votado a los candidatos del Frente de Todos, por la devaluación de la moneda nacional del día lunes. Afortunadamente, supo reconocer ese error y el miércoles se disculpó antes de anunciar las primeras medidas que él mismo calificó de “alivio”.

De ahí la importancia que tuvo la conversación telefónica entre el titular del Poder Ejecutivo Nacional y el candidato del Frente de Todos, ese mismo día. Ambos demostraron o, por lo menos, trasmitieron a la sociedad que están dispuestos a priorizar los intereses del país por encima de sus campañas electorales. Es clave y debe destacarse.

La campaña electoral rumbo al 27 de octubre no se ha iniciado todavía. Faltan más de dos meses para la primera vuelta y más de tres para un eventual ballottage. Recién en alguna de esas instancias, el electorado definirá si seguirá Mauricio Macri o si habrá un nuevo presidente en la Casa Rosada a partir del 10 de diciembre.

La situación económica y social es muy delicada. Por lo tanto, los candidatos -todos y, en particular, los que tienen más chances de ganar- deben ser extremadamente prudentes. Ninguno tiene derecho a sacar una ventaja electoral a cambio de promesas irrealizables o críticas destructivas. Sería muy negativo para el país.

La oposición no puede jugar a la desestabilización del gobierno. A su vez, el gobierno debe asumir que es el primer y principal responsable de asegurar la gobernabilidad, aun a costa de sus legítimas pretensiones electorales. Gane quien gane, la Argentina necesitará un gran acuerdo nacional. Es hora de superar los extremismos y buscar consensos básicos.

19 Agosto 2019
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