No veníamos bien

Editorial

Hace poco, en una entrevista exclusiva a Jorge Lanata, el periodista más destacado del grupo Clarín, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, dijo: “Veníamos bien pero de pronto pasaron cosas porque el mundo está volátil”. De esa manera, quiso explicar la gran devaluación de la moneda nacional en lo que va de este año y la inflación que no cede.

“Veníamos bien” dijo el presidente Macri, casi lamentándose. Como en esas letras de tango donde el protagonista hace todo bien pero el mundo se confabula para perjudicarlo. Sin dudas, una exagerada simplificación de una situación nacional e internacional tan compleja como complicada, impropia de un gobernante con pretensiones de estadista.

Llama la atención que al presidente le llame la atención la volatilidad del mundo. El líder de Cambiemos debe conocer y entender que el mundo ha cambiado y cambia permanentemente. Algunos países, como los EE.UU., provocan esos cambios a través de las decisiones y acciones de sus dirigentes políticos o económicos. Otros, como el nuestro, los soportan o sufren.

En países emergentes como la Argentina, el liderazgo político implica, entre otras cualidades, la capacidad de anticipar o, por lo menos, reaccionar en tiempo y forma ante esos cambios. Mauricio Macri prometía ser una expresión de esos liderazgos. Él, y ese gran equipo que dijo tener para gobernar el país después de 12 años de populismo.
Por la confesión del titular de la Casa Rosada al referido periodista, esa capacidad de anticipación o de reacción ha brillado por su ausencia en el gabinete nacional. Evidentemente, como dijo el primer mandatario, “pasaron cosas”. Ahora bien, muy a pesar de la sorpresa presidencial, esas cosas no pasaron “de pronto”.

Las políticas económicas del jefe de los EE.UU., Donald Trump, no sucedieron repentinamente. El amigo de nuestro presidente (como el mismo Trump se definió) las anunció durante su campaña electoral. Luego, nos guste o no, las puso en marcha. Sus consecuencias eran más que previsibles, particularmente para países como la Argentina.
En contra del optimismo infranqueable de Macri, no veníamos bien. La verdad sea dicha: su gobierno venía evitando los ajustes fiscales que debía hacer y los costos políticos que debía pagar, ésta o cualquier otra gestión. El endeudamiento externo lo hizo posible hasta que, más temprano que tarde, los prestamistas dijeron basta.

Para el presidente de los argentinos, la situación empeoró “de pronto”. Aunque tuviera razón, lo cierto es que no mejorará “de pronto” ni gracias a la volatilidad del mundo. El ajuste fiscal sigue pendiente y los consensos básicos para hacerlo también. Sin la debida autocrítica, será muy difícil. Ha llegado la hora de asumir los costos porque no venimos bien.

25 Junio 2018
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