Más y mejor democracia

Editorial

Ayer, los argentinos votamos para elegir Presidente y Vicepresidente de la Nación. También diputados y, en algunas provincias, senadores nacionales. De los resultados, de sus causas o motivaciones y sus eventuales consecuencias a corto, mediano y largo plazo, nos ocupamos en la edición de hoy. Y, claro, nos ocuparemos exhaustivamente en los próximos días.

Vivimos una jornada cívica ejemplar, pacífica y sin sobresaltos. Con ganadores y perdedores, como sucede en cualquier elección de cualquier democracia. La hora de confrontación electoral ya pasó. Ahora, es el momento de mirar al futuro y hacer los aportes correspondientes desde el lugar en que la ciudadanía los puso.

Nos importa ratificar, una vez más, la importancia del voto ciudadano para elegir a los gobernantes: es la esencia del régimen democrático, su base y punto de partida. Sin elecciones competitivas, es decir, sin sufragio universal, sin fraudes ni proscripciones, no hay democracia.

Es cierto, también la experiencia nos demuestra que con el voto no se come, no se cura ni se educa; hace falta algo más. A partir la decisión popular, los gobiernos elegidos deben diseñar y gestionar políticas públicas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. De todos los ciudadanos, independientemente de sus opciones electorales.

La historia argentina nos ha enseñado que la pérdida del derecho al voto tiene efectos negativos para la sociedad. A pesar de todos los defectos del sistema democrático, cada vez que lo perdimos sufrimos las penurias provocadas por aquellos que prohibieron los derechos y las garantías constitucionales, violando los derechos humanos.

La democracia argentina recuperada hace casi 36 años, tiene muchas asignaturas pendientes. La indigencia y la pobreza son flagelos que deberían avergonzar a toda la dirigencia política, empresarial y sindical. Pero se solucionan con más y mejor democracia, votando para premiar a los que cumplen y para castigar a los que mienten.

Todos los votos valen. Todos y cada uno de ellos, los que se expresaron a favor de los ganadores de los comicios y, también, los que optaron por otras alternativas. Entre todos, siguiendo las normas constitucionales y legales en vigencia, los argentinos hemos decidido nuestro futuro a cuatros años vista.

A partir de hoy, la transición impone una enorme responsabilidad al actual gobierno y a la oposición. No hay tiempo ni espacio para mezquindades partidarias o sectoriales. Nadie tiene derecho a especular con los costos políticos a pagar por unos u otros. Es imprescindible que prime la cordura y la defensa del interés general.

 
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