Frente a la crisis, consensos

Editorial

Las dos últimas semanas han sido muy difíciles para el gobierno nacional que encabeza el presidente de la Nación, Mauricio Macri. Muy lejos de la “revolución de la alegría” que se auguraba desde la alianza Cambiemos hace menos de tres años y que tantas expectativas favorables supo recoger entre la mayoría de los argentinos.
El dólar subió descontroladamente, a pesar de la venta récord de reservas que había ordenado el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Federico Sturzenegger. En medio de la incertidumbre, los ministros de Economía, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo, anunciaron un recorte de la obra pública, una suba de la tasa de interés y un freno al endeudamiento externo.
Nada de eso fue suficiente y, a los pocos días, el mismísimo presidente Macri anunció que la República Argentina volvía al Fondo Monetario Internacional (FMI) para pedir un financiamiento “preventivo”. El discurso fue inesperado para los argentinos, para la oposición, para los socios políticos de Cambiemos, para muchos funcionarios del oficialismo y hasta para el FMI que dio el visto bueno unos minutos antes.
Del otro lado de la política argentina, la oposición se unió para votar en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley que retrotrae las tarifas de los servicios públicos a fines del año pasado y, además, ordena que éstas se actualicen de acuerdo con los aumentos salariales.
Paradójicamente, se vio juntos a los legisladores justicialistas, kirchneristas y no kirchneristas. Llama poderosamente la atención que diputados nacionales del kirchnerismo, encabezados por el ex ministro de Economía de Cristina Fernández, Axel Kicillof, se atrevan a pontificar sobre lo que se debe hacer y no hacer para solucionar problemas económicos que ellos causaron o no resolvieron.
Mucho más sorprende la posición de diputados nacionales alineados a los gobernadores justicialistas que firmaron el consenso fiscal y se autoproclaman “garantes de la gobernabilidad”. Irresponsablemente, estos representantes (entre ellos los de Unión por Córdoba) se sumaron a un proyecto de ley completamente inviable desde el punto de vista fiscal.
Entre los vaivenes de un oficialismo que no tiene un plan económico ni los funcionarios para elaborarlo e implementarlo, por un lado, y las especulaciones de una oposición que busca un rédito político a cortísimo plazo, por el otro, los argentinos temen una nueva crisis.
En ese marco, es imprescindible un acuerdo político e intersectorial que calme a los mercados y, sobre todo, tranquilice a la sociedad. Un acuerdo mínimo requiere dos condiciones. Por el oficialismo, menos soberbia. Por la oposición, menos mezquindad. Eso no depende del FMI ni de Donald Trump. Eso depende de la madurez de una clase política que sigue verde.

14 Mayo 2018
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