La última semana

Editorial

Iniciamos la última semana del año. Entre la Nochebuena de hoy y el inicio del año nuevo, muchos y variados serán los balances que, inevitablemente, el calendario impone. Cada persona hará el propio, algunos más racionales y otros más emocionales. A pesar de las apuradas de fin de año, todos pensaremos en lo sucedido y esperaremos mejoras.

Para la Argentina, ha sido un año crítico, plagado de dificultades. Nadie pensaba, un año atrás, que esta sería la situación actual. En su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el 1º de marzo, el presidente Mauricio Macri dijo que lo peor había pasado. Lamentablemente para él, su gobierno y el país, se equivocó.

Muchos argentinos han sufrido una pérdida en su calidad de vida. La inflación y la recesión han provocado un aumento de la pobreza y del desempleo. Los números de la economía no son positivos, esa es la realidad. Obviamente, el oficialismo trata de disimularlos y la oposición quiere aprovecharlos, repetidos ejemplos de la irresponsabilidad de ambos.

Llegamos a un fin de año cargado de angustias por el presente y ansiedades por el futuro. Sin violencia en las calles, gracias a la paciencia casi resignada del pueblo argentino y, en particular, de los que menos tienen. Una paciencia de la que no deberían abusarse los gobernantes.

Nosotros también hacemos nuestro balance y lo compartimos con ustedes. En una Argentina tan crispada como la que vivimos, no es fácil sostener un equilibrio en la información a nuestros lectores. La irritación y la exasperación son demasiado comunes. Hemos hecho todos los esfuerzos posibles para no ahondar esos ánimos tan belicosos.

Las redes sociales son una muestra de ese estado de confrontación que, lamentablemente, caracteriza a los argentinos por estos días. Las agresiones y las ofensas han sustituido al intercambio de opiniones. No importa la fundamentación del argumento propio, sino la descalificación del argumento ajeno.

Los medios de comunicación también lo reflejan. Cualquier información tiene comentaristas que defenestran a los protagonistas del hecho que se informa y, a continuación, vienen los que defenestran a esos comentaristas. Así, suele sucederse una lista de personas que intercambian insultos, independientemente de la noticia original.

En ese marco, de una Argentina crispada, donde prevalecen los prejuicios, hemos tratado de preservar un estilo de comunicación lo más equilibrado posible. Con aciertos y errores, buscamos ofrecer un periodismo con opiniones plurales y con datos contrastables. Es un camino sinuoso, pero estamos dispuestos a transitarlo.

 

24 Diciembre 2018
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