Argentina, en la encrucijada latinoamericana

Editorial

El año 2019 ha empezado con muchos cambios en América latina. Entre ellos, dos sucesos se destacan sobre el resto. México y Brasil tienen nuevos presidentes. Se trata de los dos países latinoamericanos más importantes, por la influencia de sus políticas exteriores, el PBI de sus economías, sus territorios y poblaciones.

En México, se hizo cargo de la presidencia Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Por su parte, en Brasil asumió la primera magistratura Jair Bolsonaro. Representan, ambos, pensamientos ideológicos opuestos, y paradojalmente, a pesar de las notorias diferencias tienen algunos puntos en común.

El primero ha sido calificado como un político de izquierdas, y el segundo como el primer presidente latinoamericano de ultraderecha. Mucho se discute sobre la vigencia de la tradicional división del arco ideológico entre derechas e izquierdas, tanto aquí como en el resto del mundo. Más allá de ese debate, si hay un espíritu político izquierdista, hoy está representado por AMLO en México; a su vez, Bolsonaro es un representante claro de la derecha en Brasil. Ningún analista político intercambiaría esas etiquetas. Por sobre esta diferenciación, ambos han sido calificados como populistas; así, el mexicano sería un populista de izquierda, y el brasileño un populista de derecha. Si bien el término es impreciso y varía según los tiempos y espacios, en los dos principales países latinoamericanos hoy gobiernan líderes populistas.

La clave para entender esta paradoja está en los fracasos que precedieron la llegada de ambos al poder de sus países. Las situaciones son muy diferentes, pero hay una semejanza: tanto en México como en Brasil fracasaron estrepitosamente los gobiernos de corte neoliberal que precedieron a López Obrador y a Bolsonaro.

Enrique Peña Nieto, en México, y Michel Temer, en Brasil, pusieron en marcha estrategias neoliberales y las consecuencias fueron las de siempre: recesión económica y exclusión social. Consecuentemente, deslegitimación política y debilitamiento institucional.

Argentina debería mirarse en los espejos de México y Brasil. Frente a la persistencia de la crisis económica y social, la profundización de la grieta política podría acercar la tentación del populismo, lo que constituiría un retroceso en la consolidación democrática.

O, aún más grave, acercar a la Argentina la nefasta vía de una ultraderecha que, lucrando con los temores sociales y con las debilidades del sistema republicano, llegue al poder no por un golpe de Estado sino por la vía de las urnas, como lamentablemente ha pasado en el vecino Brasil.

Como pocas veces en el pasado la dirigencia política debe estar a la altura de estas alertas.

07 Enero 2019
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